Estruendosa descarga de luz y color

Muchos optaron por disfrutar de los fuegos desde una terraza. En la imagen, las de la plaza del Carbayo.
Muchos optaron por disfrutar de los fuegos desde una terraza. En la imagen, las de la plaza del Carbayo. / MARIETA

La policía desplegó un extenso dispositivo de seguridad y el público recompensó con aplausos al trabajo de Pirotecnia Pablo

J. F. GALÁN AVILÉS.

Miles de personas disfrutaron anteanoche del último acto de las Fiestas de San Agustín, los fuegos artificiales, un explosión de luces multicolor y sonidos que arrancó aplausos de los numerosos espectadores. Los más madrugadores optaron por situarse en la plaza del Niemeyer, a escasos metros del punto del punto de lanzamiento, la Dársena de San Agustín, y en la avenida del Conde de Guadalhorce, los únicos sitios desde los que se podían apreciar en toda su magnitud las secuencias lanzadas desde la superficie del agua de la ría. El parque y la calle del Muelle y las plazas de Carlos Lobo y el Carbayedo fueron otros de los espacios preferidos por los avilesinos para disfrutar de la descarga pirotécnica. También hubo público en otros muchos lugares, como la ermita de La Luz o la margen derecha de la ría.

Pirotecnia Pablo, empresa de Cangas del Narcea que se encargó de los fuegos artificiales de Avilés por segundo año consecutivo, no dejó indiferente a nadie. El espectáculo comenzó con absoluta puntualidad, a medianoche, nada más terminar el concierto que ofrecía Diana Navarro en la plaza del Niemeyer, y fue a más. Sauces llorones, volcanes y huevos de dragón inundaron el cielo avilesino, al principio con cierto intervalo entre uno y otro que se fue acortando a medida que avanzaba el espectáculo al tiempo que ganaba en intensidad lumínica y sonora.

La estruendosa traca final, muy al estilo de la descarga de Cangas, dibujó todo tipo de formas en el cielo con predominio de los colores blanco y azul, haciendo así un guiño a la bandera de Avilés. Fue un espectáculo quizá corto pero intenso, quince minutos en los que se lanzaron al cielo unos 1.528 artificios pirotécnicos estructurados en 980 secuencias. Al final, un fuerte aplauso reconocía el trabajo realizado por Pirotecnia Pablo.

A partir de ahí, muchos de los espectadores regresaron al Mercado Medieval, que permanecía abierto, o a otros lugares de ocio para disfrutar de la última noche de las fiestas de San Agustín.

Las fuerzas de seguridad desplegaron un extenso dispositivo de seguridad en el que participaron agentes de las policías Local, Nacional y Portuaria y de la Guardia Civil. Se activó a las diez de la noche, y a partir de las once y media varias calles se cerraron al tráfico rodado mientras que en otras se establecían restricciones y se establecían controles en las intersecciones.

Además de los agentes policiales también formaron parte del dispositivo de seguridad bomberos, seguridad privada contratada por el Centro Niemeyer y personal municipal. Entre todos, cerca de cien personas velaron por la seguridad en la noche de los fuegos de San Agustín.

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