«Hacer historieta da más libertar que el cine y la tele»

Matz y Culbard, prestigio internacional en las Jornadas. / MARIETA
Matz y Culbard, prestigio internacional en las Jornadas. / MARIETA

M. P. AVILÉS.

La segunda sesión de las Jornadas del Cómic de Avilés no bajó el pistón en cuanto a la calidad de los participantes. Este miércoles cerraron los coloquios dos grandes, el británico Ian Culbard y el francés Alexis Nolent, 'Matz'. Ambos coincidieron en un aspecto que permite el medio, el mismo que les ayudó a tomar la decisión de cambiar brillantes carreras como director de animación, el primero, y creador de videojuegos, el segundo, para transformarse en autores de culto. «Hacer historieta da más libertad creativa que el cine y la televisión», afirmó con rotundidad Matz.

Para lanzarse al cómic es necesario tener una mente creativa, capaz de mezclar con fluidez la imagen y el texto con finalidad narrativa. «Es un punto intermedio entre la literatura y el cine», en opinión de Culbard, un punto de vista que Matz matiza, porque para él, «no existe una frontera entre cómic y literatura», insistiendo en la «libertad para contar una historia como uno realmente quiera».

El trabajo de Ian Culbard es reconocido por la calidad de sus adaptaciones de clásicos de la literatura, desde el 'Sherlock Holmes' de Conan Doyle, al 'Retrato de Dorian Gray', de Oscar Wilde, o el siempre oscuro Lovecraft. «Cuando trabajo en una adaptación, -resaltaba Culbard- trato de ser fiel al espíritu original. Con Lovecraft, por ejemplo, me libro de esa verborrea, con los diálogos», porque se trata de crear un trabajo con entidad individual, «respetando el espíritu original, deconstruirla, rehacerla, dándole un formato único», según Matz, para otorgarle su sello personal. «Tiene que ser una obra con entidad por méritos propios», como incidía su compañero de profesión.

Entrar por los ojos

«Un buen cómic tiene que entrar por los ojos, y lo dice un guionista», aconsejaba Matz. «Si el dibujo es malo, me va a costar terminarlo, aunque la historia sea muy buena. El cómic permite experimentar, salirse de la narrativa clásica, y eso me parece muy interesante», añadía. «El cómic tiene que ofrecer algo distinto», apostillaba Culbard. A él, cuya madre es polaca, y su idioma de la infancia era el polaco, la lectura de historietas que ella le compraba le permitió «superar mis dificultades con el inglés; un cómic es siempre más accesible para un niño». Uno de los porqués los resumía Matz: «La combinación de texto e imágenes es un lujo, poder elegir este medio».

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