«Tenía ganas de ver a mis amigos»

Entrada de los niños en el colegio del Quirinal, con los padres expectantes al fondo. /MARIETA
Entrada de los niños en el colegio del Quirinal, con los padres expectantes al fondo. / MARIETA

Los niños de Infantil y Primaria regresaron ayer a las aulas con emoción y nervios | El primer día estuvo marcado por la lluvia, el reencuentro con los compañeros y el inicio escalonado de los más pequeños

M. PICHEL AVILÉS.

Carreras con paraguas para encontrar sitio en el patio cubierto. Los niños y los padres del colegio Público del Quirinal desafiaban la mañana gris y lluviosa que los recibió en el primer día de clase. Antes de las nueve ya estaban los de Primaria, pero también algunos de Infantil, los papás de los niños de cinco y seis años, que cambiaban el edificio de los más pequeños por el de los más grandes, y que comenzaban un poco más tarde, para evitar la aglomeración inicial. Un día de reencuentro con los compañeros. «Quería venir porque tenía ganas de ver a mis amigos», le decía Hugo a su mamá.

Los llantos son cada vez menos, y solo entre los niños más pequeños, los de Educación Infantil, que tienen todos los años un comienzo escalonado en el edificio contiguo al principal en el centro educativo del Quirinal. Así van poco a poco, para conseguir una mejor aclimatación, adaptarse a nuevas rutinas, y conocer a los que serán sus nuevos amigos.

Precisamente entre los padres de Infantil del colegio del Quirinal hay una preocupación, que se hizo más patente aún ayer con la lluvia, y es que el patio cubierto donde pasan el recreo los más pequeños, de tres a seis años, se encuentra en obras y aún no se ha empezado a colocar el tejado, por lo que de momento no protege de las inclemencias de un día como el de ayer. La concejala de Educación del Ayuntamiento de Avilés, Yolanda Alonso, se hacía eco del malestar de los progenitores, y de la comunidad educativa, y expresaba su convicción de que estarán listas en plazo, con el día 16 como límite. Según indicó, una de las subcontratas encargadas de los trabajos de reparación de la cubierta, se encontró con un problema al chorrear el óxido para sanear la estructura metálica. «Solo me empezaría a preocupar si llegara el día 16 y no estuviera terminado», explicó la edil.

Siempre cuesta adaptarse a los madrugones, después de un verano que a los niños les parece eterno. Y los hubo a los que costó levantarse. En otros casos, los nervios de la noche hicieron que se pusieran en pie con más diligencia de la habitual, algunos ya a las siete de la mañana. Muchos padres tuvieron que organizarse para poder llevar a sus vástagos hasta el cole y otros, a los que sus horarios laborales no se lo permiten, delegaron en los abuelos. No pocos tiraban también de carricoches, con los hermanos más pequeños, que se quedarían en algunos casos en la guardería, la Escuelina de 0 a 3 años, contigua al centro, y también con gran movimiento ayer.

Todos comentaban las ganas que tenían los niños de volver a ver a sus compañeros, reencontrarse, contarse sus peripecias veraniegas, adónde fueron, los nuevos lugares que conocieron. Y por si acaso quedaba algún margen para la duda, o indecisión al entrar, allí estaban sus maestros para animarlos, para recibirlos como hicieron las profes del último curso de Infantil, con un gran abrazo y muchos besos, de esos que reconfortan a cada uno de ellos.

Casi quedaban más mustios algunos de los padres que los niños al entrar en el centro, con la vuelta al día a día en una jornada de adaptación, mientras se comentaban unos a otros lo que habían crecido en estos meses. Preparando las mil y un preguntas con las que los asaltarían cuando salieran, de momento en horario de verano, a la una de la tarde: «¿Qué tal lo pasaste? ¿Jugaste mucho? ¿Te gustó tu nueva clase?».

Nuevo comedor en Raíces

La normalidad y el buen ambiente fue la tónica en las escuelas de la comarca. Lo confirmaba la directora del Colegio Público Castillo de Gauzón, en Raíces, Teresa López Miranda, que este año ha conseguido estrenar un muy reclamado comedor escolar, para satisfacción de la comunidad educativa. «El primer día siempre es un momento muy especial, tanto para el profesorado, muy ilusionado con el reencuentro con nuestros alumnos, como para los niños, a los que recibimos con carteles de bienvenida, globos y caramelos», expresaba. La algarabía se trasladaba a continuación a las aulas. «Hubo tiempo para los abrazos, los juegos, cánticos...», repasaba Teresa. A partir de ahora, todos se instalarán en las rutinas de siempre.

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