«'Fuente Ovejuna' no refleja el ideal de un pueblo unido frente a la injusticia»

Javier Hernández-Simón dirige a la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico en 'Fuente Ovejuna'. / LVA
Javier Hernández-Simón dirige a la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico en 'Fuente Ovejuna'. / LVA

«¿Todos a una? Esa es la duda que planteamos. Los personajes no son tan solidarios frente a los abusos del poder salvo cuando les toca a ellos»Javier Hernández-Simón Director de 'Fuente Ovejuna'

J. F. GALÁN AVILÉS.

La Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico representa este sábado en el Niemeyer (21.30 horas) 'Fuente Ovejuna', una adaptación del drama colectivo de Lope de Vega que choca con el icono de símbolo de unión del pueblo contra la opresión que se atribuye a este clásico de la literatura del Siglo de Oro, escrito en 1613 en base a hechos reales, el levantamiento del pueblo homónimo en tiempos de los Reyes Católicos. Con veintitrés actores sobre el escenario, Javier Hernández-Simón es su director.

-Es una de las obras más representadas de la literatura del Siglo de Oro. ¿Qué aporta esta versión?

-'Fuente Ovejuna' se ha representado como el ideal de un pueblo revolucionario, de su unidad como ente unitario en busca de la justicia. Lo diferente de nuestra propuesta es que no observamos que ese pueblo sea tan solidario ni tan idealizado.

«La juventud del elenco solo condiciona en el mejor sentido, su formación es extraordinaria»«Entendemos la obra no como la rebelión de un pueblo oprimido, sino como una venganza»

-¿Cómo se representa?

-Como un pueblo que mira hacia otro lado mientras la injusticia no le toca directamente. Los personajes de 'Fuente Ovejuna' están en la inacción, no son tan solidarios frente a los que sufren los abusos del poder salvo cuando ese abuso se produce frente a las fuerzas vivas del pueblo. Es entonces cuando se levanta en armas. Nosotros nos preguntamos por qué como sociedad repetimos una y otra vez ese hecho, permitir el abuso de poder y mirar para otro lado cuando no nos afecta en primera persona.

-¿Está en desacuerdo con el concepto de 'Fuente Ovejuna' como un canto a la solidaridad del pueblo?

-Cada generación, cada momento histórico y social, tiene su propia lectura de los clásicos, y durante el contexto de la dictadura o del gobierno de Stalin fomentar esa idea del pueblo como ente revolucionario y romántico resultaba interesante. Nosotros vemos lo contrario, una sociedad insolidaria cuyos individuos no mueven un dedo mientras no padecen la injusticia en sus propias carnes. Es un poco lo que pasa hoy en día, esa gran capacidad que tenemos para mirar hacia otro lado. Para mí es una obra que habla sobre el miedo, el miedo a hacer, a señalarse, a establecer una posición frente a lo que ocurre a nuestro alrededor y frente al poder establecido.

-Entonces, lo de ¿'todos a una'?

-Solo se dice una vez, en mitad de un verso, y pasa bastante desapercibida, hay que estar muy atento para oírla. Esa es la duda que plantemos. ¿Todos a una? ¿Seguro?

-El paralelismo con la situación actual parece evidente.

-Lo es. Entendemos la obra no como la rebelión de un pueblo oprimido, sino cono una venganza. Fuente Ovejuna se revuelve contra el síntoma de un sistema, no contra el sistema en sí. Nada más matar al comendador van a rendir pleitesía a los Reyes Católicos, que también les ha oprimido. ¿Se puede estructurar un sistema social mejor a partir de una venganza? Decía Alfonso Sastre que la injusticia es algo terrible, pero que la crueldad es su cómplice. Sí, hay grandes paralelismos con la actualidad. Cuando diseñé la puesta en escena no pude dejar de pensar en los sucesos de Libia, en el linchamiento de Gadafi, lo que vino después no fue mejor. Basar un cambio de régimen en la violencia es colocar los cimientos para que esa violencia siga ejerciéndose sobre el pueblo.

