Uno de cada diez pacientes del San Agustín necesita atención de las trabajadoras sociales

Blanca Cuartas García y Alicia Fernández Villar, dos de las trabajadoras sociales sanitarias. / MARIETA
Blanca Cuartas García y Alicia Fernández Villar, dos de las trabajadoras sociales sanitarias. / MARIETA

El envejecimiento de la población y la discapacidad contribuyen al incremento de la actividad de estas profesionales

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

La asistencia sanitaria en Asturias está viviendo estos años una transición hacia un nuevo modelo en el que resulta tan importante la atención integral a la persona como la curación de las diferentes patologías. Aunque el objetivo sea la recuperación de los enfermos, la forma de atacar a la enfermedad no es exclusivamente medicalizada. El paciente, amparado por cambios legales, cobra más protagonismo, se empodera y adquieren tanta importancia las herramientas preventivas como la formación del paciente y una visión integral del proceso sanitario.

Este nuevo modelo de asistencia implica un cambio en el rol de las trabajadoras sociales sanitarias, cuya actividad no para de crecer. En la actualidad, cerca el 10% de los pacientes hospitalizados en el Hospital Universitario San Agustín son atendidos por las trabajadoras sociales, siendo la mayor demanda la de Medicina Interna, Neurología, Traumatología y Urgencias.

El envejecimiento de la población y la discapacidad son factores que incrementan la necesidad de estas profesionales, que, a lo largo del año, vienen a realizar en la comarca sanitaria avilesina unas 13.000 entrevistas, de las que siete mil son el primer contacto y el resto implican en seguimiento de la persona.

Sin embargo, este actividad cada vez mayor no evita que las trabajadoras sociales sean una de las grandes desconocidas en la asistencia sanitaria, son una parte de los equipos de trabajo que aún permanecen ocultos para muchos profesionales y, sobre todo, para los ciudadanos.

«No somos unas tramitadoras de recursos, ni las personas que se encargan de buscar una residencia», defienden Blanca Cuartas García, trabajadora social en Atención Primaria, y Alicia Fernández Villa, trabajadora social en Salud Mental Infantil, y que explican a este diario la realidad del trabajo social sanitario.

Y es que su objetivo «es abordar el malestar psicosocial de la persona. Para poder hacerlo, lo primero es poder acercarse a ella, conocer su situación y su realidad», comentan.

Aunque existen importantes diferencias entre la Atención Primaria, la especializada u hospitalaria y la ofrecida en Salud Mental, la trabajadora social interviene cuando se detecta una situación de riesgo, social generalmente desde los profesionales, si bien en Primaria puede surgir desde los ciudadanos.

«No existen pastillas»

La valoración social es la herramienta de estas trabajadoras para buscar una solución a los problemas detectados, siempre coordinándose con el equipo asistencial en el que se integran. «No disponemos de ninguna pastilla contra el malestar psico-social, sólo podemos solucionar esos problemas con el trabajo social, aunque requiere tiempo», explica Blanca Cuartas.

Durante la valoración, existen claves que respetan todas las trabajadoras sociales, como son la total confidencialidad y el máximo respeto a los pacientes. «Si algún familiar nos pregunta, antes de hablar con ellos solicitamos autorización al paciente. Y nunca desvelamos nada de él», afirma Alicia Fernández.

En la actualidad, las trabajadores sociales disponen de diferentes herramientas, como la escala Gijón para analizar la situación del anciano, o la escala de Zarit para medir la sobrecarga del cuidador. «Con la valoración llegamos al diagnóstico, por el que conocemos las causas de la situación, su tendencia y ofrecemos unas posibles medidas, pero la decisión es de la persona», comentan Cuartas y Fernández como una forma general de actuar donde la herramienta fundamental es el diálogo.

Este sistema de trabajo se puede alterar en situaciones complejas, como se dan en la infancia o la discapacidad, aunque no disponen de otra opción ya que «nosotras no contamos con recursos tangibles que ofrecer, aunque exista una coordinación sociosanitaria con los ayuntamientos y el Principado», aseveran.

En este camino, el diálogo con el paciente es fundamental. «En Primaria, una primera entrevista nunca baja de media hora y lo normal es ir a los tres cuartos de hora», ejemplifica Blanca Cuartas.

«En otras ocasiones, nuestro papel es asesorar a la persona ante el laberinto asistencial con el que puede encontrar y ayudar a personalizarlo», señalan. Con todo, lo más complejo no es llegar a la solución, sino lo que sucede después. «A veces no hay alternativas y toca acompañarlos, escucharles, esperar, estar siempre con la puerta abierta. No es fácil. Con frecuencia se reclaman soluciones indoloras, pero no hay», comenta Alicia Fernández.

Como parte de los equipos, su presencia es habitual en ámbitos como los consejos de salud, donde lo social es tan importante como lo sanitario.

Su capacidad de entender ambas realidades las convierten en un elemento fundamental en la gestión diaria de la nueva asistencia sanitaria. No en vano, como recuerda Alicia Fernández Villar, trabajadora social en Salud Mental Infantil, «en su origen, a principios del siglo XX, el trabajo social se encuentra muy vinculado a la asistencia sanitaria, ya que aparece la percepción de que el diagnóstico clínico quedaba a medias si no se tiene en cuenta las circunstancias sociales y personales».

Con todo, en España el desarrollo del trabajo social en el ámbito sanitario es relativamente reciente y sólo será a partir de los años 70 del pasado siglo cuando se aborden los primeros cambios legislativos consolidados con la Ley General de Sanidad de 1986. Cuatro años después se produce la primera incorporación de una trabajadora social al Hospital Universitario San Agustín.

Más plantilla

El Hospital Avilés contrata en 1994 a su primera trabajadora social y, en el año 2000, el Hospital San Agustín incorpora su segunda trabajadora social. Actualmente, en Avilés existen diez trabajadoras sociales sanitarias. Además de ambos hospitales, Salud Mental y Atención Primaria disponen de estas profesionales cuyo número tendrá a incrementarse en los próximos años. Y es que, por ejemplo, en Primaria una misma trabajadora atiende en la actualidad dos centros diferentes, con la dificultad que eso implica para coordinarse con los equipos sanitarios. De ahí que sea lógico pensar que su número aumentará. Más aún cuando el pasado año, el Principado de Asturias aprobaba el decreto de Atención Sociosanitaria que sienta las bases para la coordinación entre departamentos y crea una estructura legal acorde con la realidad del trabajo social sanitario.

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