La Granda reivindica el potencial de Rusia como un aliado de Occidente

Sergio Sysoev y Emilio de Diego durante el descanso de la sesión matinal celebrada ayer en La Granda. / MARIETA
Sergio Sysoev y Emilio de Diego durante el descanso de la sesión matinal celebrada ayer en La Granda. / MARIETA

El curso dedicado al análisis del centenario de la Revolución Rusa manifiesta las tensiones provocadas en el país por las naciones extranjeras

FERNANDO DEL BUSTO LA GRANDA.

Se responsabiliza a Winston Churchill de haber definido a Rusia como un acertijo envuelto de misterio dentro de un enigma, una cita que sirve para ilustrar las dificultades de las relaciones entre Rusia, una país de dimensiones continentales, con las naciones occidentales. Desde ayer, los cursos de La Granda tratan de aportar un poco de luz con el seminario sobre el centenario de la Revolución Rusa que dirige el doctor Emilio de Diego, de la Universidad Complutense.

«La Rusia actual es muy diferente al país de 1917», recordó el director del seminario destacando como tras la caída del comunismo el país evolucionó hacia modelos liberales y capitalistas «a la rusa». En la actualidad, el país presidido por Vladimir Putin es «una gran potencia que reclama su espacio en un mundo multipolar».

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De ahí que De Diego advierta sobre la necesidad de «no satanizar a una nación tan importante. Estados Unidos se equivoca con esa actitud y debería corregirla. La Unión Europea debe ver en ella a un gran aliado y no a un enemigo». Las posibilidades de colaboración son inmensas, algunas, incluso, de triste actualidad, como la lucha contra el terrorismo yihadista. «Como ha sucedido en Siria, puede ser un aliado definitivo. Debemos superar los esquemas negativos de la Guerra Fría», aseguró el director.

La intervención de Sergio Sysoev, consultor en CDL Global Consulting y antiguo diplomático ruso, también contribuyó a trazar ese paralelismo entre los sucesos de hace cien años y la actualidad, además de reivindicar la importancia estratégica de su país.

Sysoev encuentra un punto en común entre los sucesos de hace un siglo y la actualidad: la voluntad de potencias extranjeras para interferir en Rusia, «para debilitarla y descomponerla». Con un punto de ironía, el consultor recordó que «no necesitamos ayuda extranjera, en algunos momentos de nuestra historia, como hace cien años o en 1991, los rusos hemos demostrado que podemos destruir a nuestro país».

Pero, más allá de la broma, la realidad es que Rusia es una nación con una historia milenaria, con momentos muy difíciles pero donde «el pueblo está orgulloso de su país, de ahí que ante una amenaza exterior se una para luchar hasta el final». En este sentido, el consultor internacional comenta que los rusos vivieron los años posteriores a la caída de la Unión Soviética como «una época de humillación, en la que no se contaba con un país que había sido muy importante».

De ahí la trascendencia de la presidencia de Putin para sintonizar con esa percepción y sanar esas heridas. «En 2007, en su discurso en el Foro Mundial de Seguridad de Munich, Putin presentó el nuevo estatus de Rusia. No serán una amenaza, pero tampoco quiere ser relegado», comentó

De ahí que Sysoev considera innecesaria las tensiones entre Occidente y Rusia. «Después de la Guerra Fría, ya no existe un argumento ideológico. Rusia es un país liberal y capitalista, incluso más que muchos países occidentales; es un país abierto», aseguró el exdiplomático. Es más, subrayó que «Rusia no está interesada en ningún enfrentamiento, ha reducido su ejército y no sería capaz de ganar una guerra contra la OTAN, tampoco es su intención».

De ahí que defienda las ventajas que representaría una alianza de Rusia con Occidente. No es una posición nueva. Ayer recordó como tras la caída del comunista «en Estados Unidos se plantearon dos opciones. Una defendía la integración de Rusia, incluso se hablaba de su incorporación a la Unión Europea y la OTAN, y otra que quería sacar todos los frutos posibles de Rusia, que fue la que se impuso».

Sergio Sysoev enmarcó los focos de tensión actuales entre Rusia y Europa, especialmente en los países bálticos y en Ucrania, en esa dinámica de intentar acortar espacios a Rusia. «En la época de Gorbachov se acordó que la OTAN no incorporaría a los Países del Pacto de Varsovia, pero sí lo hizo. Los ejércitos de la OTAN estaban antes en Alemania y ahora llegan a la frontera con Rusia. Rusia despliega a sus tropas en su territorio, eso es legítimo», comenta, destacando que Rusia ha aprovechado para fortalecer sus infraestructuras y no tener que necesitar las salidas naturales de los países bálticos.

En Ucrania, la situación es más compleja, ya se encontraba muy vinculada a Rusia, según destaca Sysoev. «Un tercio del potencial industrial de la URSS estaba en Ucrania. Ellos rompieron un mercado y se encontraron con que Rusia puede vivir sin Ucrania, pero Ucrania necesita a Rusia y existen muchos matrimonios entre rusos y ucranianos. El nacionalismo ucraniano es un fenómeno que nace en el siglo XIX provocado por el Imperio Astrohúngaro para debilitar a Rusia», concluye.

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