«La erótica hay que negociarla»

La sexóloga Ana Fernández, ayer.
La sexóloga Ana Fernández, ayer. / MARIETA

«Cada pareja tiene que pactar cómo es su relación, y el sexo no debe quedarse fuera», defiende la sexóloga Ana Fernández

J. F. G. AVILÉS.

¿Es posible mantener a un tiempo varias relaciones amorosas paralelas estables sin renunciar a ninguna de ellas? «Los que se autodenominan poliamorosos dicen que sí», afirmó ayer la sexóloga Ana Fernández durante la charla que impartió en el Centro de Servicios Universitarios enmarcada en el ciclo 'Sexología. Trangresiones eróticas y educación sexual'. Centró su intervención en el poliamor, una forma de relación sentimental rompedora con el esquema tradicional de pareja que podría definirse como la facultad de amar y mantener relaciones sentimentales con más de una persona a la vez con pleno consentimiento de todos los involucrados.

«Esa es clave. Cada pareja tiene que negociar cómo es su relación, y la erótica no puede quedarse fuera del acuerdo. Al igual que se define, por ejemplo, a quién le toca poner la colada también hay que definir en qué nivel se sitúan el amor, los sentimientos y la erótica, establecer qué es exclusivo y qué se puede compartir, consensuar si hay o no licencia para tener alguna aventura. Unas parejas estarán abiertas a todo y otras a muy poco, y da igual si se acuerda un modelo tradicional u otro que sea algo más novedoso. Todo es perfectamente válido. Lo importante es negociar, llegar a un pacto y mantenerse fiel a él», sostuvo.

El acuerdo que plantea tiene el carácter de revisable. «Al menos una vez al año habría que sentarse a hablar de la relación, de lo que nos gusta, de lo que no nos gusta tanto y de lo que nos disgusta, delimitar nuestras parcelas como pareja y como personas individuales, y si algo no funciona pues se cambia. No son muchos los que negocian ese pacto, y de ahí surgen problemas».

«El poliamor no es nada nuevo, sino que se ha dado cíclicamente a lo largo de la historia»

El poliamor

El poliamor no es algo nuevo. «Ahora se habla de ello como en su día se habló del amor libre o de la libertad sexual. Este tipo de situaciones se dan cíclicamente a lo largo de la historia de la sociedad occidental. En los tiempos del primer instituto de sexología del mundo, a finales del siglo XIX en Berlín, ya se hablaba de estas cuestiones para comprenderlas y hacerlas comprender desde planteamientos científicos. Ahora se plantea como una reivindicación propia de la movimientos que promueven romper las bases del modelo tradicional de pareja, cuando en realidad es algo que otras culturas ya tienen resuelto desde hace tiempo, culturas en las que un hombre o una mujer tenga más de una pareja no supone ningún problema».

Lo que no cabe en una relación sentimental «es el engaño ni el autoengaño. Cada pareja tiene que fijar sus límites y no ir más allá. En este sentido somos bastantes esclavos no de las normas tradicionales que nos venían constriñendo, sino de otras nuevas dictadas por lo políticamente correcto. A la hora de formar una relación de pareja tenemos demasiadas imposiciones, y a veces resulta conveniente saltarse la corrección. Todo lo que se negocie en el marco de una relación de pareja es válido y al mismo tiempo susceptible de romperse si la relación no funciona», concluyó.

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