El horno alto que encendió Ensidesa

Vista aérea de los cuatro hornos altos captada en 1970. / MARIETA

El 'Carmen', bautizado con el nombre de la mujer de Franco, dio su primera colada hace hoy sesenta años

José Fernando Galán
JOSÉ FERNANDO GALÁNAvilés

Hay una fecha que marca un antes y un después en la milenaria historia de Avilés, el 24 de septiembre de 1957. Tal día como hoy hace sesenta años se encendía el primer horno alto de Ensidesa, el inicio de una nueva era que transformó lo que hasta entonces era una pequeña y apacible villa marinera en una ciudad industrial de primer orden. Aunque entonces ya estaban asentadas en la comarca empresas de la talla de Cristalería Española o la Real Compañía Asturiana de Minas, fue el origen un profundo cambio físico, social y económico que en realidad había empezado unos años antes, en 1951, cuando la draga belga 'Pax', de succión, comenzó a abrir el canal Pedro Menéndez y a acondicionar los esteros y marismas de la margen derecha de la ría conocidos como Las Huelgas, el lugar elegido para levantar la Empresa Nacional Siderúrgica S. A., Ensidesa.

De la noche a la mañana comenzaron a llegar legiones de técnicos y obreros atraídos por una especie de versión española de la fiebre del oro americana, y en tan solo ocho años la población se duplicó, de 21.655 habitantes en 1950 a 42.134 en 1958. Los avilesinos los bautizaron con el nombre de 'coreanos', gentes procedentes de distintos puntos de España, principalmente del sur, que tuvieron que instalarse en improvisadas chabolas o, los menos afortunados, en el interior de las grandes tuberías que comenzaban a serpentear por la margen derecha de la ría y enfrentarse a duras condiciones de trabajo.

Poco tiempo después comenzarían a florecer barrios como Llaranes o La Luz, concebidos para darles cabida y dignificar sus condiciones de vida.

El 24 de septiembre de 1957 todo estaba listo para comenzar la producción, un solemne acto inaugural presidido por el entonces Jefe del Estado, Francisco Franco, y con las cámaras del Nodo como testigo. Su esposa, Carmen Polo, fue le encargada de encender el primer horno alto, bautizado con su nombre, 'Carmen'. Recibió una antorcha plateada de manos del presidente del Instituto Nacional de Industria, Juan Antonio Suanzes, que previamente la había encendido con una cerilla, y la introdujo en la tobera número tres del horno, que inmediatamente inició su actividad. Al año siguiente, 1958, entraría en servicio el horno alto número dos, 'Joaquina', a los que con el tiempo se sumarían otros tantos, 'Rosario', en agosto de 1966, y 'IV Carmen', en julio de 1969.

Aquel soleado día de 1957 la expectación era máxima. Antes del encendido Franco y su séquito, formado por los ministros de Comercio, Información, Turismo, Industria, Gobernación y Hacienda, la jefatura del Instituto Nacional de Industria y las autoridades locales y provinciales, habían visitado los embalses de Trasona y La Granda, construidos para suministrar agua a la factoría, así como otras instalaciones fabriles. Después, tras el encendido, se celebró en una nave lateral un almuerzo oficial que puso fin a la visita. A esas horas 'Carmen' continuaba trabajando, y al caer la tarde ya había producido quinientas de los 15,9 millones de toneladas de arrabio con la que 32 años después finalizaría su carrera.

Las primeras instalaciones que se pusieron en marcha fueron las de recepción, almacenamiento y distribución de materias primas, industrias químicas derivadas, una acería Siemens y trenes de laminación, además de talleres de calderería, fundición y mecanización, central térmica, laboratorios, oficinas y cuatro baterías de hornos de cok, encendidas en 1956. Ensidesa llegó a tener diez, con trescientos hornos y una capacidad de producción de 1.960.000 toneladas al año. Hoy quedan 240 en ocho baterías, ya con fecha de caducidad. Se apagarán una vez entren en servicio y superen la fase de prueba las que ArcelorMittal, heredera de la antigua Ensidesa, construye en Gijón, con encendido previsto para 2019.

27.444 trabajadores

Las instalaciones no dejaban de crecer. De los diecinueve trabajadores que en 1951 iniciaron la construcción de la factoría se pasó a 7.502 en 1960, lejos aún de los 27.244 que llegaría a tener en 1975, tras la fusión con Uninsa, sin tener en cuenta a los que empleaban las numerosas industriales auxiliares que nacieron al abrigo de Ensidesa. Los dos hornos altos producían cerca de 3.000 toneladas diarias de arrabio que los hornos Siemens transformaban en lingotes de acero, convertidos a su vez en desbastes para el tren de chapa gruesa o el estructural.

El récord de producción se alcanzó en 1974, 4,8 millones de tonelada de arrabio y 5,7 de acero. Avilés se había convertido en una pujante ciudad en la que gracias a los generosos sueldos que abonaba la empresa prosperaban comercios que para sí quisieran capitales de provincia. No todo eran flores. La contaminación ambiental y de la ría se convirtió en un serio problema que pese a los grandes avances registrados en los últimos años aún pervive.

1974 fue el año récord de la siderurgia española y el del inicio del declive, propiciado por la crisis del petróleo. A partir de entonces se pusieron en marcha planes de reconversión que dieron pie en a profunda agitación social, con manifestaciones como la del 30 de mayo de 1984, en la que unas 100.000 personas clamaron por salvar Ensidesa.

La construcción de la nueva acería, la LD-III, alivió la situación. Realizó la primera colada el 23 de junio de 1988, la segunda llegaría tan solo quince días después, el 9 de julio, y el Rey Don Juan Carlos la inauguró oficialmente el 20 de febrero de 1989. Nueve años después, en 1998 se apagaron los hornos altos.

Hoy en día, ya de la mano de ArcelorMittal, la siderurgia sigue siendo la clave de la economía local y regional, y las inversiones anunciadas por la multinacional, algunas de ellas ya en marcha, invitan al optimismo al menos a corto y medio plazo. En 2016, la media de trabajadores en la planta de Asturias fue de 5.478 en plantilla propia y 1.724 pertenecientes a empresas auxiliares.

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