El fotoperiodista Moreiras defiende la fotografía como herramienta

Juan Pablo Moreiras explica la fotografía que tiene detrás.
Juan Pablo Moreiras explica la fotografía que tiene detrás. / PATRICIA BREGÓN

El gallego guió ayer en el Aula de Cultura de LA VOZ un viaje por alguno de los ecosistemas más interesantes del mundo y reflexiona sobre su conservación

C. DEL RÍO AVILÉS.

Biólogo y fotógrafo, Juan Pablo Moreiras es un activista de la conservación natural que ayer compartió algunas de las historias de su trabajo por medio mundo en una charla organizada por el Aula de Cultura de LA VOZ DE AVILÉS, coordinada por Armando Arias y patrocinada por Cafés Toscaf. Una proyección de doce minutos en la que trató de resumir su universo sirvió de introducción a una conferencia en la que el fotoperiodista enganchó a los asistentes con anécdotas personales y una forma de trabajar artesanal que consideró imprescindible si el objetivo es «narrar una historia». Y el suyo lo es porque no solo «hay historias y personas que merecen ser contadas, sino que las personas tienen que saber algunas historias». Como, por ejemplo, lo que se esconde detrás de la extracción del coltán en África, de la tala de madera en Sudamérica o de la protección de los gorilas de altura, la que más le apasiona y a la que dedicó diez años.

Moreiras empezó por el principio. Explicando cómo un gallego nacido en Normandía, y al que su madre ya veía con estudio propio en Vigo tras haber ganado un concurso del Patronato de Turismo de Pontevedra, decide comprarse un atlas y buscar su primer destino para inmortalizar. Porque aunque biólogo de formación académica, la fotografía le había servido para inmortalizar pájaros. La concibió como herramienta desde el principio. Algo que mantiene treinta años después: «Yo nunca me he sentido artista y respeto la fotografía como testimonio, pero a mí me interesa como herramienta», afirmó.

Aquel dinero del concurso, además de para un atlas, dio para un billete a la isla caribeña Dominica, con «selvas maravillosas, sin turismo porque no tenía playas de arena blanca y en la que quedaban los últimos tres mil indios caribes».

Vivió diez años en Zaire, con los gorilas de altura, pero su instantánea favorita es de Patagonia

Tres meses que le sirvieron para conocer a una «gente muy especial, con un régimen monárquico democrático» y en la que confía en haber dejado alguna semilla. Por ejemplo, en Elvis, «el ladronzuelo del pueblo», al que le pedía que les consiguiese algunos tomates y que actualmente es el guía más reputado de la isla para unos pocos turistas que, ahora sí, ya llegan allí. «En un ataque de arrogancia me gusta pensar que aquellas conversaciones en las que les aconsejábamos que cuidasen a los escarabajos para enseñarlos a los turistas en vez de matarlos sirvieron para algo», confesó. Porque el amor por naturaleza y la conservación guían el trabajo de las expediciones con las que Juan Pablo Moreiras profundiza en los problemas y conflictos de distintas partes del mundo. Pero que nadie se equivoque, «no soy un moralista. Hay que talar, pero tenemos que negociar cuándo, dónde y cómo», advirtió.

Después de Dominica visitó algunos países más hasta que lo llamaron para una exposición multidisciplinar cuyo tema principal era la rana gigante. En la isla de Montserrat, en la que estaban diseñando una estrategia de biodiversidad, se pasó otros tres meses y tuvo la «suerte y desgracia» de coincidir, e inmortalizar, el volcán que en 1995 entró en erupción, obligando a evacuar la isla.

Fotografías impactantes que le abrieron las puertas del Reino Unido, donde «el abanico de proyectos (conservacionistas) es tremendo», logrando enrolarse en una de las historias que más le fascina, la de los gorilas de altura. Diez años estuvo viviendo en Zaire «y ya no sabía que más historias inventarme para seguir allí» porque en ese tiempo Moreiras fotografió todo lo fotografiable. Así que, durante un tiempo, hizo de guía y tuvo la oportunidad de compartir expedición con Sebastião Salgado, Premio Príncipe de Asturias de las Artes, con el que volvió a coincidir en la Patagonia, donde realizó una de sus fotografías favoritas, publicada por la revista Fauna & Flora bajo el título 'Los dominios del cóndor'. Durante catorce días persiguió una foto, con sus cinco horas de acceso por trayecto hasta el mirador en burro y a pie, hasta conseguir que el rayo que durante «segundo y medio» se colaba entre dos picos.

Esa es la forma de trabajar que le gusta, ahora que la fotografía analógica es cosa del pasado y sobre el ordenador se retoca y manipula hasta lograr colores imposibles. No lo critica, pero Moreiras no lo considera ético para el fotoperiodismo. Él defiende la realidad de una fotografía, la que se encuentra en su exposición 'Frágil', en el Centro Municipal de Arte y Exposiciones.

Fotos

Vídeos