Mil kilómetros contra la leucemia

Iván González estira los gemelos, un gesto que no falta después de su entrenamiento, en la Ermita de La Luz. / MARIETA
Iván González estira los gemelos, un gesto que no falta después de su entrenamiento, en la Ermita de La Luz. / MARIETA

C. DEL RÍO AVILÉS.

«Con mucho ánimo» y ansioso por ponerse a prueba en los '1.000 kilómetros contra la leucemia'. Así afronta el ultrafondista Iván González el desafío de unir Avilés y Marbella en una carrera que pretende recaudar fondos para la Fundación Josep Carreras de lucha contra la leucemia y concienciar sobre la donación de médula y que ayer completó su segunda jornada tras partir el domingo de Avilés. Aunque al propio Iván, enfermo de leucemia crónica, le va mucho en ello, asegura que «este proyecto es un homenaje a Pablo Ráez», el malagueño fallecido el pasado mes de febrero a los veinte años. Popular en vida por su presencia constante en campañas a favor de la donación de médula en redes sociales.

Ahora Iván González quiere mantener vivo su recuerdo y su lucha. Por eso, de la mano del entrenador Octavio Pérez, director del proyecto, se plantea conseguir 10.000 euros como mínimo y mantener despierta en el tiempo la conciencia social sobre la enfermedad gracias a la grabación de la hazaña.

Las ocho etapas partieron el domino de la Plaza de España hasta Villamanín. A su lado va una caravana cedida gratuitamente por Travelycars.com, en la que viajan el cámara y realizador Ignacio Estrela, los preparadores físicos Octavio Pérez y Carlos Javega y el fotógrafo Edu Francés, que también aportan su tiempo y su trabajo a la causa.

Iván González sabe que con la machada pondrá a prueba su capacidad de resistencia, pero eso le gusta. Acostumbrado a correr largas tiradas, la diferencia será hacerlo ahora durante tantos días seguidos. Los cinco primeros serán etapas de entre 88 y 109 kilómetros. El sexto y el séptimo llegarán dos de ciclismo de 172 y 246, y la última serán ochenta kilómetros a la carrera entre Antequera y Marbella. González es ultrafondista, pero ha incorporado la bicicleta «para ganar kilómetros». Será un reto añadido porque no acostumbra a pedalear en sus entrenamientos.

En 2015, con veinticinco años, a Iván González la diagnosticaron una leucemia crónica, una enfermedad sin cura que, de momento, permanece estancada. Casado y padre de dos hijas, dejó su trabajo de calderero, al que dedicaba no menos de diez horas diarias, y dio un cambio radical a su vida. Jubilado forzosamente, comenzó a correr y se descubrió como uno de los mejores ultrafondistas de España. Dos años después le asombra el cambio que ha dado su vida. «Doy gracias por estar aprovechando todas las cosas que me ha descubierto el deporte. Era un mundo paralelo al mío que yo no conocía», afirma. Aunque su familia cree que «está chiflado», él le quita importancia porque también se lo dijeron cuando empezó a correr. «Ahora ven que es como una terapia que me ayuda», explica.

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