La Fiscalía pide un año de cárcel para un abogado por agresión a dos policías

El letrado asegura que fue reducido y agredido por dos agentes sin motivo justificado, salvo una animadversión hacia su persona

C. R. AVILÉS.

«¿No dicen que los abogados del turno de oficio somos unos muertos de hambre? ¿Entonces como quieren que les pague 3.000 euros a cada uno? ¿Qué quieren que les pague las vacaciones? Esto es una estafa procesal». El abogado acusado por la Fiscalía de un delito de atentado contra la autoridad y dos de lesiones leves estalló ayer en la vista oral celebrada en el Juzgado de lo Penal Número 2 en la que los agentes aseguraron que el letrado estaba «borracho, posiblemente drogado, eufórico y muy agresivo» cuando fueron requeridos por su madre para que acudieran al domicilio familiar la madrugada del pasado 22 de octubre.

El acusado se enfrenta a un año de cárcel y una multa de cuarenta días a razón de seis euros diarios por cada uno de los dos delitos leves de lesiones.

El abogado, que se defendió a sí mismo, explicó que acudió de madrugada al domicilio familiar a por dinero tras haber estado cenando con unas amigas. Aseguró que su madre tuvo una «reacción extemporánea» y «montó un revuelo» cuando él le preguntó por su padre. Siempre según su testimonio, cuando se iba del edificio se tropezó a los agentes de la Policía Nacional en el portal. «Me conocen de sobra (...). Les dije 'dejadme en paz. Ahí os quedáis' y vinieron detrás de mí diciendo: 'Esto es un atentado contra la autoridad. Estás jodido ya'. Me empujaron, caí al suelo, me pusieron las esposas lastimándome las muñecas y me torcí el tobillo». Negó haber empezado él la agresión porque «yo solo quería ir a tomarme algo» y añadió que en la comisaría también le pegaron. Según él, todo responde a una animadversión manifiesta hacia su persona.

Diametralmente diferente fue el relato de los hechos de los dos policías. Negaron cualquier inquina hacia el acusado, aunque reconocieron conocerlo de intervenciones similares. Aseguraron que fue su madre la que llamó a la sala del 091 porque «su hijo estaba borracho y agresivo y tenía miedo». Acudieron dos 'zetas' y mientras los dos agentes que a la postre resultaron también lesionados se quedaban con el hijo en el portal, los otros dos subieron al domicilio a verificar la llamada y los hechos. «Empezó a llamarnos 'hijos de puta' a voces en cuanto nos vio y a amenazarnos. Que si nos iba a quitar el uniforme y a echar del cuerpo, que si éramos unos analfabetos,...». Trataron de calmarlo y lo redujeron y esposaron tras intentar huir. Según explicaron, corrió unos cuarenta metros y cuando le dieron alcance ofreció «mucha resistencia». Relataron que la emprendió a golpes contra ellos, tiró a uno al suelo mientras continuaba increpándolos y amenazándolos.

La madre del acusado, llamada como testigo por la defensa, se acogió a su derecho a no declarar. El juicio ha quedado visto para sentencia.

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