«Las editoriales saben que la ilustración sirve para poner en valor el libro en papel»

Pablo Auladell participa en las Jornadas del Cómic.
Pablo Auladell participa en las Jornadas del Cómic. / PATRICIA BREGÓN

El Premio Nacional del Cómic 2016 participa en las Jornadas avilesinas para compartir con el público sus experiencias como dibujante Pablo Auladell Ilustrador e historietista

SHEYLA GONZÁLEZ AVILÉS.

Las Jornadas del Cómic de Avilés contaron ayer con la presencia del último Premio Nacional del Cómic, Pablo Auladell. El alicantino compartió con el público sus experiencias en el mundo de las historietas y de la ilustración.

-¿Qué supone para un autor el Premio Nacional del Cómic más allá del orgullo de recibirlo?

PROGRAMA DE HOY

12:00
Charla-coloquio: 'Convergencia: autores de cómic y youtubers' con Lolita Aldea y Henar Torinos.
13:00
Visita guiada a la exposición 'El cómic a través de sus portadas' a cargo del coleccionista Jaume Vaquer.
15:00
Vídeocine: Batman recuerda.
17:00
Apertura de la carpa de actividades.
17:00
Charla-coloquio de Marcello Quintanilha.
17:30 horas
Presentación de Guardianes de la Galaxia: Guardianes del Infinito con Jorge Fornés y Juanan Ramírez.
18:00
Charla-coloquio de Larry Hama.
19:00
Clausura y entrega de premios.
20 horas
Sesión de firmas y regalo de la lámina realizada por Enrique V. Vegas y de la quinta entrega de la revista Ensueños.

-Tener en el mercado un libro, que ya sin el premio iba bien, pero que te dobla ese funcionamiento. Alcanzas unas ventas que antes no tenías y es un escaparate. Profesionalmente te permite durante un tiempo trabajar con más tranquilidad.

«No me gustan los tebeos que emulan series, la imagen no puede ser un accesorio»

-La obra 'El paraíso perdido' le llevó cuatro años de trabajo, ¿fue una sorpresa el premio?

-No me lo esperaba. Fue una creación muy accidentada. El origen del encargo fue pintoresco porque lo hizo una editorial que no trabaja con tebeos. Se alargó en el tiempo porque hubo una serie de caídas del proyecto y por la producción del propio trabajo. Toda una serie de accidentes. Unido todo esto a las características del tebeo, que es una adaptación de un libro muy conocido de nombre pero poco en profundidad, yo lo último que me imaginaba es que acabaran dándole el Premio Nacional, ningún premio, pero ese menos, te crea un poco de estupor.

-Trabajó por encargo. ¿Cómo se enfrenta a ellos? ¿Le dejan libertad creativa?

-Normalmente cuando me encargan las cosas es porque quieren que las haga yo. Esa libertad implica que quieren que el trabajo lleve mi sello como autor. En este caso, era la adaptación del poema y creían que funcionaría bien si lo hacía yo. Hablamos de encargo, pero rápidamente se convirtió en un trabajo de autor.

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-¿Cómo se enfrenta a un poema clásico para transformarlo en un dibujo personal y no en una representación literal?

-No se trataba de hacer el poema de Milton ilustrado, sino de adaptarlo. Por adaptación tenemos que implica una interpretación, que no es un resumen para el lector. Me enfrenté un trabajo de autor teniendo como base ese poema, lo que hice fue teniendo en cuenta que era un tebeo y que como tal había que traducirlo al lenguaje de historieta. Me propuse dos columnas vertebrales, por un lado qué lectura tenía yo y qué conclusiones sacaba del texto original. Por otra parte, era una mixtura de palabra e imagen y esta tenía que tener sentido, no ser un adorno. Intenté que todo el tempo del poema se trasladara al dibujo por eso tiene poco texto.

-Ha dibujado también 'Las aventuras de Tom Sawyer, ¿se decanta por los clásicos?

-En ese caso no fue una adaptación, fue hacer las ilustraciones tal cual su autor las describe. El hecho de que últimamente haya trabajado clásicos no es preferencia, aunque sí soy un autor de mimbres clásicos. Realmente no es una elección mía sino que muchas de las editoriales que han surgido los últimos años son empresas que se nutren de los clásicos. Quizás por temas de propiedad intelectual y derechos de traducciones.

-Pablo Auladell como autor de sus propios textos y dibujos, ¿cómo es?

-Últimamente veo mucha saturación de historias, muchas series y películas, ahora los tebeos que más me interesan son los que luchan con eso y no tratan de emular una serie en papel. Me gusta trabajar en proyectos en los que tenga sentido que eso sea un tebeo, es decir, que la imagen tenga juegos visuales y que no sea un accesorio. Soy un autor poético pero tengo miedo con eso porque la gente no entiende por poesía lo que entiendo yo.

-Trabajó la ilustración infantil, ¿qué le hizo dejarlo?

-Me alejé de ese mundo hace años porque lo vi muy contaminado de pedagogía. Me llegaban textos espantosos, habían barrido la literatura, la poesía, que es lo que a mi me interesaba. Cuando lo trabajé era porque al principio, en la década de los 2000, el trabajo del ilustrador prácticamente solo estaba disponible en el público infantil. Ahora ya no es así, las editoriales ya han visto que la clave para su supervivencia en papel está en que sea un producto cuidado y han encontrado en la ilustración esa puesta en valor del producto.

-¿Ha desaparecido el cómic infantil?

-Se ha perdido muchísimo. El cómic necesita unos códigos de lectura que es preferible que se adquieran cuanto antes. En realidad lectores ha perdido el libro en general. Pero cuando la élite intelectual no lee, ¿cómo pretendemos que vaya a hacerlo el resto?

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