«Las horas de clase eran un martirio»

Karen Montautti, Zulema Cárdenas, Cristian Merelles y Jonathan Solla, participantes del programa Transit. / PATRICIA BREGÓN
Karen Montautti, Zulema Cárdenas, Cristian Merelles y Jonathan Solla, participantes del programa Transit. / PATRICIA BREGÓN

El programa Transit ayuda a alumnos de institutos que rozan el abandono escolar

S. GONZÁLEZ AVILÉS.

A Cristian Merelles, Karen Sabrina Montautti y Jonathan Solla las seis horas de clases se les hacían eternas y la educación reglada no les motivaba, pero gracias a la ayuda de Zulema Cárdenas y del programa Transit han conseguido retomar sus estudios con más ganas y mirar al futuro de frente.

Los tres son participantes del programa Transit, que lleva a cabo la asociación Ye yo ponese en colaboración con el Ayuntamiento de Avilés y los institutos del concejo. Este proyecto, que previene y ayuda a acabar con el abandono escolar, lleva en marcha varias ediciones y para estos tres jóvenes ha supuesto un antes y un después en su manera de ver los estudios. Como recompensa al esfuerzo y a su trabajo diario por seguir adelante con su formación han participado este verano en dos proyectos internacionales.

Karen Montautti viajó a Bruselas para explicar y compartir su experiencia en el programa con otros jóvenes europeos. «En mi caso Zulema me ayudó a ver la luz, a salir de una depresión que me llevó a dejar los estudios por completo, no me podía ni levantar de la cama», explica la joven de diecisiete años, que acaba de terminar un curso de monitora de tiempo libre. Tras su paso por el programa Transit reconoce que ahora ve los estudios como una salida profesional.

«La ayuda que nos ofrecen te da otra visión del futuro, te hace ver tu potencial»

«Gracias a su apoyo ahora se que quiero estudiar Integración Social y poder ayudar a otras personas que, como yo, estuvieran pasando por un mal momento», comenta la joven. Para ella son varios los motivos que pueden llevar a los adolescentes a abandonar las clases. «La depresión fue mi caso pero también influyen los amigos, que no siempre lo hacen para bien porque te pueden convencer de dejarlo si a ellos tampoco les gusta, la falta de apoyo por parte de las familias o bien la desmotivación derivada de la falta de docentes que apuesten por otro tipo de educación», explicó Montautti, que llevó este argumentario a Bruselas.

Mientras, Bremen, en Alemania, esperaba a Cristina y a Jonathan, que participaron en un intercambio juvenil con otros estudiantes de Portugal, Marruecos, Polonia y Alemania. «El viaje me hizo madurar bastante», apuntó ayer Cristian Merelles, mientras que para Jonathan Solla el intercambio supuso una nueva forma de ver al resto de adoles- centes. «Se me quitaron de la cabeza algunos prejuicios que tenía sobre otras culturas», señaló.

Cristian y Jonathan acaban de comenzar el último curso de Formación Profesional y lo hacen con una visión diferente de los estudios de la que tenían hace un año, cuando empezaron en el programa Transit. «Mi objetivo es sacar el curso bien. He empezado fuerte para poder aprobar todo y no tener que ir a recuperaciones y así sacar las prácticas cuanto antes», explicó Solla.

Antes de empezar las horas de apoyo junto a Zulema Cárdenas, coordinadora del programa, los tres tenían claro que «las horas de clase eran un martirio, esperábamos la hora con Zulema con muchas ganas». Actividades, cursos y excursiones fueron algunas de las experiencias vividas el pasado año que les han ayudado a «tener otra visión de futuro porque te hacen ver tu potencial».

Todos coinciden en que la educación formal de los centros educativos no ayuda a los estudiantes que rozan el abandono escolar. «No es porque no tengan ganas, ellos colaboran mucho con nosotros, pero no siempre tienen tiempo ni mecanismos o no se les permite ir tan allá en las relaciones personales como con el programa. Nosotros venimos a darles herramientas para seguir adelante», explicó Cárdenas.

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