San Juan de Ávila despide a Villasonte

El arzobispo de Oviedo presidió ayer el funeral. /MARIETA
El arzobispo de Oviedo presidió ayer el funeral. / MARIETA

«Era un sacerdote muy querido, de una pieza, el que edificó este templo», dijo en su homilía el arzobispo Jesús Sanz Montes

J. F. G. AVILÉS.

«Era un sacerdote muy querido, un cura de una pieza, el que edificó este templo. Su muerte nos parte el alma», lamentó Jesús Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo, ante los fieles que ayer llenaron la parroquia de San Juan de Ávila para dar su último adiós a Antonio Rodríguez-Villasonte, su párroco entre 1994 y 2007. Falleció el domingo en la residencia de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, su casa durante los últimos once años de su vida, truncada por un accidente de tráfico en 2006 del que nunca llegó a recuperarse.

Junto al obispo, otros doce sacerdotes concelebraron el oficio, entre ellos el vicario general, Jorge Fernández, el arcipreste de Avilés, Vicente Pañeda, el vicario, Emilio Menéndez, Adolfo Gutiérrez, abad de Covadonga, Ángel Llano, párroco de San Antonio de Padua, Felipe Cabezas, compañero de promoción del difunto, Antonio Ruiz, sacerdote de Santo Tomás de Cantorbery, Jesús de la Vega, delegado de Cáritas y ex párroco de San Juan de Ávila y el actual, José Manuel Viña, vicearcipreste de Avilés. También había muchos sacerdotes entre los fieles que llenaban el aforo del templo, tanto del Arciprestazgo de Avilés como de otras parte de Asturias.

Villasonte fue el sucesor de Eugenio Campandegui, párroco de San Juan de Ávila desde su fundación, en 1970. Asumió el cargo el 22 de julio de 1994 y no tardó en ganarse la confianza y el cariño de la comunidad parroquial, que no había visto con agrado la marcha del que había sido el único párroco en la historia de San Juan de Ávila, por aquel entonces con sede en el colegio San Fernando. Con anterioridad, Villasonte había sido párroco de Pillarno, capellán del Hospital San Agustín y docente en el Instituto Carreño Miranda, y bajo su ejercicio se ponía la primera piedra del nuevo templo, en la calle Fuero, consagrado en 2001.

El accidente que truncó su vida se produjo en agosto de 2006. Fue atropellado por una moto en la calle de González Abarca y aunque al principio se temía por su vida, tras varios meses de convalecencia regresó a la parroquia. Pocos meses después, en 2007, las secuelas le obligaron a abandonar y fue ingresado en la referida residencia. «Me hablaba con la mirada, llena de bondad y de belleza. La enfermedad no le anuló el ministerio, sino que le ofreció un cauce nuevo para desarrollarlo. Era un cura bueno que sabía a los que sabe Dios. El próximo año hubiera cumplido las bodas de oro. Descanse en paz», concluyó Sanz Montes.

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