El confitero dice que «no quería hacerle daño a 'Susi'» y pide perdón a la familia

El confitero Julio Pardo, cabizbajo, en la primera sesión del juicio por el asesinato de su esposa, Ascensión Amores. / ÁLEX PIÑA
El confitero Julio Pardo, cabizbajo, en la primera sesión del juicio por el asesinato de su esposa, Ascensión Amores. / ÁLEX PIÑA

El juicio contra Julio Pardo, de La Duquesita, finalizó ayer en la Audiencia Provincial y queda pendiente del veredicto del jurado, que se emitirá a partir del lunes

C. DEL RÍO AVILÉS.

Julio Pardo empleó ayer el derecho a la última palabra para pedir perdón a la familia de su mujer Ascensión Amores. «¡A buenas horas!», bufaron unos familiares que durante cuatro días se han revuelto en sus sillas y han aguantado las lágrimas como han podido con las declaraciones y fotografías sobre el crimen y la autopsia vistas durante estos días. El juicio terminó ayer en la Audiencia Provincial con las conclusiones de las partes, reafirmadas en sus argumentos iniciales. Para las acusaciones, el confitero de La Duquesita, que el 26 de enero de 2016 mató a su mujer, es culpable de un delito de asesinato por el que piden veinticinco años de cárcel y, según su defensa, de uno de homicidio, por el que solicita la libre absolución o hasta diez años de prisión.

Pardo utilizó el presente para hablar de su mujer. «A Susi la conozco desde hace mucho. Toda la vida juntos. Hemos estado los mejores años juntos. Hemos tenido dificultades, como todos, pero nunca le he hecho daño, nunca he querido hacérselo. Pasaba una mala situación y quería quitarme de delante. Pido perdón a la familia», dijo.

«Julio Pardo escogió una forma de matar especialmente cruel y dolorosa»

La primera en intervenir fue la fiscal Verónica Pérez, que en una extensa y didáctica intervención de hora y media concentró todos los aspectos sobre los que debía fijarse el jurado. En resumen, destacó que estaban ante un asesinato por los componentes de alevosía y ensañamiento y pidió sentido común para valorar las pruebas vistas estos días en la sala porque de la explicación jurídica se encargó ella. Los familiares de Ascensión Amores le agradecieron su trabajo a la salida.

Descartó que el crimen tuviera un móvil económico porque la supuesta «desastrosa situación económica» de la pareja no era tal. En este apartado, tal como señalaron posteriormente la abogada de la familia y la de la acusación popular ejercida por Abogadas para la Igualdad, la madre del acusado llamada a declarar por la defensa resultó ser el mejor testimonio de la acusación, junto con el del vecino.

Recordó que había aceptado que podían haber bajado los ingresos, pero era una pareja que no pagaba renta por el negocio ni hipoteca, no tenían empleados ni tampoco hijos. Tenían dos vehículos (un Audi 3 y un Renault Clio), habían proyectado un viaje a Santo Domingo y salían habitualmente a cenar fuera. Además, las supuestas deudas y la bancarrota no fueron demostradas por la defensa «tal como es su obligación», incidió Martín.

Argumentó la alevosía porque «Ascensión no se pudo defender» al estar durmiendo y en la cama bajo los efectos de un tranquilizante, según los informes del laboratorio, cuando su marido comenzó a agredirla. «Bajo mi humilde experiencia, ataque más sorpresivo que este no lo hay. Este caso podría explicar la alevosía en una clase de Derecho Penal», añadió.

El ensañamiento se produjo «al elegir una forma de matar especialmente cruel y dolorosa», lo que apoyó en las pruebas forenses y la inspección ocular. Detalló los más de treinta golpes certeros que recibió al haber elegido el acusado una herramienta poco pesada para golpearla (una llave inglesa), con la que llegó a provocarle dos hundimientos en el cráneo. En ello empleó entre diez y quince minutos, según testimonio del vecino del piso inferior que escuchó los gritos y sollozos de Susi.

Señaló que la ingesta mayoritaria de las pastillas y el alcohol se produjo después del crimen porque si el consumo se hubiera producido 36 horas esas sustancias ya habrían sido absorbidas por el cuerpo y no habrían encontrado al acusado en estado semiinconsciente. Señaló la «casualidad» de que los hechos ocurrieran la madrugada del martes 26, en coincidencia con el descanso semanal, contando así «con un día más para que saltara la alarma».

María Martín, abogada de la familia, manifestó que «que la acusación no ha podido llamar a alguna amiga para declarar porque no existen», síntoma de que la mujer «no era libre», circunstancia que avalaría también el testimonio de su hermano Pedro. Y coincidió con María Pérez, de la acusación popular, en que la separación que tenía en mente, como le había confesado a una tía de Julio Pardo, «es el momento de mayor riesgo» de una víctima de violencia de género y a ninguna de estas dos letradas le cabe de que Amores lo era. Al igual que la fiscal, hizo ver la incompatibilidad entre «la brutalidad de las agresiones» y los efectos secundarios de ansiolíticos y antidepresivos.

Félix Guisasola, abogado de Julio Pardo, reconoció que su cliente mató a Ascensión Amores, pero echó de menos «el móvil y el porqué» y basó su alegato en el trastorno mixto de la personalidad con un componente destacado de impulsividad diagnosticado por los psiquiatras. «Parece que no gusta porque queremos un criminal y no un enfermo y lo que tenemos es un enfermo y no un criminal», defendió.

Rechazó que fuera un crimen de género, algo solo sostenido por «rumores de portal» y por una tía que «tiene una enemistad manifiesta con su hermana (la madre de Pardo)». Tampoco ve alevosía porque «el crimen se produce de manera chapucera con una llave de pequeñas dimensiones» y por el testimonio del vecino que oyó la voz de la mujer 'moverse' por las habitaciones, luego contrastaría con la «principal hipótesis de la policía», de que todo ocurrió cuando la víctima estaba acostada.

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