Dos de cada diez alumnos come en el cole

Alumnos del Colegio Enrique Alonso comen fabas pintas incluidas en el menú del pasado miércoles. / MARIETA
Alumnos del Colegio Enrique Alonso comen fabas pintas incluidas en el menú del pasado miércoles. / MARIETA

La empresa Ausolan Alprinsa elabora los platos con una media de 693 calorías diarias y además ofrece las pautas alimenticias para el resto del día | Educación ya ha registrado 1.695 inscripciones para los desayunos y los almuerzos en el primer mes del curso

SHEYLA GONZÁLEZ AVILÉS.

Los comedores escolares de los colegios públicos cada vez tienen más uso. En este inicio del curso ya hay 1.695 inscripciones en el programa de atención temprana (con y sin desayuno) y de comedor, cuatrocientos más que el año pasado en estas fechas. Teniendo en cuenta que la matrícula en los colegios públicos de Avilés en este curso es de 3.367 estudiantes, en torno al 20% de esos alumnos utilizan este recurso, ya que algunos desayunan y comen en el cole.

Se trata de un servicio que se gestiona de forma conjunta para todos los centros desde la Concejalía de Educación y que año tras año ha ido ganando comensales y convirtiéndose en un aliado de unas familias a las que cada vez se les hace más difícil conciliar su vida laboral con las rutinas de los más pequeños de la casa. El pasado 11 de septiembre daba comienzo el nuevo curso escolar y con él este servicio que ofrecen quince colegios y que ha sido adjudicado a la empresa Ausolan Alprinsa, que además gestiona algunos centros concertados de la ciudad.

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Elabora menús completos, con primer y segundo plato acompañados de un postre, para cada alumno inscrito. La planificación de los menús es estratégica y se basa en valores nutricionales por lo que los cocineros realizan un equilibrio perfecto entre las grasas, las proteínas y los hidratos de carbono.

De media, los estudiantes avilesinos ingieren 693 kilocalorías al día. Una cantidad que varía dependiendo del menú diario y que las familias pueden consultar gracias a la tabla trimestral que entrega la empresa encargada del catering. Además de los valores nutricionales, estos menús escolares cumplen todos los requisitos fijados por la Agencia de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición y a su vez se ajustan las frecuencias de consumo para adaptarlas a la Estrategia Naos, asegurando así una dieta variada, saludable y adecuada para los pequeños.

El patrón semanal que se repite a lo largo del trimestre se rige porque una o dos veces a la semana los alumnos deben ingerir verduras y hortalizas como primer plato, otras tantas veces legumbres y lo mismo sucede con la pasta o el arroz. «El objetivo es mejorar la calidad nutricional por lo que siempre van acompañados de fécula, arroz o verduras. Es el caso de las lentejas con arroz, las judías verdes con patatas o los macarrones con pisto», explica María García, responsable de calidad de la empresa Ausolan Alprinsa.

Así, en un mes tipo como puede ser el de octubre, los inscritos en el comedor tendrán de primer plato, entre otros, macarrones con jamón cocido, menestra de verduras, crema de zanahoria, fabas estofadas o sopa de cocido.

La elaboración de los segundos platos tampoco es casual, sino que se intenta que una o dos veces a la semana sea una carne, variando su origen ya sea vacuno, cerdo, pavo o pollo, otras tantas pescado, tanto blanco como azul, y por último el huevo, ya sea en tortilla o cocido. Como guarnición los cocineros priorizan siempre las verduras, hortalizas y los farináceos, dependiendo del primer plato que se haya ingerido. Este mes entre los platos a poner sobre la mesa están el pollo asado al limón, las albóndigas, la merluza en salsa verde, el salmón a la naranja, la tortilla de calabacín o bacalao al horno con piperrada.

Finalmente, como postre se ofrece a la semana cuatro veces fruta y un día yogurt. «Creemos que es fundamental que el menú sea similar al elaborado por las familias que hacen uso del comedor escolar», apunta María García. En las hojas de información en las que se detallan los menús mensuales se acompaña otro tipo de información, como es el desglose de las calorías ingeridas por nutrientes. «Es parte fundamental de nuestro día a día, no hay que olvidar que la comida debe suponer entre el 30 y el 35 por ciento del aporte calórico diario y la única manera de controlarlo es midiéndolo y ajustándonos a las ingestas recomendadas», recalca la experta.

El modelo de realización de las comidas utilizado en Avilés es el de catering. Todos los menús se preparan en la central de la empresa, ubicada en el polígono de Silvota, en Llanera. «Es una situación estratégica que nos permite elaborar, distribuir, transportar y entregar un elevado número de menús en el menor tiempo posible», explica la responsable de calidad.

Aunque los menús son iguales para todos los alumnos, la empresa encargada del servicio elabora otros personalizados para aquellos niños que sufren algún tipo de intolerancia alimentaria como puede ser la alergia al gluten o a la lactosa. «Es uno de los puntos a los que dedicamos más recursos, ya que consideramos esencial la posibilidad de ofrecer menús alternativos a todos aquellos niños que lo requieran», explica la empresa, que actualmente elabora un 5% de menús especiales para estas intolerancias, lo que se traduce en unos 325 niños.

Recomendaciones

Junto a la propuesta alimenticia anual, la empresa aporta un complemento al menú escolar en el que realiza recomendaciones para las cenas o para los fines de semana. Momentos en los que los pequeños no acuden al centro escolar y dependen de los menús elaborados en sus casas. «Ofrecemos unas pautas con el objetivo de complementar nutricionalmente el menú escolar», insiste María García.

Estas recomendaciones pasan por elegir la cena en función de los alimentos ya tomados en las otras comidas del día. Componer el menú de manera similar al ingerido al medio día. Que esta propuesta gastronómica no sea muy copiosa por lo que sugieren purés, sopa o ensaladas y como complemento carnes, huevos y pescados, todo acompañado de pan y agua. Por otro lado, piden a las familias que «se abstengan de preparaciones culinarias muy calóricas como fritos, guisos o platos grasos». Además, inciden en la necesidad de que no se añada grasa a la hora de elaborarlos por lo que se decantan por la plancha o el horno, el vapor o el cocido. Por último, apuntan a que la hora de la cena no debe ser tardía para mejorar el sueño de los niños.

Para los fines de semana recomiendan dos o tres raciones de arroz, cereales, pasta y patatas, otras tantas de pan, fruta, verduras y hortalizas o lácteos, de manera diaria. Es bueno ingerir dos o tres raciones de legumbres a la semana, mientras que el pescado y la carne deberían comerse cuatro veces y los huevos tres.

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