«Nos dijo que había pensado en acabar con su hermana, sus padres y su mujer»

Julio Pardo, con los grilletes puestos, durante la primera sesión del juicio que se sigue contra él en la Audiencia Provincial. / ÁLEX PIÑA
Julio Pardo, con los grilletes puestos, durante la primera sesión del juicio que se sigue contra él en la Audiencia Provincial. / ÁLEX PIÑA

El confitero de La Duquesita, acusado de matar a su esposa en 2016 confesó a la Policía que había barajado quitarse la vida por los problemas económicos

C. DEL RÍO OVIEDO.

Julio Pardo admite que mató a su mujer, Ascensión Amores, pero niega que se tratase de un crimen de violencia de género. Parco en palabras, aseguró no acordarse de nada y solo respondió a las preguntas de su letrado Félix Guisasola, que ayer en la apertura del juicio contra el confitero de La Duquesita sostuvo que no acabó con su vida «por ser mujer, por maltratarla o despreciarla», sino «porque era la persona que convivía con él».

El letrado, que pide la libre absolución frente a los veinticinco años de cárcel que solicitan las acusaciones, no explicó ni preguntó a su defendido los motivos del crimen, aunque durante toda la vista la otra parte y la policía señalaron asuntos económicos. La agente instructora declaró que les había dicho «que no venía salida, que estaba agobiado» por el mal rumbo del negocio y que, «llegado el caso, había pensado en suicidarse, pero antes tenía que acabar con su hermana, sus padres y su mujer» para evitarles sufrimiento.

En la primera sesión del juicio en la Audiencia Provincial contra Julio Pardo por matar a su mujer el 26 de enero de 2016 en el domicilio conyugal, sito en el Carbayedo, las cuatro acusaciones (el Ministerio Fiscal, el abogado del Estado, la particular, ejercida por la familia, y la pública, por la asociación Abogadas para la Igualdad) trataron de demostrar que el crimen fue un asesinato y un caso de violencia de género, y que la mujer estaba dominada y anulada por el acusado. «Fue un asesinato porque hubo alevosía porque la víctima no tuvo posibilidad alguna de defenderse, y ensañamiento, ya que le propinó golpes infinitos para aumentar el dolor deliberadamente», explicó la abogada de la familia, María Martín, a los miembros del jurado.

El acusado explicó que Ascensión Amores y él habían empezado a salir a los veinte años y «nunca hubo ningún problema de convivencia». Regentaban la confitería que había sido propiedad de sus padres «en conjunto», aunque él se encargaba más del obrador y ella de la tienda. Reconoció, no obstante, tensiones entre su mujer y sus padres (los suegros de ella), que vivían «al lado del negocio» y «bajaban a diario una vez jubilados». «La relación nunca fue muy buena, pero al haber más acercamiento fue a peor. Entonces la corté y le dije (a mis padres) que no fueran por allí». Reconoció una agresión en marzo de 2015 de su padre a su mujer a raíz del cual cambió «las llaves del negocio para que no pudieran volver a entrar». «Su presencia la alteraba e iba en aumento», lo que habría derivado en un problema de nervios que la llevó al médico. Reconoció que el negocio no iba bien y trataban de buscar soluciones, por lo que adquirió un local en Oviedo que finalmente se quedó el banco por los impagos. «Pensábamos lo mismo, pero estábamos un poco atados por la situación económica», afirmó.

Pardo explicó que el lunes 25 habían salido a cenar y después se habían tomado un «cubata, un ron-cola» en la cocina del domicilio familiar, a pesar de que «raramente bebíamos». Ella se fue a dormir y él siguió bebiendo. «Estaba desesperado y quería quitarme de en medio. Tomé alcohol y pastillas», afirmó. A partir de ahí, asegura que no recuerda nada hasta que recupera la consciencia entre los días 28 y 29 de enero en el Hospital Universitario Central de Asturias.

La policía lo encontró tirado en el suelo, semiiconsciente y sin poder hablar. «Solo balbuceaba algunas palabras que no se entendían», afirmó un agente. Tenía restos de sangre en las manos y en la boca. Y encontraron vómito en la cama. Ella estaba en el suelo, con la cara cubierta con una almohada. Le propinó, según las acusaciones, numerosos golpes con una llave inglesa que se encontró debajo de la cama y después la asfixió con la almohada.

