«Se van a echar de menos las fiestas porque le daban vida al barrio»

Ángel Cedrón, Javier Calzada, Avelino García y Esperanza Álvarez, con sus hijos. / PATRICIA BREGÓN
Ángel Cedrón, Javier Calzada, Avelino García y Esperanza Álvarez, con sus hijos. / PATRICIA BREGÓN

Los vecinos de Versalles lamentan que este año no se realicen los festejos en honor a Covadonga, y confían en que se puedan recuperar con el tiempo

M. PICHEL AVILÉS.

Por primera vez desde que comenzaron a organizarse ya en el siglo pasado, este año Versalles no celebrará las fiestas en honor a Covadonga, la imagen que ocupa una hornacina en una de las fachadas que dan a la calle de La Paz. Los vecinos lamentan que unas festividades tan populares no vayan a tener lugar. «Se van a echar de menos, porque le daban vida al barrio», reconoce Esperanza Álvarez.

Conforme se han ido acercando las fechas del día de Covadonga, que tendrá lugar este viernes, se han ido incrementando los comentarios en el barrio. La opinión generalizada es que es una pérdida para el poblado que no se vayan a realizar. Gonzalo González, propietario del bar Tokyo, uno de los más conocidos, junto a La Curtidora, tiene muy claro por qué finalmente no las habrá: «Esto lo empezó mi padre en los años setenta, y es una pena que después de tantos años celebrándose de forma ininterrumpida, esta vez no haya, pero es que nadie quiere ponerse desinteresadamente a colaborar», dice, al tiempo que reconoce que la presidenta de la asociación vecinal, Lici Alonso, «las ha defendido hasta el final, pero nadie le ha ayudado».

«Si hay fiestas malo, y si no las hay, también». Quien así se expresa es Avelino García, que lleva medio siglo habitando el barrio, «y a mí nunca me han sobrado las fiestas», asegura. «Sí que se generan algún problema, y hay mucho ruido en donde se ponen las atracciones», indica Javier Calzada, que asegura que «no es que esté en contra, pero igual se podrían organizar de otra forma, por ejemplo en el pabellón del ganado». Entiende «que unas fiestas así lleva mucho trabajo organizarlas, es complicado».

Pabellón de Exposiciones

Llevarlas al Pabellón de Exposiciones es algo que sugieren también en la misma conversación mientras atienden a sus hijos que juegan en los columpios, el propio Avelino, así como Javier Calzada, que asume que dentro del barrio «siempre hay follón», mientras que Esperanza Álvarez destaca que «allí hay mucho espacio libre, incluso se podrían poner juegos para los niños».

No faltará la misa en honor a la patrona de Asturias, y algunos establecimientos de hostelería se vestirán de fiesta, con actividades para sus parroquianos habituales, «pero no será lo mismo», reconocen los propios vecinos. Lo lamentan por el barrio en la semana que solían durar los festejos, por el ambiente en las calles en las que se colocaban la barracas, por las actuaciones musicales, «porque los niños se quedarán sin caballitos». Aunque hay quien asegura que descansará del bullicio, y se ganará «en tranquilidad».

Continuación de San Agustín

«Es que esto era una continuación de las fiestas de San Agustín. Acababan, y empezaban estas», recuerda Guillermo Santos, sentado en una de las terrazas del barrio, junto a Emiliana López y Montse Bango. Emiliana, la más veterana de los tres, echa la vista atrás: «Tengo 69 años, y las fiestas empezaron cuando yo tenía quince, recuerdo aquellas verbenas y las romerías. Es una pena». Consideran que «los que van a dejar de ganar son los bares», porque las de Versalles eran unas fiestas que concitaban mucho público. «No nos gusta que el barrio se quede sin las celebraciones, porque se llenaba», admite Montse, que lamenta «que nadie que se haya querido poner a ayudar a organizarlas».

Más contundente se muestra Margarita Alonso, haciendo un descanso del café junto a César Abad, Elena Valero y Demetrio Vega, al afirmar que «es una vergüenza que no haya fiestas. Las ha habido toda la vida. Son las nuestras». De la misma opinión es Elena, que recuerda que «aquí siempre venía gente de todos los sitios, desde el principio». «Yo sí quería que las hubiera, pero si no las hay, es igual», asegura Demetrio, más conciliador. «Así habrá menos ruido», apostilla. Por su parte, César asegura que le parece «muy mal» la ausencia de festejos. «Yo sí las quería, a ver si el próximo año vuelve a haberlas», recalca.

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