Más de un siglo de periodismo local

Juan González-Wes, hijo del fundador, en su despacho./
Juan González-Wes, hijo del fundador, en su despacho.

LA VOZ DE AVILÉS nació el 26 de enero de 1908 en un local de la plaza de Pedro Menéndez para convertirse en testigo y actor del devenir de Avilés desde entonces

LUIS MUÑIZ

Se cumplen 110 años de la aparición de LA VOZ DE AVILÉS, uno de los cuatro títulos centenarios de nuestro país que aún se publican en ciudades que no son capitales de provincia. El 26 de enero de 1908, que era domingo, nacía el diario, promovido por un grupo de industriales, profesionales y acaudalados indianos, de muy distintas ideologías, unidos en apoyo del entonces diputado por el distrito avilesino, José Manuel Pedregal Sánchez-Calvo, que fue su principal promotor. Dirigido desde el principio por Manuel González Wes, precipitó el lanzamiento del periódico el entusiasmo popular ante el proyecto de construcción del ferrocarril de la costa, al incluir a Avilés en su trazado.

La prensa había irrumpido en nuestra villa con El Eco de Avilés, semanario impulsado en 1866 por la Sociedad Artística Profesional e Industrial y editado por Antonio María Pruneda. Le sucederían otras muchas publicaciones de muy distinto pelaje y duración, la mayoría también realizadas por Pruneda, pero hasta el 1 de abril de 1890 no aparecería el primer diario: El Diario de Avilés. Fue fundado por Florentino Álvarez-Mesa para capitalizar en favor de la filas liberales, que lideraba aquí, la consecución del ramal ferroviario desde Villabona, inaugurado sólo tres meses después y atribuido al diputado local en las Cortes desde 1869, Julián García-San Miguel, segundo marqués de Teverga, a cuya defensa se consagraría el periódico.

Impulso político e intereses económicos

La pérdida del escaño por los liberales en abril de 1907 en favor de José Manuel Pedregal, aglutinador de un variopinto grupo de personas descontentas con la política caciquil desplegada durante años por los sanmiguelistas, que aún conducía Floro Mesa desde la alcaldía, suscitó el proyecto de un periódico que apoyara al nuevo diputado y lo defendiera de los ataques y el ninguneo que sufría por parte de El Diario de Avilés, remiso a digerir el relevo político. Así, tras plantearse otras opciones, se puso en marcha a finales de aquel año el proyecto de LA VOZ DE AVILÉS, que vería la luz a principios del siguiente tras algunos aplazamientos, dentro de lo que hoy entenderíamos como una operación política y de defensa de intereses económicos por parte de empresarios locales.

Promovido por el propio José Manuel Pedregal, que apodera desde Madrid a quien iba a ser su hombre de confianza en la ciudad, Carlos Lobo de las Alas, se constituye ante notario el 30 de marzo de 1908 la sociedad que lo editaría, denominada El Comercio, que giraba bajo la denominación mercantil de R[afael] Fernández Ovies Sociedad en Comandita, con la participación a partes iguales de otros 23 socios, que aportaban un capital de 24.000 pesetas, a razón de mil cada uno. Su identidad permaneció oculta durante años, hasta que la hice pública por primera vez en mi libro sobre la historia del periódico con motivo de su centenario. Gracias a la escritura de constitución de aquella empresa, localizada por mí en el Registro Mercantil de Oviedo, primero, y luego consultada en el protocolo notarial de la villa, sabemos que la editora e impresora del diario fue fundada por Jenaro de Llano-Ponte y Prada (marqués de Ferrera y San Muñoz) -quien figura el primero en la relación de comparecientes, seguramente por su estatus nobiliario-, José Manuel Díaz-Pedregal y Sánchez Calvo, Carlos Lobo y de las Alas, Victoriano Fernández Balsera, Secundino-Atilano Menéndez y Carreño, Juan Oria y Ortiz, Alfonso Rodríguez del Valle, Eusebio Abascal y Herrero, Jerónimo de Alvaré y Pinedo, Ramón Ruiz Gómez y Sainz-Crespo, Alberto Solís Pulido, Juan Álvarez y Rodríguez, Mauro Blanco-Gendín y Rodríguez, Rafael Fernández y Rodríguez, Álvaro García de Castro y Arias Carvajal, Rodrigo García de Castro y Arias Carvajal, Fermín García López, David García-Somines y García, Agustín González y García de Castro, los hermanos Andrés, Antonio, Enrique y Manuel Gutiérrez Herrero y, por último, Rafael Fernández Ovies, farmacéutico local, que asumiría la responsabilidad mercantil como socio colectivo de la compañía comanditaria y gerente.