Según su defensa, Pardo ingirió 95 pastillas de medicamentos como Valium y Dogmatil, entre otros, procedentes de las cajas de pastillas de sus suegros que su mujer conservaba en casa. Ascensión Amores era la encargada de ir con sus padres al médico y suministrarles la medicación.

«Triste y alicaída»

Su tía, María Isabel, que declaró por videoconferencia, estaba al tanto de «algunos altibajos» de la relación y Ascensión le llegó a comentar que barajaba separarse. La tía de Julio Pardo le preguntó directamente a 'Susi', como la llamaban familiarmente, si él la maltrataba después de haberle visto dos golpes en la espalda, ella «se echó a llorar y medio me dio a entender que sí». «Hablaba siempre de problemas en el trabajo, pero yo creo que también los había de trato», aunque remarcó que ella nunca había presenciado nada.

Vio a la mujer «muy triste y decaída» en las últimas navidades y sabía de los deseos de ella de «empezar de cero en una pastelería de Oviedo que dejaban unos señores por jubilación, pero Julio no quiso y hubo discusiones entre ellos». También confirmó que 'Susi' siempre la llamaba cuando Julio Pardo no estaba delante y hasta tenían un código para saber cuándo podían producirse estas llamadas. «Si ella me daba un toque, yo sabía que podía llamarla». «Yo no vi nunca el control de él sobre ella, pero pienso que sí lo había», valoró la tía. Entre otras cosas, «porque ella colgaba el teléfono si Julio llegaba a casa».

Sus dos hermanos retrataron a una mujer anulada en el matrimonio y temerosa de su marido, haciendo siempre lo que él quería para no contradecirle. «Siempre me preguntaré por qué no le dije qué te pasa», se lamentó ayer Pedro, el más próximo a la víctima. «Mi hermana siempre tenía una sonrisa forzada y ella no era así, siempre había sido alegre y divertida», afirmaron.

Pedro explicó que la familia se había trasladado a Oviedo hacía algunos años y, aunque estaba previsto que Susi fuera con ellos, «ella se quedó a vivir con Julio y a los dos años se casaron». Sus padres viven con él, pero era Ascensión la que se encargaba de llevarlos al médico en Avilés. Esos días el matrimonio se quedaba a dormir con Pardo y Amores hasta que dejaron de hacerlo «porque discutían mucho y la humillaban, no les gustaba cómo le hablaba». «Ella incluso quería que se fueran a vivir allí, pero yo nunca le dije por qué no querían ir, mi padre decía que no le gusta cómo le miraba Julio», declaró Pedro.

Ambos comentaron que los martes, el día de descanso semanal en la confitería, eran «intocables» y Susi nunca hacía planes y hasta trasladaba algunas citas médicas de sus padres si caían en martes. Hasta que unos cinco meses antes de su muerte dejó de hacerlo.

Un grito «estremecedor»

El vecino del piso de abajo de la pareja, propiedad de los padres de Julio Porcel, afirmó que un «grito estremecedor» lo despertó la madrugada del 26 de enero a pesar de que se había tomado una pastilla para dormir. «Escuché unos gritos desaforados de mujer. Enseguida me di cuenta de que venían del piso de arriba. Me levanté y salí al pasillo y escuché 'Julio, no me hagas esto' y lo repitió», narró. «Primero pensé que Julio había fallecido porque a él no se le escuchaba hablar. Ella se fue desplazando por la casa y yo fui siguiendo (la voz) hasta el dormitorio principal. Escuché gritos y sollozos que, poco a poco, fueron atenuándose», aunque él nunca llegó a imaginarse lo que había ocurrido en realidad.

El testimonio de la trabajadora de la estación de servicio de Cristalería que situó al acusado en la madrugada del crimen en la cafetería no está refrendado por las cámaras de vigilancia. Según la policía, el sitio donde Pardo se habría sentado no coincide con el ángulo muerto de las cámaras.

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