Miles de personas acuden a la salida de 'los Sanjuaninos'

El Jueves Santo derrota a las previsiones en Avilés
Un cofrade amonesta a un fiel y atosigó a los fotógrafos de prensa durante la procesión. / MARIETA

La lluvia respeta a las procesiones de El Beso de Judas y El Silencio, que pudieron recorrer el centro

Fernando Del Busto
FERNANDO DEL BUSTOAvilés

Las previsiones meteorológicas dejaban poco lugar para las dudas. Lluvia y frío, con lo que las procesiones de Jueves Santo quedaban abonadas a la incógnita. Sin embargo, el inicio del Triduo Pascual derrotó el pesimismo y tanto El beso de Judas como la Cofradía de San Juan Evangelista, los Sanjuaninos, pudieron ayer recorrer las calles de la ciudad en una jornada en la que las parroquias celebraban la instauración de la Eucaristía y comenzaban los días más intensos de la Semana Santa.

Desde primera hora de la mañana, la esperanza de salir alimentaba a los cofrades que en el atrio de San Nicolás de Bari apuraban los trabajos para preparar las estaciones penitenciales que entre ayer, Jueves Santo, y hoy, Viernes Santo, deben recorrer las calles de Avilés. El tiempo respetó, a pesar de tres gotas al final, la primera de las dos procesiones de Jueves Santo: la protagonizada por la Hermandad El Beso de Judas que, a las doce, salía de la plaza de Álvarez Acebal tras unas pequeñas palabras del párroco de San Nicolás, Alfonso López. El sacerdote recordó la importancia del día para la más joven de las cofradías avilesinas, pues alcanzaba el décimo aniversario de su primera salida.

Después de la lectura de la traición de Judas según el Evangelio de San Mateo, López reflexionó sobre la traición y la cobardía. «¿Cuántas veces no la hemos experimentado en la vida?», se preguntó, animando a los fieles a confiar en Cristo. El Beso de Judas recorría las calles del centro con ochenta cofrades y una banda de tambores de veinte integrantes.

Tras el paso, llevado por ocho cofrades, el párroco de San Nicolás, Alfonso López, procesionaba acompañado por el sacerdote hindú Nidhim, que, por primera vez en su vida, participaba en una procesión, y el diácono avilesino Juan Antonio Blanco.

Por la tarde, los Sanjuaninos veían como la lluvia no hacía acto de presencia y tan solo tenían que hacer frente al frío que había azotado la ciudad durante todo el jueves. Integraban el recorrido penitencial 160 cofrades, desde los más pequeños con cinco o seis años a los veteranos.

La plaza de Álvarez Acebal se llenaba de público para contemplar el inicio de la procesión. Tras redoble de tambores, los dieciocho cofrades que llevaban el paso de Cristo con San Juan y la Virgen iniciaba el recorrido por el centro de Avilés. El momento de elevar el paso es uno de los más espectaculares de la Semana Santa avilesina. Tras él, ocho hermanos portaban el paso de Cristo con la Verónica. Tanto por la mañana como por la tarde, miles de personas contemplaron las procesiones, aunque, como es normal, la palma en cuanto asistencia se la llevaron los Sanjuaninos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos