«En esa fosa séptica ya cayó un adolescente»

La fosa, tapada con un tablón de madera por los vecinos de Jardín de Cantos. / MARIETA
La fosa, tapada con un tablón de madera por los vecinos de Jardín de Cantos. / MARIETA

Vecinos de Jardín de Cantos alertan del deterioro de la parte alta del barrio, con caminos 'comidos' por la maleza y sin asfaltar

C. DEL RÍO AVILÉS.

El nieto de Gely Rugarcía cayó hace un mes en la fosa séptica de uno de los caminos paralelos que discurren por detrás del Colegio Principado. La tapa del alcantarillado desapareció y, en su lugar, los vecinos colocaron un tablón de madera y varias piedras que cedieron con el peso de un adolescente de catorce años. «Porque es ágil, que si llego a ser yo o cualquier otra persona, no podemos salir de ahí», explicaba ayer la abuela en una visita al Jardín de Cantos olvidado. Ese que, tras la primera y relativamente bien cuidada primera línea de la avenida de Lugo, esconde un barrio más selvático a poca distancia del centro de Avilés.

Gely, acompañada por varios vecinos que corroboran su relato, afirma que el día en que su nieto se quedó con una pierna fuera y otra dentro de la fosa séptica llamaron inmediatamente a la Policía Local. «Se les llamó tres o cuatro veces, pero dijeron no sé qué del cambio de turno y no vinieron». Otra vecina añade que al día siguiente se insistió con un Ayuntamiento del que todavía no han tenido noticias. «Nos consta que están al corriente porque, aparte de nuestras llamadas, lo hemos gestionado a través de la asociación de vecinos, pero aquí no ha aparecido nadie», protesta.

El problema no es solo la alcantarilla mal cubierta, sino el estado general de una zona a las espaldas del colegio Principado que representa un peligro de salubridad. «He visto más ratas en estos meses que en los catorce años que llevo viviendo aquí y menos mal que hay gatos que las cazan», se consuela. Una de sus vecinas, de los bloques A, B y C del número 57 de la avenida de Lugo, pone la atención en estos dos caminos por los que llegan hasta el colegio. Cubiertos de verdín en cuanto llueve, son una pista de patinaje flanqueada por ortigas y otro tipo de hierbajos que, literalmente, se lo tragan. Por no hablar del trayecto contrario. Cuando quieren bajar hasta la avenida de Lugo, la principal, la que está a pie de carretera y de la que tan solo están a unos treinta metros. Eso sí, sin urbanizar. Puro camino rural.

El problema parece residir en la titularidad de los terrenos. La mayoría son de Cristalería Española, «pero igual que vienen una vez al año a limpiar con una manguera a presión, podían venir más y segar y pasarles luego la factura». Así sucede que a los vecinos con desbrozadora no les queda más remedio que salir ellos mismos a adecentar, al menos, la primera línea, la más cercana a la carretera por la que en pocos días pasarán decenas de niños hacia el colegio.

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