«Escribir es mi pasión y además no tengo que aguantar a tanto miserable»

Natalio Grueso el viernes en Madrid. / NEWSPHOTOPRESS
Natalio Grueso el viernes en Madrid. / NEWSPHOTOPRESS

Natalio Grueso, escritor y exdirector del Centro Niemeyer: «España esa un país acomplejado y autodestructivo, pero por encima de todo sigue siendo un país tremendamente inculto»

J. F. GALÁN AVILÉS.

Exdirector del Centro Niemeyer, Natalio Grueso acaba de publicar su cuarto libro, 'La república de los ladrones', una novela de aventuras que enlaza con su primera novela, 'La Soledad', traducida a una decena de idiomas.

-¿Cómo concibe su vertiente literaria?

-Es una vocación, es lo que he querido hacer toda mi vida, pero desgraciadamente muchas veces cometemos el error de ir retrasando aquello que queremos hacer. Esa lección ya la he aprendido, así que ahora la literatura es mi profesión.

-'La Soledad', su primera novela, se ha traducido a más de diez idiomas. ¿Lo esperaba?

-La creación artística no obedece a reglas racionales, tiene mucho más que ver con lo emocional y las emociones son imprevisibles. Por eso esa novela se lee en Turquía, en Francia o en Polonia, porque ha llegado a tocar el corazón del lector con independencia de su origen o nacionalidad.

-¿Su nuevo libro es una continuación del primero?

-El protagonista es el mismo, pero las tramas son totalmente independientes. Es cierto que forman parte de un mismo universo literario y que comparten una estructura similar, pero se pueden leer por separado.

-Ha recibido halagos por parte de escritores como Vargas Llosa.

-La crítica internacional ha sido muy generosa. Yo creo que eso demuestra que el mundo literario no es siempre tan egocéntrico y tan cainita como a veces se pretende presentar. Los más grandes son siempre los más humildes.

-El título, 'La República de los Ladrones', ¿esconde algún tipo de guiño a la actualidad?

-La verdad es que no, hace referencia a los piratas de los siglos XVII y XVIII. De todos modos yo creo que en España se exagera todo hasta límites insoportables, quienes dicen que este es un país corrupto es obvio que no han viajado mucho, no saben lo que es el África subsahariana, ni Oriente Medio, ni la América profunda.

-Usted ha dicho que los piratas eran una sociedad democrática ¿Puede explicarse?

-Las hermandades piratas fueron el primer ejemplo de lo que hoy entendemos por democracia. El capitán era elegido en votación por la tripulación, los botines se repartían con ecuanimidad, todos a bordo tenían los mismos derechos y comían el mismo rancho. Eso no pasaba en las naves de la metrópoli, ni mucho menos en tierra firme.

-¿Es una aventura de piratas al uso, clásica?

-La imagen que tenemos de los piratas se la debemos al cine y a la literatura del XIX, la pata de palo, el parche en el ojo o el loro al hombro. La realidad, en cambio, era mucho más compleja. Esta novela está muy documentada y muestra cómo era la vida real de aquellos tipos, tan crueles como nobles.

-Parece que se está especializando en este género ¿Por qué?

-La literatura de aventuras es el puente levadizo que a muchos lectores nos ha permitido acceder al castillo de la alta literatura. Sin Salgari, sin Verne o Stevenson nada sería lo mismo. Hoy son pocos los escritores que abordan estos temas. Es un género que me apetecía actualizar, añadiéndole elementos nuevos.

-¿Cómo definiría al protagonista, Bruno Labastide?

-Labastide es un anti James Bond. Es un aventurero, un ser humano sensible con sus defectos, que aborrece la violencia y que, en ocasiones, es cobarde, como cualquiera de nosotros. Pero sabe sacar partido de las cartas que le ha dado el destino: la picardía, la seducción, la sonrisa, el talento. Es un canalla encantador.

-¿Tiene la impresión de que una parte del país se avergüenza de la aventura americana de España?

-España es un país acomplejado y autodestructivo, pero por encima de todo sigue siendo un país profundamente inculto. Los que pontifican sobre la 'barbarie' de la aventura americana no sabrían decir quiénes fueron Alvarado o Legazpi.

-¿Se siente más cómodo como escritor o como gestor cultural?

-Como gestor cultural he hecho todo lo que tenía que hacer, con bastante éxito, por cierto, por mucho que les moleste a algunos. Pero escribir es otra cosa, no tiene comparación la creación con la gestión de la creatividad. Y además aquí no tengo que aguantar a tanto miserable.

-¿A qué se dedica ahora Natalio Grueso?

-Al teatro y a la literatura, a mis dos pasiones. Exclusivamente. Por fin hago lo que siempre quise hacer.

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