Hermanos Orbón, la pieza por encajar en la estructura del centro histórico

Vista de la plaza de los Hermanos Orbón. / MARIETA
Vista de la plaza de los Hermanos Orbón. / MARIETA

El debate sobre el mantenimiento de la actividad comercial en el recinto se encuentra latente mientras se reclama más protección

F. DEL BUSTO AVILÉS.

En los años noventa del pasado siglo, cuando el Ayuntamiento de Avilés pisa el acelerador de la recuperación del centro histórico se optó por una estrategia basada en inversión pública para regenerar los espacios urbanos y peatonalizarlos esperando que la iniciativa privada los dotase de contenidos empresariales y también residenciales.

En esa estrategia, la plaza Hermanos Orbón ha sido uno de los elementos más complejos de definir, tal vez el que más; hasta el punto que el debate sobre su uso se encuentra latente. Cada vez hay más voces que comienzan a decir en alto que habría que reflexionar sobre la conveniencia o no de mantener en ese lugar la actividad comercial. Un tema complejo, es cierto. En buena medida porque el mercado de Avilés es algo más que un ejercicio comercial; forma parte del sentimiento de los avilesinos.

Cuando en el siglo XIX se planteó la construcción de la Plaza Nueva (el nombre Hermanos Orbón no llegaría hasta los años treinta del pasado siglo) tan sólo se pensaba en un ensanche de la ciudad aprovechando la desecación de las marismas y la primera canalización del río Tuluergo.

La primera propuesta de Pedro Cobreros incluía un jardín en el actual mercado, si bien los debates de la época terminaron desechando esa idea para crear un mercado y aprovechar el perímetro para la cita semanal que data del siglo XV y que se repartía por el centro de la ciudad, una imagen que, curiosamente, se repitió entre 1992 y 1995 cuando las primeras obras de reforma de la plaza.

De esa manera, casi con el siglo XX comenzaba un modelo comercial basado en pequeños puestos que fue un éxito durante casi toda la centuria. A lo largo de ella, se incorporaron más puestos y mantuvo su pujanza hasta los años ochenta del pasado siglo, cuando se consolida un cambio en los hábitos comerciales de los consumidores con la generalización de los primeros supermercados de proximidad y, posteriormente, las grandes superficies.

Avilés no era ajena a un proceso que se vivía en todo el país y que obligaba a rehabilitaciones en los mercados tradicionales y cambios para adaptarlos a los nuevos tiempos. En Avilés, la dificultad se incrementaba por la existencia del perímetro residencial que también necesitaba conservación.

Cuando en los años 80 se plantea la necesidad de reformar la plaza, se lanza una idea con un padre tan notable como el arquitecto José María Pérez, 'Peridis': dejar el espacio central libre para usos lúdicos y sociales y trasladar el mercado a otra zona de la ciudad. La propuesta generó vértigo y se archivó, aunque en el concurso de ideas convocado para rehabilitar el mercado quedó en segundo lugar la propuesta de soterrar el mercado y despejar la plaza.

En 1992, comenzaba la reforma bajo el proyecto de los arquitectos Rogelio Ruiz y Macario Luis González. Las obras se alargaban tres años por su complejidad (había que trasladar transformadores de media tensión, entre otros) y recuperaban el mercado. En ese tiempo, el mercado semanal se repartía por el casco histórico y el resto de comercio ocupaba diferentes locales por el centro de la ciudad.

Finalizadas las obras, el retorno de la actividad a la plaza no implicaba un aumento de la actividad comercial. A ello se unían las dificultades en el mantenimiento y las quejas de los comerciantes. El deterioro iba a más y el Ayuntamiento, ya en el presente siglo, volvía a plantear una reforma para solucionar los problemas denunciados.

En las conversaciones previas, se tanteaba la posibilidad de un abandono definitivo de Hermanos Orbón. La idea era aprovechar la intervención prevista en la pista de La Exposición para construir un nuevo mercado, reservando parte del aparcamiento para la carga y descarga comercial.

Revitalización

La idea era rechazada y se optaba por una nueva rehabilitación del mercado. Tras un concurso público, en 2008 la asumían los comerciantes con una concesión de cuarenta años más veinte de prórroga. Mientras duraban los trabajos, se instalaban de manera provisional en Las Meanas. La nueva ubicación disparaba las ventas hasta el punto que llegó a plantearse la posibilidad de quedar en la zona, pero, con el concurso adjudicado, se desestimó. Pero se demostraba que el traslado no era una locura.Y más aún cuando en los últimos años la actividad hostelera ha revitalizado el perímetro y demuestra el potencial de la plaza como un lugar de ocio y encuentro. No cabe duda de que se trata de un debate complejo, pero que la ciudad deberá volver a afrontar para culminar la definición del centro histórico.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos