Cura de rejuvenecimiento al templo de la escena

Un trabajador, reparando una de las molduras de la zona contigua a la cúpula del teatro.
Un trabajador, reparando una de las molduras de la zona contigua a la cúpula del teatro. / FOTOS: MARIETA

El Palacio Valdés repara los efectos de 25 años de uso con unas obras que eliminarán la pátina del tiempoReabrirá de nuevo en septiembre y celebrará las bodas de plata de su recuperación con cuatro estrenos nacionales absolutos

M. PICHEL AVILÉS.

Encontrar cerrado por obras un teatro parece un contrasentido. Le sucede estos días al Palacio Valdés, templo de las artes escénicas que se ha ganado a pulso haberse convertido en habitual lugar de partida de las producciones de los más afamados directores y dramaturgos de España, donde los actores encuentran una atmósfera de especial comunión con el público, hasta situar Avilés como hito fundamental de sus giras. Se cumplen 25 años de su vuelta a la vida, y la pátina del tiempo obligaba a una serie de mejoras, a una cura de rejuveneciento que lo encenderán de nuevo, camino de una reapertura a lo grande en septiembre, con cuatro estrenos absolutos hasta final de año.

Visitaban las obras la alcaldesa de Avilés, Mariví Monteserín, y la concejala de Cultura, Yolanda Alonso, junto al arquitecto municipal, Julio Redondo. Situados en el centro de un vacío patio de butacas, rodeados de andamios, llamaba la atención lo reducido de un espacio que se crece en plena función, y garantiza la cercanía con el escenario, con los intérpretes. «25 años son muchos y la impresión del patio de butacas era un poco de deterioro. Si ya es muy bonito, va a quedar espectacular», expresaba la alcaldesa, que echaba la vista al pasado, a la restauración que salvó esta joya de teatro a la italiana y le otorgó una fructífera vida a comienzos de la década de los 90 del siglo pasado. «Es como volver 25 años atrás», decía.

Zona de trabajo

Los cambios afectarán a la estética, a la forma en que el público apreciará el espacio restaurado

Ahora mismo, el edificio se ha convertido en una zona de trabajo, de conjunción entre los obreros y los artistas que repararán los desperfectos del uso y le devolverán su esplendor. El suelo del patio de butacas aparece cubierto en su totalidad, se ha reforzado con el fin de evitar el deterioro con el trasiego y soportar con firmeza el peso de los andamios que lo rodean, pegados a los palcos, desde la platea hasta la semicúpula del techo, pero sin poder tocarlos. Colocarse el casco es necesario para moverse por allí con absoluta seguridad.

Los cambios afectarán a la estética, a la forma en que el público apreciará el espacio una vez terminado. Hacia el interior, no se intervendrá (ni maquinaria, ni camerinos, ni foso de la orquesta), y así, el telón ejerce esta vez de barrera, cerrando el escenario a las obras, limitando la zona de trabajo.

«Lo primero fue hacer un buen diagnóstico de la situación arquitectónica, para que el tratamiento sea los más fidedigno a la estética histórica», explicaba Julio Redondo, que recordaba la catalogación del teatro como Bien de Interés Cultural, por lo que cualquier intervención ha de estar perfectamente medida, y ha de respetar las trazas originales. Así, esta reparación se acercará aún más a la composición que se encontraron los primeros espectadores tras su inauguración en 1920. El interior de los palcos pasará a ser de un tono granate, en vez del gris actual, y por el exterior, el ocre eliminará los reflejos de la iluminación al pasar a ser mate. Se saneará la cúpula para que las pinturas que la decoraban se aprecien con más nitidez, la iluminación interior pasará a ser LED...

El coste total de las obras asciende a 151.836 euros, y tendrán que estar listas en septiembre, para comenzar la temporada de otoño con la que celebrar a lo grande las bodas de plata de su reapertura.

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