-¿Es una versión respetuosa con el original?

-Absolutamente leal.

-¿Es una obra cruel?

-Hay violencia, linchamientos, violaciones, actos atroces tanto por parte del pueblo como del poder, en ese aspecto no salvamos a nadie, intentamos ver a los personajes con distancia y juzgar lo que hacen. Yo el romanticismo no lo veo por ningún lado. ¿Lo que hizo Fuente Ovejuna está legitimado? Siempre se ha dicho que lo que hacía el comendador daba derecho a matarlo, pero no. Daba derecho a un juicio.

-No solo lo matan, también pasean su cabeza por el pueblo.

-Lo despedazan, lo desfiguran, lo desmembran, lo decapitan. Es un hecho verídico, un acto de absoluta barbarie. Lo que hace el comendador es vil, mezquino, horrible y rastrero pero insisto, eso no daba derecho a matarle. Incluso ese tipo de gente merece un juicio.

-¿Un reparto tan joven condiciona el montaje?

-Condiciona en el sentido de que uno tiene que tener en cuenta las virtudes que atesora un elenco con una extraordinaria formación en el trabajo, en el canto y en la expresión corporal que hay que aprovechar. Hemos procurado que la puesta en escena y el montaje sea muy dinámico y el resultado es una obra muy energética, con mucha fuerza, que no está dejando indiferente a nadie. Sí, esa juventud condiciona, pero en el mejor sentido de la palabra.

-¿Dirigir a más de veinte actores sobre el escenario supone una dificultad añadida?

-En 'Fuente Ovejuna' el protagonista es el pueblo, y a partir de ahí planteamos una puesta en escena en la que todos los actores están casi siempre en escena para que el público pueda ver sus reacciones.

-Son muchas a un mismo tiempo.

-Hemos trabajado la idea del personaje colectivo, la suma de todo los individuos que forman ese pueblo. Cada actor tiene una biografía, una forma de entender lo que sucede y una reacción concreta. El público puede pasarse la obra mirando hacia donde quiera. Siempre pasan cosas diferentes, diferentes puntos de vista sobre los mismos acontecimientos.

-El original está escrito en verso. ¿Supone una barrera para la dramaturgia?

-Para nada. El verso es el mundo en el que se mueve la Joven Compañía de Teatro Clásico así que lejos de ser un impedimento es lo contrario. El trabajo en verso busca la belleza de la palabra, y estos actores tienen una formación tan sólida que oírles hablar en verso además de delicioso ayuda a entender mucho mejor la historia y lo que sucede sobre el escenario.

-¿Cómo arranca la obra?

-Hemos creado un espacio simbólico, una especie de plaza de toros, casi un encierro, en la que se desarrolla una escena musical y física, sin texto, un prólogo ritualizado en el que se van marcando las reglas del juego, de lo que se va a ver durante el resto de la obra, una especie de juego con una vaquilla en la que ya se percibe el miedo y la crueldad de ese pueblo.

-¿Qué papel juega la música?

-Es casi un personaje más que nos va guiando en el estado anímico del pueblo. Esa una composición original de Álvaro Renedo y aunque hay una parte grabada, la mayoría la interpretan los propios actores sobre el escenario, ya sea en forma de canciones o de atmósferas sonoras.

-¿Que le diría al público para animarle a acudir a la obra?

-Que es uno de uno de los textos más bellos de la literatura español, una obra sorprendente y enérgica interpretada por un gran elenco de actores que les va a hacer pensar un poco en nuestra sociedad. Y además, se van a divertir mucho.

-Ya por último, ¿cómo ve la situación del teatro español?

-Pese a que la bajada del IVA cultural es una buena noticia, en Madrid el 92% de los actores están en paro, y eso no es síntoma de que el teatro empiece a asomar la cabeza. La crisis ha puesto de manifiesto que a poco que soplen malos vientos el sector se tambalea y que necesita apoyos sólidos y estructurados mediante una ley del teatro.

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