«Hay que felicitar al Palacio Valdés por apostar por el

Ernesto Caballero, autor y director de escena: «Es necesario crear un circuito teatral estable en el país y para ello tiene que haber colaboración entre las comunidades autónomas»

Eva Fanjul
EVA FANJULAvilés

Además de llevar seis años dirigiendo el Centro Dramático Nacional, Ernesto Caballero es uno de los grandes referentes del teatro español como dramaturgo y director de escena. Habitual de las tablas del Palacio Valdés, Caballero regresa este lunes para protagonizar junto a su colega Juan Mayorga la última charla de ‘Diálogos desde la escena’.

¿Qué le parece participar en ‘Diálogos desde la escena’?

–Para mí supone un honor, desde luego, y satisfacción, porque Avilés es una de las plazas habituales de mi obra y que me hayan invitado me ha encantado. A pesar de todo el lío que tengo quiero estar ahí.

Viene para hablar de los últimos veinticinco años del teatro español, ¿qué balance hace?

–El teatro en España ha pegado un estirón que se reconoce dentro y fuera de nuestras fronteras. Ahora mismo, los focos de creación están en toda España, no solo en Madrid y Barcelona. Estamos viviendo un fenómeno, el de nuestros autores, que anuncian un momento de esplendor y hay además un aumento en la profesionalidad de nuestros artistas. Es una oportunidad que tiene que ser aprovechada, el sector debe profesionalizarse y para ello tiene mucho que hacer.

¿Cuáles serían las claves de esa profesionalización?

–Hay muchas y complejas, pero en síntesis podría decir que algo muy importante sería evitar las trabas administrativas a las pymes. Las compañías de teatro no dejan de ser eso, una pequeña y mediana empresa que además tiene que hacer frente a su propia especificidad, marcada, entre otras cosas, por la temporalidad de su actividad que le hace soportar mayores gravámenes.

¿Hay más factores?

–Por supuesto, es necesario crear un circuito teatral estable en el país y para ello tiene que haber colaboración entre las distintas comunidades autónomas. A veces, por temas políticos y diferencias de criterio de los responsables se dificulta la circulación de las obras de arte dramático como es debido. Además, para que haya más contratación tiene que haber dinero. Los presupuestos de cultura se han reducido de manera drástica. En este sentido, hay que romper una lanza en favor del Teatro Palacio Valdés porque ha apostado por la calidad, demostrando que solo se trata de una cuestión de voluntad, de hacer bien las cosas.

¿Y qué papel juega el público?

–En contra de lo que su pudiera esperar, a pesar de las dificultades de los últimos años, el público ha estado a la altura, muy diversificado y con gran preparación. Tal vez por eso todos tenemos un repunte de calidad en nuestro teatro, porque es algo que se experimenta en persona y te permite reflexionar, pensar y posicionarte en el mundo.

Entonces, ¿además de la económica hay una crisis de valores?

–A lo mejor en una sociedad más sensibilizada con el teatro y el arte no se hubiese producido la desprotección y precarización del sector cultural que se ha dado en España en los últimos años. Habría que preguntarse qué hubiesen hecho los ciudadanos de otros países europeos si se les quita una programación regular en sus teatros, yo creo que no lo habrían consentido.

¿Se trata, entonces, de una cuestión de educación cultural?

–Absolutamente. Con unos planes educativos en los que desaparecen asignaturas relacionadas con la cultura, como la filosofía, se genera en los ciudadanos una indiferencia y sensación de bien superfluo prescindible en relación al ámbito cultural. Y aún con todo, quizá porque es arte en vivo y no se puede bajar de internet, hay una demanda inequívoca y un gran interés.

¿Cómo han sido estos años al frente del Centro Dramático Nacional?

–Es muy apasionante porque lo cogí con ganas en un momento con recesión económica y es toda una responsabilidad. El centro tiene que crear lo reciente y preservar el teatro contemporáneo y lo estamos haciendo con los Valle-Inclán y los Lorca.

¿Algún gran proyecto en mente?

–Uno que sigo persiguiendo desde que salí de la Escuela de Arte Dramático y monté mi primera compañía, y es crear una compañía estable con mayor rigor y conocimiento, que recoja la excelencia tanto el repertorio clásico como del contemporáneo.

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