Julio Pardo se enfrenta el lunes a cuatro acusaciones por el asesinato de su mujer

La última fotografía de Julio Pardo, en el juzgado de Avilés. / MARIETA
La última fotografía de Julio Pardo, en el juzgado de Avilés. / MARIETA

Comienza en la Audiencia Provincial el juicio con jurado popular contra el confitero de La Duquesita, a quien se le atribuye la muerte de Ascensión Amores

C. R. AVILÉS.

El juicio contra Julio Pardo, confitero de La Duquesita, acusado del asesinato de su mujer, Ascensión Amores, en 2016, comenzará el próximo lunes en la Audiencia Provincial. Pardo, que ha confiado su defensa al letrado ovetense Félix Guisasola, se enfrenta a una pena de cárcel de veinticinco años y a cuatro acusaciones, las ejercidas por la Fiscalía del Principado de Asturias, la acusación particular, Abogadas por la Igualdad y la Abogacía del Estado.

Durante cinco días, de lunes a viernes, un jurado popular tendrá que valorar las pruebas y testimonios que se presenten en las sucesivas vistas. Su veredicto será sobre el que el tribunal dicte sentencia.

El asesinato de Ascensión Amores estremeció a la ciudad hace ya casi dos años. La pareja regentaba la popular confitería de La Duquesita, en la calle de Fernández Balsera, y era habitual verla en las distintas jornadas que el gremio de maestros pasteleros organiza en diferentes épocas del año. Nadie estaba al tanto de diferencias o problemas de la pareja. O nadie que lo haya manifestado públicamente, porque quizás a partir del 8 de enero se conozcan detalles no revelados hasta el momento. Lo que sí trascendió fueron las supuestas dificultades económicas que atravesaba el negocio y la tirante relación de Amores con sus suegros, antiguos propietarios de la confitería y vecinos del inmueble. El matrimonio regentaba la confitería desde 2012, donde él realizaba las tareas propias del obrador y la mujer, de 46 años, atendía al público.

Julio Pardo mató a su mujer la madrugada de un 26 de enero. Según el escrito de acusación del Ministerio Fiscal, el acusado y su esposa, aprovechando que el martes su negocio permanecía cerrado por descanso semanal, acudieron a cenar a un restaurante de la calle San Francisco y regresaron a su domicilio alrededor a las once de la noche. Conversaron un rato y Ascensión se acostó.

Sobre las cuatro de la madrugada, ya del día 26, el acusado se dirigió al dormitorio conyugal y «sin mediar palabra, de forma súbita e inesperada», propinó a su mujer, que estaba dormida, numerosos golpes en la cabeza con una llave inglesa hasta provocarle la muerte.

El cadáver no se descubriría hasta unas 34 horas después, en torno a las dos de la tarde del día 27. La alarma la dio la hermana de la víctima, extrañada ante la imposibilidad de contactar con ella y por el hecho de que la confitería permaneciese cerrada un miércoles, el día siguiente a la jornada de descanso semanal.

El Ministerio Fiscal califica los hechos como constitutivos de un delito de asesinato con las agravantes de desprecio de género y parentesco, y además de la máxima pena de cárcel que recoge el Código Penal para el delito de asesinato, como lo tipifica, solicita que se le impongan diez años de libertad vigilada, así como el pago de indemnizaciones por valor 450.000 euros a los padres y cinco hermanos de la víctima.

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