«Entró en la tienda, encañonó a mi hija con la pistola y le gritó: '¡Abre la caja!'»

Los dos acusados, ocultando su rostro ayer durante el juicio. / MARIETA
Los dos acusados, ocultando su rostro ayer durante el juicio. / MARIETA

La Fiscalía mantiene la pena de quince años de cárcel para dos acusados por tres robos, mientras la defensa pide unas penas proporcionales

C. DEL RÍO AVILÉS.

«Uno, que iba con gorra, gafas y algo más, se quedó en la puerta, y el otro, el de la pistola, entró y encañonó a mi hija, que se quedó arrinconada, mientras le gritaba: '¡Abre la caja, hija de puta'!». La propietaria del supermercado Minymas de Versalles describió así el robo ocurrido el 1 de agosto de 2016 y tras el que los dos presuntos autores fueron detenidos. A pesar de que ambos acusados reconocieron los hechos, su defensa matizó que el robo no llegó a consumarse porque los ochocientos euros que, al parecer, había en la caja nunca han aparecido.

La detención se produjo hora y media después, y a los dos hombres se les encontraron los efectos con los que habían tratado de ocultar el rostro, pero no el dinero. Y a las dudas sobre la secuencia de lo sucedido es a lo que se agarra la defensa, ejercida por Luis Tuero y Alfonso Ruisánchez, para solicitar una rebaja de la pena que solicita la Fiscalía. El Ministerio Público pide cinco años de cárcel por este delito frente al año y nueve meses de prisión y los dos años y tres meses que, respectivamente, sugirieron los letrados al considerar que el robo había sido en grado de tentativa. Como atenuantes se plantean, por parte de la defensa, la adicción a las drogas y la reparación del daño causado, al haber ingresado ambos (uno de ellos de forma parcial y hace tan solo unos días) el dinero reclamado en concepto de responsabilidad civil.

El juicio se celebró ayer en el Juzgado de lo Penal Número 1 de Avilés y ha quedado visto para sentencia.

«Miro atrás y no me reconozco en esos hechos», manifestó uno de los acusados

Este atraco, el único reconocido por ambos acusados, fue sobre el que versó el testimonio de la mayor parte de los testigos. El relato de la propietaria del supermercado, el de su hija y el novio de esta coincidieron en señalar que ambos entraron con el rostro parcialmente cubierto, que uno se quedó en la puerta y que el otro sacó un arma, que era simulada pero que en ese momento ellos no lo sabían. Encañonó a la hija de la propietaria en primer lugar para después amenazar a todos. Como no abrieron la caja, el que estaba en la puerta avanzó hacia el interior, la arrancó y se marcharon corriendo.

El yerno de la propietaria salió detrás de ellos y persiguió a uno mientras vio como al otro lo agarraba por la chaqueta un hombre que estaba en un coche y había visto lo sucedido. En este zarandeo, la caja se cayó al suelo a pocos metros del local y el atracador huyó.

Ninguno de los miembros de la familia propietaria del supermercado cogió la caja del suelo ni vio a los dos sujetos entrar en un portal contiguo, inmediatamente después de salir del supermercado, a cambiarse de ropa. Tanto esta referencia como la devolución de la caja al establecimiento corrió a cargo de terceros que, alertados por las voces, intervinieron. La caja registradora llegó al comercio sin el dinero.

Para el abogado Luis Tuero no quedó acreditado, por tanto, que ellos se llevaran la recaudación porque cuando los detuvieron no lo llevaban encima y sí otros efectos como la gorra o la mascarilla de pintor con la que se cubrieron. «Yo no sé qué paso con esos ochocientos euros, pero sí que mi mandante no se los llevó porque no tuvo tiempo. No sé si está el seguro de por medio o hubo una segunda, tercera o cuarta persona», expuso. Asimismo, recordó que su cliente no era el que portaba el arma y recalcó que esta era simulada.

Respecto a los otros dos delitos, el tirón de un bolso en el pasadizo de la calle Claudio Luanco, y el atraco en Comercial Astur, en la calle de Rivero. Uno de ellos reconoció ambos hechos, mientras que el otro dijo que no los recordaba.

El primero mostró su arrepentimiento y pidió perdón por el daño causado. «Miro atrás y no me reconozco en esos hechos. No era yo el que lo hacía», afirmó en referencia a su adicción a las drogas. Según su declaración, consumía a diario entre diez y doce gramos de cocaína, dos o tres de heroína y entre seis y ocho pastillas de Tranquimazin. El otro, que solo reconoció el atraco al Minymás, pidió una «oportunidad» a la sala tras llevar «24 años en total de prisión pagados». «Y ahora me van a condenar más, no sé si a doce o quince años, esto es un castigo, no una reinserción», clamó.

La Fiscalía mantuvo la pena total de quince años de cárcel para cada uno de ellos por los tres delitos. La defensa del que reconoció haber participado en los tres solicitó una multa de dos euros diarios durante un mes o, subsidiariamente cárcel, por el tirón del bolso, que considera un hurto y no un robo con violencia como la fiscal; y un año y nueve meses de prisión por cada uno de los otros dos.

El abogado del que solo recordaba el último robo planteó dos penas de dos años y tres meses de cárcel por los hechos ocurridos en ambos establecimientos. Entendió que su cliente no tuvo participación en el tirón del bolso

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