El grupo Inma continúa investigando las afecciones respiratorias crónicas

La investigadora Adonina Tardón. / PABLO LORENZANA
La investigadora Adonina Tardón. / PABLO LORENZANA

E. F. AVILÉS.

Por el momento, las conclusiones obtenidas por el grupo de investigación de la Cohorte Inma Asturias sobre cómo afecta la contaminación atmosférica a la salud y desarrollo del sistema respiratorio en la infancia concluye que «si existe mayor nivel de contaminación atmosférica cerca de las zonas donde viven los niños, esta se asocia a una mayor presencia de enfermedades respiratorias de repetición durante los dos primeros años de vida. No podemos olvidar que somos la comunidad autónoma con mayor índice de infección respiratoria en niños de todas las que participan en el proyecto Inma», explica la doctora Tardón.

En estos momentos, la investigación se centra en observar si estos problemas respiratorios vinculados a la contaminación atmosférica se cronifican y dan paso a la aparición de otras patologías. «Estamos estudiando la presencia de asma o cualquier otra infección respiratoria crónica como sibilancias u otros problemas», apunta la científica.

Constatada la relación entre la calidad del aire y el desarrollo respiratorio infantil, la doctora Tardón insiste en recomendar que «se mantengan los niveles de contaminación dentro de las límites establecidos».

Adonina Tardón añade que «escapes como el último producido en Llaranes no son en absoluto deseables. No son accidentes con un efecto mortal inmediato, pero sí perjudican a la población a la largo plazo», explica.

En este sentido, la directora del proyecto Inma Asturias destaca la buena sintonía establecida con la administración autonómica. «Durante los años que llevamos trabajando este tema, creemos que el Principado se ha mostrado comprometido, en la medida de sus posibilidades, con la vigilancia de la salud ambiental. Quizá nosotros hemos tenido algo que ver, al demostrar que si hay humo y partículas, la salud respiratoria de los niños es peor», añade.

Por otro lado, y tras constatar que la contaminación ambiental produce alteraciones del desarollo del aparato reproductor, como la pubertad precoz de las chicas y la dificultad para el descenso testicular en los chicos, Adonina Tardón se plantea observar cómo afecta a otras etapas. «Nos gustaría poder seguir investigando con nuestra cohorte Inma y continuar, si es posible, hasta los 16 ó 18 años de edad. Esto nos permitiría observar, algo crucial, porque podríamos completar nuestra seguimiento del niño desde la gestación hasta la edad adulta».

Una de las cosas que también permanece en la agenda de esta investigadora de la Universidad de Oviedo es seguir fomentando la concienciación social como medio no sólo para mejorar los problemas de salud derivados de la contaminación ambiental, sino llegar a frenarlos y prevenirlos. «Hay que dejar de utilizar insecticidas, ambientadores y productos de limpieza agresivos, así como prescindir de los plásticos en nuestra cocina y de todo tipo de tejidos y moquetas sintéticas, comer productos de origen sostenible», aconseja.

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