«No tengo fuerzas», últimas palabras de Élida a su compañero al intentar rescatarla

Muchos amigos acudieron al tanatorio a despedir a Élida Fernández y apoyar a su familia. / PATRICIA BREGÓN
Muchos amigos acudieron al tanatorio a despedir a Élida Fernández y apoyar a su familia. / PATRICIA BREGÓN

Pablo Álvarez trató de ayudarla a salir de entre los bloques de hormigón antes de volver a tierra para pedir ayuda

SHEYLA GONZÁLEZ AVILÉS.

El fuerte golpe contra los bloques de hormigón del espigón de San Juan impidió a Élida Fernández salir por su propio pie de la escollera. La mujer, fallecida el pasado sábado al ser arrastrada por una ola, quedó atrapada entre dos de los grandes cubos de hormigón. El golpe producido al caer la habría dejado sin fuerzas, como ella misma le reconoció a su compañero, Pablo Álvarez, que también fue arrastrado por la ola y sufrió heridas.

El corredor que logró mantenerse firme intentó ayudarla a salir de entre los bloques. Fue en el momento en el que tiró de Élida para ayudarla a subir cuando ella misma le decía: «no tengo fuerzas para salir», narraban ayer algunos de sus compañeros. Esto hizo que Pablo decidiera subir de nuevo al espigón en busca de ayuda externa. Son las últimas palabras que Élida Fernández pudo decirle a su compañero de carreras, ya que otra ola impidió que él, un bombero y un agente de la Policía Local llegaran a auxiliarla. El mismo sábado se le practicaba la autopsia para dilucidar si el fallecimiento se había producido por el golpe contra el hormigón o bien por ahogamiento.

Los integrantes del grupo de rescate de Bomberos del SEPA lograron sacarla de entre los bloques con «un pequeño hilo de vida». Tras una larga hora en la que tanto el médico del grupo como el equipo médico de la UVI Móvil, trasladada hasta el lugar, le practicaron maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) la mujer perdía la vida «haciendo lo que más le gustaba», comentaban ayer sus conocidos en el tanatorio.

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«Creí que me moría»

En el accidente resultaron heridos también el bombero, que sufrió magulladuras, y el policía local, Daniel Wei, que fueron arrastrados junto a Pablo Álvarez por una segunda ola. Tanto Wei como Pablo recibían ayer el alta en el Hospital San Agustín. El primero recuerda esos instantes como «desconcertantes». La ola llegó cuando estaban sobre el espigón cerca de la zona en la que se encontraba Élida atrapada, pero nunca llegaron a verla. «Vimos la ola, intentamos correr para atrás, pero nos pilló. Durante el primer revolcón, que debió durar unos segundos, recuerdo notarme desconcertado, sin saber donde estaba. Era como una lavadora, me llevaba golpes contra todos los bloques de hormigón», recuerda Wei.

Él descansa ahora en casa de las heridas que sufre, catorce puntos en la cabeza, dos vértebras aplastadas, un hombro dislocado y una fractura en el pie, «nadie lo vio hasta que por la mañana empecé a notar el dolor. Como me dolía todo el cuerpo no sabía qué más podía tener», confesó el agente. Daniel Wei recuerda como la ola le llevó a tres metros bajo la explanada del espigón. «No veía a mi compañero ni a nadie. Solo el borde del hormigón. Hubo un momento, cuando estaba bajo el agua, que creí que me moría, que me iba con Élida», lamentó.

De igual manera, su compañero Antonio Moya vivió los «diez minutos más angustiosos de toda mi vida». Llegó a la zona a la vez que Wei desde Piedras Blancas, donde patrullaban. «Él se adelantó mientras yo aparcaba el coche y cogía una cuerda de rescate. Cuando quise llegar al espigón vi como la ola se lo llevaba junto a los otros dos chicos. Dejé de verle y pensé que se moría», recalcó. El agente insistía ayer que fue «cuestión de tres segundos». Él se puso el chaleco salvavidas para intentar ayudar a los hombres, pero los perdió de vista y tuvo que ser el helicóptero quien los sacara. «Wei tuvo la suerte de caer en las piedras, si la ola lo lleva hacia el mar se hubiera ido al fondo porque llevaba todo el equipo, incluido el chaleco antibalas, la emisora y las botas, unos diez kilos de peso».

Los policías presentes señalaban ayer que pese a que el mar estaba «bravo, la pleamar había pasado hacía tres horas. Eso hacía que las olas que chocaban contra el espigón no fueran constantes. Nosotros también nos confiamos, de hecho la ola que se llevó al corredor, al bombero y a Wei les llegaba por las rodillas, pero su fuerza era enorme y por eso pudo con ellos», explicó Antonio Moya. Una versión que refrendó Wei quien comentó que «mientras estuve en las rocas solo una ola más rompió contra el espigón en veinte minutos. Élida y Pablo tuvieron la mala suerte de que cuando pasaron por la zona rompía una, igual que cuando nos acercamos nosotros».

«Siempre haciendo grupo»

Hasta la sala ocho del Tanatorio de Avilés se acercaron ayer cientos de corredores de la ciudad y de otros puntos de Asturias que conocían a Élida Fernández y por ende su «pasión por el deporte. No solo por el atletismo, también por el fútbol», comentó Carmen Ingelmo, corredora avilesina, que insiste en que era «una persona muy prudente, que siempre nos reñía cuando nosotros no íbamos por el lugar correcto». Sus familiares, rodeados de amigos, seguían en shock por la noticia.

Élida Fernández llevaba a sus espaldas la unión del grupo de corredores El Parque, que tiene su base en el parque de Ferrera. Allí cada mañana entrenaba rodeada de amigos, como Alba García, quien compartía con ella zancadas «a primera hora del día. Era una mujer muy cariñosa, siempre alegre, haciendo grupo y muy atenta», comentó ayer la atleta, que dirige otro de los grupos de corredores del mismo parque, el Yes We Run. A lo largo de su extensa carrera como atleta, la avilesina forjó grandes amistades como la de Fredy García, uno de los últimos que tuvo la suerte de compartir kilómetros con ella. «Siempre sonreía. Tenía claro que los domingos eran para descansar por eso la tirada larga la hacía los sábados», comentó.

Luz González comenzó en el atletismo de la mano de Élida. «Me dio su ayuda, apoyo y consejos, siempre basados en disfrutar y sonreír y nunca en el sufrimiento», señaló la atleta, que prefiere recordar lo positivo, «me quedaría con un consejo a modo de anécdota que nunca fallaba y a día de hoy pongo en práctica en todos mis entrenos y carreras. Ella nos decía que tras una dura cuesta había que soltar brazos y relajar y para hacerlo había que hacer el movimiento Shakira, moviendo caderas y brazos y respirando», explica.

Su funeral se celebrará hoy, a las 13 horas, en la iglesia de San Nicolás de Bari para después proceder a su incineración en el Tanatorio de Avilés. «Nos va a costar reponernos. Va a ser duro llegar al parque y que ella no esté allí», lamentaron todos.

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