Cuatro comunidades se acogen a la ordenanza que permite instalar ascensores en suelo público

Enrique Fernández e Ino Pérez, asomada a la ventana, residen en un edificio de Versalles que cuenta con ascensor externo. / MARIETA
Enrique Fernández e Ino Pérez, asomada a la ventana, residen en un edificio de Versalles que cuenta con ascensor externo. / MARIETA

La reforma de la normativa municipal autoriza cambios en el trazado de las aceras para ocupar plazas de aparcamiento

J. F. GALÁN AVILÉS.

Cuatro comunidades de vecinos han solicitado licencia para ocupar espacios públicos con el fin de instalar un ascensor desde que en julio se aprobase la modificación de la ordenanza reguladora, pendiente aún de entrar en vigor. La original data de 2012, en el marco del programa de eliminación de barreras arquitectónicas. Si desde entonces ya se habían concedido siete, la nueva modificación recoge circunstancias hasta ahora no contempladas, como modificar aceras, ocupar plazas de aparcamiento y alterar las alineaciones de los edificios.

También reduce de 99 a 75 años el período por el que se otorga la cesión, para adaptarse a la Ley de Patrimonio de Administraciones Públicas. Actualmente en fase de exposición pública, puntualiza que la cesión «cesará automáticamente cuando el edificio sea sustituido o cuando desaparezca el interés público acreditado en el expediente de la resolución».

Tres de las nuevas solicitudes conllevarían acometer las referidas actuaciones recogidas en la reciente aprobación, y las tres han sido presentadas por comunidades de propietarios de Versalles. En concreto de las calles Pelayo, Fruela y Clara Campoamor, una trasera a Covadonga de titularidad privada y uso público. La cuarta corresponde a un edificio de San José Artesano y afecta a una pequeña parte de suelo público, sin alterar la fisionomía de la acera, al tratarse de un bloque aislado, en disposición de edificación abierta y sin formar alineaciones claras. Ninguno de estos expedientes podrá ser resuelto hasta que la modificación de la ordenanza reguladora entre en vigor.

Buena parte de los edificios que ya disponen de un ascensor exterior amparados en la ordenanza de 2012 están en Versalles, barrio en el que hay muchos construidos décadas atrás, cuando disponer de este medio de transporte en vertical era considerado un lujo. Además de carecer de él, su diseño tampoco reserva un espacio para uno, lo que constituye un problema añadido.

Uno de ellos es el que se levanta en la calle Managua 2, cinco plantas y once viviendas. «Te facilita mucho las cosas, sobre todo a la gente mayor. Y en este edificio hay mucha», celebra Enrique Fernández, vecino del tercero. Se instaló hace «dos o tres años, y pese a las comodidades que ofrece yo sigo utilizando muchas veces las escaleras, más que nada por hacer ejercicio. Pero si hay que subir cargando con algo pesado o voluminoso, mejor el ascensor». Ino Pérez, una señora ya de cierta edad, reside en la planta baja, a nivel de calle. Aún así se muestra satisfecha. «A la calle salgo andando, pero cuando voy a visitar a alguna vecina utilizo el ascensor».

La inversión se distribuye entre los propietarios de forma proporcional a la cuota de participación correspondiente en función de los metros cuadrados de su vivienda. Y no es una desembolso menor, si bien los precios varían de forma significativa, fundamentalmente en base a si el edificio cuenta o no con un hueco susceptible para instalarlo, si se puede habilitar o si necesariamente ha de ser exterior.

El abanico de posibilidades es extenso. Si se carece hueco interior se puede buscar la posibilidad de abrirlo, lo que en la mayoría de los casos requiere eliminar el antiguo tiro de escaleras, abrir un hueco en el vestíbulo y construir un cajón que alargue las ya existentes para facilitar el acceso al ascensor. Otra opción, poco elegida, consiste en que todos o parte de los vecinos cedan metros de sus viviendas para crear el hueco y la zona comunitaria.

Si no hay hueco apropiado ni manera de crearlo, la única alternativa es colocar un ascensor exterior, adosado a la fachada, lo que precisa abrir un hueco en cada planta para permitir el acceso al interior. Y si se hace en un descansillo, todavía habría que subir o bajar un tramo de escaleras hasta llegar al rellano. Dentro de los ascensores exteriores las opciones son múltiples y variadas, desde construir una especie de chimenea o columna rectangular integrada en una de sus fachadas y convertirlo en la práctica en poco menos que un ascensor interior, hasta el punto de que en algunos casos hay que fijarse bien para percatarse de que es un añadido, a instalarlo en un estructura de aluminio y cristal o similares adosada a su fachada. Ambas opciones se pueden ver en Versalles.

Fondos europeos

Un estudio realizado por el Ayuntamiento concluye que cerca de la mitad de los edificios de este barrio, en concreto el 46%, no cuentan con ascensor, todo un obstáculo para mayores o personas con problemas de salud, hasta el punto de que no son pocos los residentes en plantas más o menos altas que prácticamente han renunciado a salir a la calle para no tener que enfrentarse a las temidas escaleras. Y en Versalles la población mayor de 65 años es superior a la media del conjunto de la ciudad, ya de por sí muy elevada.

Dicho estudio forma parte de uno de los proyectos presentados por el Ayuntamiento a financiar por los fondos DUSI de la Unión Europea finalmente aprobados, diez millones en tres años, parte de los cuales se reservan a modernizar barrios como el de Versalles, con numerosos edificios envejecidos y barreras arquitectónicas.

Una vez el Gobierno de España concedió a a Avilés dichos fondos, Thyssenkrup Elevadores realizó un proyecto en el que ofrece soluciones personalizadas para instalar ascensores en edificios de Versalles que fue presentado en público el pasado mes de octubre. También otras empresas se han reunido con las comunidades de propietarios para informarles de las posibilidades de solucionar las barreras arquitectónicas mediante la instalación de ese tipo de ascensores.

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