«El desarrollo territorial presenta muchos déficits»

Juan Romero. / MARIETA
Juan Romero. / MARIETA

Juan Romero, Catedrático de Geografía Humana en la Universidad de Valencia se muestra «muy enfadado» con el cupo vasco y pide un modelo de financiación transparente, claro y justo

C. DEL RÍO AVILÉS.

Juan Romero, catedrático de Geografía Humana en la Universidad de Valencia, explicó ayer en el Centro de Servicios Universitarios de Avilés la relación entre nacionalismo y globalización y la gobernación territorial en España.

-¿Cuál es esa relación entre nacionalismo y globalización?

-Los grandes cambios ocurridos en estas dos últimas décadas a más de 11.000 kilómetros de nuestras casas están provocando dos efectos: por un lado, una fractura social muy importante, sobre todo en las democracias occidentales, y otra política.

-¿Por?

-Por los grandes cambios derivados de las economías emergentes, con China a la cabeza. Hay una fractura política porque ha aumentado la desigualdad, la exclusión social y la precarización de la economía de servicios y esto está trayendo lo que yo llamo pulsiones de repliegue de nuestras sociedades.

-¿Qué son estas pulsiones?

-Son los muros, metafóricos y reales, que levantan las nuevas propuestas de corte nacionalista por esa sensación de inseguridad, incertidumbre y temor que se instala en la sociedad y que es especialmente visible en generaciones más jóvenes.

-¿Es un fenómeno contagioso?

-No lo sé. Sí destacaría una buena noticia: que en España no ha aflorado ninguno de estos partidos populistas xenófobos por parte de la derecha. Me parece un motivo de orgullo. Sobre todo porque sustentan su discurso sobre la inmigración y España desde el año 2000 ha recibido 4,7 millones de inmigrante que ha podido integrar sin grandes tensiones. Demuestra un grado de flexibilidad o tolerancia que ya querrían otros.

-No parece que los nacionalismos territoriales de un país tengan mucho que ver con esta explicación. El catalán, por ejemplo.

-El relato nacionalista catalán tiene dos componentes: uno está relacionado con esto y el otro remite a nuestra propia historia. España es un país muy diverso, más parecido a Bélgica, Reino Unido y Canadá que a Francia o a Alemania. Los padres de la Constitución ya lo reflejaron en el artículo 2 y el Tribunal Constitucional define España como estado compuesto y no por ninguna casualidad.

-¿Más descentralización ayudaría?

-De las democracias liberales, somos sin ninguna duda la más descentralizada. Algunas comunidades tienen mayor autonomía que algunos estados federales, pero no somos un estado federal. Y esto no es contradictorio. Los actores políticos no han sido capaces de dar sentido a lo que tal vez hubiera podido ser una estación término prefigurada por la Constitución.

-¿Es por esta variedad por lo que es tan complicado gobernar España?

-Sí y porque el proceso de desarrollo de organización territorial del Estado presenta muchos déficits. Sobre todo, dos: uno de coordinación y otro de cooperación. Por razones culturales, inerciales y de cultura de las administraciones, especialmente de la central, está muy poco desarrollado y así lo han advertido más de 60 sentencias del Tribunal Constitucional. La Constitución prefigura un modelo horizontal y tenemos uno vertical. Los gobiernos locales deberían tener más poder.

-¿Qué le parece el cupo vasco?

-Me tiene muy enfadado. No tengo nada en contra del cupo, pero sí de un cálculo que es opaco. No tenemos un mecanismo de financiación transparente, justo y acordado entre el gobierno central y las comunidades, que son las mayores proveedoras de servicios sociales.

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