Cuidadores de dependientes aprenden a desprenderse del sentimiento de culpa

Nuria Rodríguez, en el centro, en la jornada de presentación de los objetivos del taller. / MARIETA

Once mujeres asisten al taller municipal organizado en La Carriona que enseña autocuidados y asistencia sanitaria al enfermo

C. DEL RÍO AVILÉS.

Una válvula de escape, un lugar en el que encontrar situaciones parecidas y proporcionarse apoyo mutuo. Eso es lo que encuentran los asistentes a los talleres dirigidos a cuidadores de dependientes que ayer comenzaron en La Carriona y que el viernes harán lo propio en Villalegre. Es el tercer año de una iniciativa que comenzó siendo europea, pero que ha sido asumida y financiada por las arcas municipales ante el buen resultado de los cursos.

Los talleres constan de ocho sesiones semanales de dos horas divididas en dos fases. En la primera se trabaja el aspecto emocional. «Rebajar el sentimiento de culpa y saber decir 'no' a tiempo, enseñar alas cuidadoras a que busquen momentos para ellas mismas». Nuria Rodríguez, trabajadora social, habla en femenino porque, a pesar de que había un varón apuntado, ayer solo acudieron mujeres a la sesión inaugural en el centro sociocultural de La Carriona. Es lo habitual, pero no lo único, como advierte la psicopedagoga Teresa Álvarez, involucrada en el proyecto desde el principio. «En estos tres años hay variedad de perfiles y de casos. Son grupos heterogéneos», asegura. «Al principio solo venían mujeres que cuidaban de la generación anterior, de su padre o de su madre. Ahora hay más hombres y el abanico de edad también se ha ampliado, al igual que las patologías», explica. Los cuidadores tienen a su cargo tanto personas con Alzheimer, como víctimas de ictus o discapacitados intelectuales.

El escenario puede ser variado, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo: las renuncias del cuidador. Nuria Rodríguez recuerda que el 84% de los dependientes avilesinos son atendidos por un familiar en el domicilio y eso implica «renunciar a muchas cosas». La vida y los cuidados personales pasan a un segundo plano en una relación monopolizadora.

«El dependiente cada vez genera más necesidades y hay que buscar el equilibrio entre cuidar y seguir cuidándome, no podemos olvidar que un enfermo de Alzheimer puede durar veinte años y eso genera muchas renuncias, malestar y sentimiento de culpa» porque, según advierte Teresa Álvarez, «hay dependientes que no se quieren quedar con nadie más que con el cuidador principal y eso es una trampa muy grande».

En las últimas tres sesiones se aborda el cuidado sanitario del enfermo con recomendaciones sobre higiene y cambios posturales, proporcionados por sanitarios del Hospital San Agustín; una segunda para resolver cuestiones administrativas y conocer recursos sociales; y una última de participación, dirigida a conocer instalaciones como los centros de día.

Tanto Álvarez como Rodríguez destacan como valor fundamental de estos talleres el tejido de una red de apoyo mutuo entre los asistentes muy beneficiosa para todos ellos. Tanto es así, que algunos acaban sumándose a los talleres del año siguiente con un nuevo rol, el de experto.

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