Un estudio realizado en Avilés vincula la contaminación al déficit de atención

Un grupo de niños atiende a las explicaciones del profesor en una imagen de archivo.
Un grupo de niños atiende a las explicaciones del profesor en una imagen de archivo. / MARIETA

La exposición al dióxido de nitrógeno y el carbono negro durante el embarazo retrasa el desarrollo de esta capacidad en los niños

RUTH ARIAS AVILÉS.

Numerosos estudios realizados hasta la fecha se han ocupado de averiguar la relación entre la contaminación y determinadas enfermedades, sobre todo del sistema respiratorio. Enfermedades como el asma, la bronquitis o el cáncer de pulmón aumentan su incidencia en los entornos en los que la calidad del aire es más pobre. Pero la contaminación atmosférica no tiene efectos adversos únicamente en lo físico, sino también en lo mental, como se ha encargado de demostrar un estudio del Proyecto INMA-Salud y Medio Ambiente, realizado a lo largo de más de un lustro en siete ciudades españolas diferentes, entre ellas Avilés, además de otras de Valencia, Cataluña y el País Vasco.

Los investigadores, entre los que se encuentra Adonina Tardón, de la Universidad de Oviedo, estudiaron una cohorte de 1.300 niños desde el año 2003 para concluir que la exposición al dióxido de carbono, un contaminante que procede sobre todo de la combustión de los vehículos a motor y de las plantas eléctricas, y al carbono elemental o carbono negro durante el embarazo y, en menor medida, en los primeros meses de vida, se relacionaba con un retraso «de hasta dos meses» en el desarrollo de la capacidad de atención. Esta asociación fue similar en todas las regiones estudiadas, aunque sí se observó una diferencia, y es que estas sustancias parecían ser más nocivas para las niñas que para los niños.

«Estamos ante una nueva evidencia que muestra que es necesario actuar de forma urgente contra la contaminación, sino nuestros niños y niñas podrían ver afectada su capacidad de aprendizaje», expone la investigadora Mónica Guxens, coordinadora de este estudio y participante en otro similar que se hizo sobre niños de mayor edad, de entre seis y doce años, que midió los niveles de exposición al dióxido de carbono en los entornos escolares para concluir que a niveles más altos de este contaminante empeoraba la capacidad de atención infantil. «Se desconoce aún el impacto clínico de esta falta de atención, pero podría tener implicaciones para toda la población, debido a la ubicuidad de la exposición», señala Guxens.

Los niños de entornos más contaminados reaccionaban más tarde y se despistaban más

Las pruebas

Durante cinco años se estimaron los niveles de dióxido de carbono prenatal y posnatal en los domicilios de las familias participantes en el estudio, para medir después la atención mediante la prueba de rendimiento continuo Kiddie-Conners, un test muy utilizado en la práctica clínica y sobre todo en el campo de la investigación del Transtornopor Deficit de Atención e Hiperactividad y que evalúa la capacidad atencional global. Su funcionamiento es sencillo. Se trata de que las personas evaluadas respondan pulsando un botón ante unas cartas que se presentan en una pantalla, lo que sirve para medir el tiempo de respuesta, los errores, cambios en el tiempo de reacción y la velocidad de procesamiento. El resultado fue evidente: en los hogares más afectados por la contaminación, la capacidad de atención de los niños era más baja.

Los tiempos de respuesta de los menores que vivían en áreas más contaminadas eran más largos, pero no solo eso, sino que también cometían más errores de omisión, es decir, no reaccionaban todas las veces que debían hacerlo. «Este trabajo demuestra que la contaminación atmosférica podría llegar a tener efectos negativos ya en la etapa prenatal, durante el embarazo, e incluso de más impacto que en la entapa posnatal», explica Alexis Sentís, que figura como primer autor del estudio.

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