Dos decenas de edificios están protegidos por redes y andamios para evitar riesgos

Inmueble de Llano Ponte protegido con una red para evitar la caída de cascotes a la vía pública.
Inmueble de Llano Ponte protegido con una red para evitar la caída de cascotes a la vía pública. / MARIETA

La mayor parte de estos inmuebles se concentra en el espacio más atractivo para el turismo, el casco histórico, aunque también en Villalegre

M. PICHEL AVILÉS.

Lo saben muy bien los avilesinos, lo reconocen los expertos en patrimonio, y sobre todo lo valoran los visitantes que cada vez en mayor número se acercan a la ciudad: el casco antiguo de Avilés es joya excepcionalmente conservada, que hila como pocos diferentes épocas históricas hasta llegar al presente. Los avances en su protección han sido evidentes, mejoras que han reforzado su valor de marca en la búsqueda de hacerse un hueco entre los más reputados destinos del norte del país. Y pese a ello, aún quedan algunos elementos que desentonan en lugares bien visibles, edificios que han de ser protegidos con redes o andamios, para evitar que algún desprendimiento dañe a los viandantes. No son demasiados en un catálogo tan amplio como el avilesino, pero rondan las dos decenas, y se concentran en el centro histórico y en el barrio de Villalegre.

«Se ha hecho un esfuerzo muy importante de conservación. Han sido muchos años de trabajo», remarca Luis Fernández Huerga, concejal de Urbanismo de Avilés. Recuerda que se venía de unas décadas, los años 60 y 70 del pasado siglo, y hasta los 80, en los que a cuestiones como las de mantener el ornato, el respeto a la continuidad estética y la fidelidad histórica de las edificaciones no se les prestaba la atención necesaria, cuando no se obviaban de forma completa. El salto dado desde entonces ha sido evidente, tanto en legislación y acción, como en la concienciación de todos los estamentos. «Lo reconocen las encuestas del turismo, en las que nuestros visitantes lo que más valoran siempre es el casco histórico, su conservación, el poder recorrerlo a pie», resalta.

No obstante, y pese a la mejoría, quedan cuestiones que resolver. Y es que la falta de mantenimiento por motivos diversos por parte de sus propietarios ha conducido a edificios tapiados, otros de los que apenas queda la huella en el solar que ocuparon, ahora vacío, y unos pocos más, en los que el paso del tiempo, y su deterioro, ha obligado a protegerlos con andamios para evitar derrumbes de la fachada o desprendimientos de cascotes, en el caso de los más antiguos, y en los más modernos se ven redes perimetrales para impedir que algún elemento caiga a la calle, con el consiguiente peligro para los viandantes.

Huerga: «Se ha hecho un esfuerzo muy importante de conservación»Constantino Álvarez: «Denunciábamos la mala imagen que daban de la ciudad»Los visitantes señalan el casco antiguo como el principal activo turístico de Avilés

Lugares estratégicos

Algunos de estos inmuebles ocupan lugares estratégicos y rompen la estética de un espacio emblemático como la plaza de España, como así sucede en su entronque con la calle San Francisco. Allí hay un solar vacío, y junto a él, un edificio resguardado de arriba a abajo con una red. También aparecen en la calle de La Fruta, en Rui Pérez, en Emile Robin, en Llano Ponte junto al nuevo Centro de Salud...

En otra parte emblemática del concejo, como es Villalegre, con un buen número de edificios singulares, de indianos o americanos, como también se les llamaba en la comarca, y que invita a pasear por sus callejuelas para encontrar auténticos tesoros, aparecen edificios que han tenido que ser protegidos. En la calle José Maribona se observa un andamiaje, pero hay además otros dos inmuebles protegidos por una estructura metálica, que pertenecen a una misma unidad, con capilla incluida en la avenida de Santa Apolonia, justo antes de llegar al río Arlós. Son lo primero que se encuentra al entrar en el término municipal por la antigua carretera de Oviedo.

«Nosotros hicimos en la anterior legislatura un catálogo de edificios que presentaban anomalías en su fachada, o que directamente su estado conducía a la ruina», recuerda Constantino Álvarez, concejal del Partido Popular. La cifra que contabilizaron entonces «pasaba del medio centenar». «Lo que denunciábamos era la mala imagen que daban de la ciudad, porque cada vez había más inmuebles en mal estado, que necesitaban de protección, con redes de alambre o con andamiajes», repasa Álvarez, que añade: «Desde nuestro punto de vista, esta situación obligaba a tomar medidas, a diseñar un plan de fachadas para que esto no fuera a más. Así, invitamos al gobierno municipal a realizar el correspondiente estudio, y la cuantía presupuestaria que podría suponer llevarlo adelante».

Medidas de conservación

Recuerda Luis Fernández Huerga que las medidas de protección y de conservación de los edificios corresponden a sus dueños, que la obligación de mantener el ornato figura en la propia legislación. «El Ayuntamiento actúa de manera subsidiaria, si no se consigue localizar al propietario», explica el concejal de Urbanismo y Planificación. En el caso de las construcciones que haya que cubrir por protección de la vía pública, si el propietario o propietarios no responden al requerimiento de actuación, se le comunicaría el coste de la colocación del andamiaje, y si no responde, el ayuntamiento se haría cargo con una partida que gestiona Ruasa.

Los casos extremos, en los que la ruina ha devenido en que solo quede un solar, se encuentran afectados en la actualidad por el segundo plan de edificación forzosa, que obligará a los propietarios de trece de estos espacios del casco histórico a edificar antes de tres años. Si los plazos pasan sin actividad, se podrían iniciar los procesos de expropiación. «No se puede mirar para otro lado, ni lavarse las manos; en primer lugar, por seguridad, en segundo, por la propia imagen de la ciudad», expresa el popular Álvarez.

Para evitar llegar a este tipo de situaciones, y minimizar su efecto, tan visible, Huerga destaca que desde el Ayuntamiento «se ha invertido mucho en la mejora de fachadas y en la vigilancia». Y se han dotado de dos elementos clave, por un lado el ya mencionado Plan de edificación forzosa, que está indisolublemente unido al segundo, el Plan del casco histórico, que permite «intervenir desde lo público en mejorar esas formas decaídas, y dotarse de los instrumentos que lo refuercen». Uno de ellos el plan de fachadas, que se hizo extensivo a las que miran hacia el centro Niemeyer. «Tenemos que seguir apostando por el casco histórico, porque es un activo que hay que saber explotar», dice Huerga, en un contexto económico en el que el turismo empieza a convertirse en sector al alza en Avilés, con una imagen positiva que se llevan los visitantes, y como él mismo subraya, sin olvidar su complementariedad con el motor industrial del concejo y la comarca.

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