«Me gusta que en mis espectáculos aparezcan curvas cuando no las espero»

Luis Piedrahita en una imagen de su participación en el Festival de Magia de Avilés. /  MARIETA
Luis Piedrahita en una imagen de su participación en el Festival de Magia de Avilés. / MARIETA

Piedrahita presenta el sábado en el Niemeyer 'Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas', donde el público tiene su protagonismo Luis Piedrahita Humorista

YOLANDA DE LUIS AVILÉS.

El polifacético Luis Piedrahita llenará este fin de semana al Centro Niemeyer. Trae a la ciudad espectáculo 'Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas', que estrenó hace más de un año y que no ha parado de cosechar éxitos no solo en Madrid sino por toda España. Piedrahita se sube al escenario del auditorio el sábado a las 20.30 horas.

-Lleva más de un año con este espectáculo, ¿ha ido cambiando con el paso del tiempo?

-Hasta que un día decides que el espectáculo ha terminado no dejas de introducir variaciones que contribuyen a que vaya mejorando. Por eso el día que decides que no volverás a representarlo tiene una parte triste, porque es cuando mejor es el espectáculo.

«Es mi mejor trabajo hasta ahora gracias a la colaboración del gran Rodrigo Sopeña» «En los próximos cinco años quiero preparar un espectáculo de magia, pero lleva mucho tiempo»

-Lo que sí cambia en cada representación es el público y a usted le gusta interactuar con él.

-Eso es lo que cambia cada día. En este espectáculo hay una parte dedicada a la improvisación en la que los espectadores me proponen temas. Es algo muy bueno, sino sería aburrido. Cuando uno se sube al escenario corre el riesgo de recitar de memoria y si es así bajas la guardia y sucede como en los accidentes de tráfico, que cuando crees que conoces la carretera ya no prestas atención. A mi me gusta que en mis espectáculos aparezcan curvas cuando no las espero. Eso hace que cada día sea distinto, me mantenga alerta, me entretenga y me ilusione y eso hace que el espectador sienta lo mismo, también se entretenga e ilusione.

-¿Alguna vez algún espectador ha hecho que se quede en silencio?

-Puede que sí. El silencio es una forma de comunicación, una palabra más. Muchas veces las sugerencias del espectador son tan buenas que no hace falta responder. Yo no trato de ser el más ingenioso cuando lo que ha dicho el espectador es lo mejor, eso lo que merece es un silencio. Además, el silencio es fundamental en el humor, si hablase sin parar sería más como una arenga, un discurso militar, por eso me gusta quedarme en silencio voluntariamente.

-¿Cuál es la clave para que un espectáculo llene función tras función durante más de un año?

-Este espectáculo para mi es el más divertido de los que he hecho hasta ahora. Es el primero en el que he querido contar con ayuda de amigos guionistas que me han echado una mano con sugerencias sobre los textos o corrigiendo mis 'vicios'. Para eso ha estado J. J. Vaquero y el ilustre asturiano y gran amigo y gran guionista Rodrigo Sopeña. Por eso este espectáculo es el más completo que he hecho. La gente no solo se ríe, que lo hace cada treinta segundos, sino que la risa tiene matices muy importantes. A veces escucho, por ejemplo, risas de complicidad o de otro tipo. Por eso pienso que es el mejor espectáculo que he hecho hasta ahora gracias al gran Rodrigo Sopeña y recalco lo de gran.

-¿Tiene ya fecha para finalizar este espectáculo y presentar uno nuevo?

-De momento no. Está funcionando muy bien. En Madrid ya estamos en la segunda temporada y colgando en casi todas las representaciones el cartel de no hay entradas. En Avilés este fin de semana lo mismo, también en Ferrol... Está funcionando muy bien y está gustando mucho por lo que todavía no sé cuando será el último espectáculo.

-Un hombre tan polifacético como usted seguro que tiene algo en mente.

-Me acaban de llamar para decirme que el libro 'Cambiando muy poco algo pasa de estar bien escrito a estar mal escroto' ha agotado su primera edición y se acaba de reeditar. Estamos pensando en una segunda parte, pero como pronto será en 2019. Y sigo con 'El Hormiguero', mis colaboraciones en 'La Ventana' de la Ser y algún día, en los próximos cinco años, querré preparar un espectáculo de magia, pero eso lleva muchísimo tiempo.

-¿Y el cine?

-Es más complicado que cualquier otra de las cosas en las que trabajo. Todos los otros proyectos los puedo abarcar yo solo, pero una película tiene muchas más manos y los astros se tienen que alinear para que salga otra película como 'La habitación de Fermat', si los astros se alinean yo estaría encantado.

-Los gallegos y los asturianos, como dice el dicho, primos hermanos, pero su humor es muy distinto. Ha estado ya en varias ocasiones en Avilés, ¿entiende su humor el público avilesino?

-¿Usted cree? Yo pienso que el humor del norte de España es todo similar, bastante oscuro. Pero, en todo caso, yo creo que el humor no es patrimonio geográfico. Al final no es un humor tan distinto. El humor es un mecanismo de defensa y los gallegos y los asturianos nos hemos tenido que defender de lo mismo, de la lluvia... y también de estar fuera, ¿verdad?

-Hace ya un tiempo que surgió en España con fuerza el monólogo como forma de espectáculo, ¿cuál es el secreto para mantenerse después de tantos años en un mundo en que cada día surgen más profesionales?

-'El Club de la Comedia' nació hace casi veinte años. Empezamos este programa con un grupo de guionistas. Creo que la gente piensa que aparentemente hacer monólogos es fácil por eso hace que muchas personas lo intenten, pero son pocos los que siguen. Esos que permanecen, lo consiguen gracias a ir innovando poco a poco y haciendo las cosas cada vez mejor. Vamos, como cualquier profesional. Los monólogos es una forma artística que continuará porque tampoco nacieron hace veinte años. Gila ya hacía monólogos y antes Ramón Gómez de la Serna, aunque llamados de otra manera. Es un humor que ha existido siempre y continuará existiendo.

-¿Existe una receta para que el monólogo guste? ¿Me refiero a si hay que introducir unos temas o unas claves concretas?

-No. Todo los que se hace con recetas y con claves concretas es enemigo de los artístico. Una receta es buena porque es única, es la que conoce una persona, pero cuando ya es compartida por todo el mundo hablamos de industrialización. El fin de el humor es que la gente disfrute, que lo pase bien. Si hubiera una receta, que creo que no la hay, yo aseguro que la contraria a esa receta también funcionaría porque el arte es precisamente eso, todo lo contrario a lo enlatado e industrializado. Algo que todo el mundo puede hacer no es arte.

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