Los expertos piden impulsar la agroalimentación y el metal con inversiones públicas y privadas

Los grandes retos de la innovación tecnológica en los próximos diez años centraron el curso de ayer en La Granda.
Los grandes retos de la innovación tecnológica en los próximos diez años centraron el curso de ayer en La Granda. / MARIETA

Los directivos citados en La Granda destacan la trascendencia de la investigación para no perder el pulso de las economías punteras

M. PICHEL AVILÉS.

Resaltaba Ramón Xifré, profesor de la Universidad Pompeu Fabra e investigador del prestigioso IESE, que «en los países punteros no ha habido parón en la inversión en investigación y desarrollo durante la crisis». Una situación que contrasta con lo sucedido en España, y con lo que aún ocurre en la actualidad, porque recordaba que «España crece al 3% pero la inversión en I+D+i no lo hace de la forma adecuada a ese ritmo de crecimiento». Se expresaba así en el marco del curso de La Granda 'Los grandes retos de la innovación tecnológica en los próximos diez años', capitaneado por Juan Carlos Campo, director de la Escuela Politécnica de Gijón, y que cerró el rector, Santiago García Granda.

Para Asturias este objetivo, según las aportaciones de los ponentes, debe vincularse a una apuesta por la inversión mixta público-privada en los sectores en los que es puntera, del agroalimentario hasta el metalúrgico, con ejemplos de éxito evidente como los centros de investigación de ThyssenKrupp en Gijón, y el de Arcelor en Avilés, fundamental, este último, en la pujanza en el Polo del Acero.

«En España ha habido una fuerte caída en el número de empresas que realizan actividades innovadoras entre el 2008 y el 2014», repasaba Xifré, relacionando este retroceso a una íntima vinculación con los procesos cíclicos de la economía: «Crece en bonanza y se retrae en crisis», añadió este experto, que pide apostar por el capital humano y profundizar en los cambios tecnológicos que conducen a la conocida como 'Industria 4.0' (con todos los procesos digitalizados e interconectados). De ahí la importancia estratégica en la inversión en innovación y desarrollo, pues el que no lo tome, puede quedarse «descolgado de las economías punteras».

«Esto producirá cambios disruptivos, y permitirá grandes ahorros en los costes, de personal, de logística, con una mejora en la manera de fabricar», explicaba Javier Uceda, exrector de la Universidad Politécnica de Madrid y catedrático de Tecnología Electrónica, que define un proceso mediante el cual «la digitalización comunica con la realidad física». Para ello, estima «fundamental la implicación de todo el tejido industrial, y contar con la formación de capital humano, porque es clave para todo el proceso».

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En Asturias, el procedimiento se sustenta en tres pasos, que enumeró Eva Pando, directora del Idepa: «Recuperar el liderazgo industrial por la tecnología, orientarse a mercados y a la diversificación, y un nuevo modelo territorial basado en la interconexión en red». «Se trata de crear un ecosistema, no podemos trabajar aisladamente, por eso la colaboración en red es tan necesaria», indicó. Y contar con empresas grandes que, mediante esa cooperación, tiren de las más pequeñas, de las que acaban de empezar o están empezando, del tejido de emprendedores, un papel que desempeñan gigantes globales como Arcelor Mittal o ThyssenKrupp que mantienen una apuesta por Asturias no solo como centro de producción, sino de investigación, pero también grandes compañías como Capsa o ALSA.

Estrategia de digitalización

Desde Asturias, Arcelor se adentra en el mundo de la Industria 4.0, a través de su Centro de Investigación en Avilés, que se ha mostrado 'acíclico', pues nació en el año 2008 con 24 trabajadores e investigadores, para dar cobertura a cinco plantas, y en la actualidad, tras pasar el bache más profundo de la crisis, «da servicio a 83 unidades productivas de todo el grupo, a 20 laboratorios y emplea a 217 personas», repasa Carlos Alba, R&D Manager en la multinacional del acero, que destaca que Avilés se «ha convertido en el centro de referencia de Arcelor en la estrategia para la digitalización de sus plantas», un caballo al que se suben todos sus competidores, y algunos, chinos, son capaces de vender bobinas de acero en portales de compra de Internet. Así, uno de los algoritmos que desarrollan «se basa en el estudio del comportamiento de las hormigas para optimizar las líneas laminación».

Una colaboración público-privada que da sus frutos en otro centro investigador, el de ThyssenKrupp elevadores en la Universidad Laboral en Gijón, desde donde investigan «en respuestas a la urbanización y al envejecimiento de la población», capaces de provocar una revolución en la movilidad planetaria en los próximos años. «Cada día se construye en el mundo el equivalente a una ciudad de un millón de habitantes», resaltó Javier Sesma, director del centro. Han desarrollado pasillos de aceleración, más rápidos que los de los aeropuertos, haciendo realidad un cuento de Gianni Rodari, de las aceras móviles, y con la base de esa tecnología, «ascensores sin cable que permitirán crear metros verticales» dentro de rascacielos que han multiplicado su altura.

La innovación, que llega a la alimentación de la mano de la biotecnología, de empresas como la española Biópolis, dirigida por Daniel Ramón Vidal, y que ha colaborado de forma activa con Capsa en la mejora de sus productos. El a su vez profesor hizo suya una frase de Marie Curie, para destacar la importancia de la investigación: «A lo desconocido no hay que tenerle miedo, simplemente hay que conocerlo».

La tecnología, y su apuesta por ella permite que en los países más desarrollados «aumenten el número de empleos de mayor cualificación», como reflejó Jacobo Blanco , decano del Colegio de Sociólogos de Asturias que apostó ayer en La Granda por «la necesidad de creatividad, y espíritu crítico para afrontar los cambios que se avecinan».

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