«Me gustaría que mis libros fuesen experiencias vitales para los lectores»

Antonio Orejudo estará mañana en el Niemeyer. / PALOMA UCHA
Antonio Orejudo estará mañana en el Niemeyer. / PALOMA UCHA

El madrileño, autor de 'Los cinco y yo', un importante éxito editorial, protagoniza mañana el Ciclo de Palabra en el NiemeyerAntonio Orejudo Escritor

M. PICHEL AVILÉS.

Antonio Orejudo (Madrid, 1963), es profesor de Literatura en la Universidad de Almería y uno de los escritores más en forma del panorama nacional. Su última obra, 'Los cinco y yo', que se ha ganado a la crítica, pero sobre todo a los lectores, es una glosa en clave autobiográfica de su generación, la de los 60, con la que se muestra muy crítica, «porque no hemos hecho nada», dice. Mañana protagonizará el Ciclo de Palabra del Centro Niemeyer, a las ocho de la tarde. La entrada cuesta un euro. Será su primera vez en Avilés. «Nunca he estado ante un auditorio tan grande», confiesa.

-¿Había estado en Avilés?

-No, pero con Asturias sí tengo mucha relación. Mi primera novela ['Fabulosas narraciones por historias'] ganó el Tigre Juan, y allí tengo amigos y familia.

«La institución literaria va camino de convertirse en lo que hoy es la filatélica»

-¿Le gusta el contacto directo con los lectores?

-De todos los actos con los lectores, puesto que suele ir gente que ha leído el libro, son los más satisfactorios. A un escritor no hay que pedirle que tenga que hablar bien en público, yo soy 'profe' y gracias a eso estoy curado de espanto, pero hay gente que se le da mal. Es muy enriquecedor y recomendable. Si alguien prefiere no salir de la madriguera, como Salinger, es una opción.

-¿No se corre el riesgo de defraudar las expectativas del público?

-Sí, siempre. Antes los escritores 'solo' tenían que ser buenos escritores. Ahora hay que desarrollar una dimensión pública en la que no pensábamos. Los novelistas no tenemos que ser muy inteligentes, tenemos que saber contar una historia, que es muy diferente.

-¿Con lo difícil que es contar bien?

-Contar historias es una habilidad que se entrena y se mejora, que no requiere inteligencia, sí una técnica y probablemente un cierto don, que hace que no todo sea pico y pala.

-¿Piensa en el lector al escribir?

-Claro, y miente el escritor que diga lo contrario. Este pensar en los lectores tiene muchos grados, el mínimo es escribir en una lengua común, reconociendo una comunidad de hablantes. El grado máximo sería el escritor de bestsellers. Entre ambos, hay un montón de posibilidades intermedias, y en alguna de ellas estoy yo. Sí, pienso en el público, no tanto para darle lo que quiere, porque no me muero por que la gente me lea y no estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para que me lean, pero también pienso en mí y en la manera que quiero decirlo.

-Como docente, cómo ve a la generación actual, ¿se engancha a la literatura?

-No desempeña en sus vidas el papel central que desempeñó en la mía. Leen, y algunos escribirán, pero me da la impresión que no leen lo que considero que deben. La institución literaria va camino de convertirse en lo que hoy es la filatélica.

-¿Qué deberían leer?

-El 'Libro del buen amor', 'Lazarillo de Tormes', 'La Celestina', 'El Quijote', 'Fortunata y Jacinta'... Del siglo XX, a Proust, a Joyce, a Faulkner, a García Márquez, a Vargas Llosa, a Beckett, a Borges.

-¿'Los cinco y yo' es un ajuste de cuentas con su generación?

-No es su principal función, pero tenía que explicar cómo era la gente que vivió mi niñez en los setenta, y cómo hemos sido adultos.

-Ha dicho que escogió 'Los cinco' como punto de partida porque eran libros que se vivían. ¿Le gustaría que los suyos también fuesen así?

-Claro que me gustaría que mis libros fuesen experiencias vitales para los lectores. Es muy difícil. Añoro mucho esa lectura de mi infancia que es irrecuperable. Ojalá mis obras fueran más experiencias que lecturas racionales, aunque sólo porque con eso me garantizaría una perdurabilidad que los productos intelectuales no tienen.

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