Todos ellos eran de muy distinta tendencia política, por lo que aquella unión un poco contra natura sería calificada de contubernio por sus opositores. Y no les faltaba razón, porque aquellos socios respondían a un entramado de parentescos familiares e intereses económicos, unidos para desalojar a los liberales del poder local y promover, al menos de cara a la galería, un regeneracionismo que creían saludable para poner fin a un periodo de caciquismo, que luego también ellos practicarán, de alguna manera.

Algunos tenían asuntos pendientes con el poder local, como Juan Oria, Fermín García López y Juan Álvarez, socios de la Compañía Popular de Avilés, que mantenía un litigio con el Ayuntamiento por la concesión eléctrica. Y otros querían situarse del lado de quienes iban a gobernar la ciudad, como el comerciante Victoriano Fernández Balsera, que acompañaba en el proyecto a su cuñado Antonio Gutiérrez Herrero, quien había financiado su primera tienda y su negocio de distribución, y empezaba a maniobrar en los asuntos locales, logrando en 1912 presidir la Cámara de Comercio de Avilés.

Juan Manuel Wes López, con la rotativa de offset Linonews instalada en 1983 a sus espaldas.
Juan Manuel Wes López, con la rotativa de offset Linonews instalada en 1983 a sus espaldas. / LVA

Conviene aclarar no obstante, que aquellos socios simplemente financiaron el proyecto inicial y dieron su apoyo al periódico de muy diversas formas, pero fueron bastante ajenos a su actividad cotidiana, salvo excepciones, declinando paulatinamente su vinculación al mismo, algunas veces por motivos puramente biológicos, al fallecer pocos años después. En cualquier caso, tan multicolor apoyo dejaba claro que su devoción por Pedregal, en el fondo, era ajena a su condición política, como señalaba en 1914 el propio González Wes, al escribir en LA VOZ que «en Avilés hemos sabido prescindir de la idea política del representante en Cortes, para fijarnos, no más, en sus circunstancias personales de honradez, de talento, de seriedad, en fin, de aquello que hace digna una representación». Con ello evitaban identificarse con la orientación republicana del diputado, para no herir a quienes no comulgaban con su ideología, asegurando su apoyo.

Manuel González Wes

Para dirigir el proyecto contaron con una persona afín, Manuel González Wes, de formación religiosa y legal, que ejercía de profesor de latín en el colegio La Merced, con 35 años recién cumplidos. Había asistido en 1898 a la cátedra de Derecho Romano de Melquíades Álvarez en la Universidad de Oviedo, de donde seguramente le vendría el interés por sus ideas. En las elecciones de 1907 ya había actuado como apoderado de Pedregal y hacía un tiempo que publicaba escritos en la prensa asturiana, participando activamente en la sociedad local como presidente que era del Círculo Industrial y de Sport, al que representó en la Junta de Defensa del Ferrocarril, creada para reivindicar el paso por Avilés del trazado de la costa.

Aunque no hay constancia material de su participación en los primeros números del periódico, es evidente que a él corresponde su lanzamiento y consolidación. Compatibilizó durante mucho tiempo el desempeño de su plaza de secretario municipal con la tediosa e ingente tarea diaria en la redacción hasta altas horas de la madrugada. Al final, seguramente por el paulatino desinterés de muchos de los socios, en contraste con su fuerte compromiso personal, terminará haciéndose con la propiedad en 1918 y asumiendo en solitario, también mercantilmente, la tarea que ya venía realizando periodísticamente.

Su adhesión personal al diputado se reflejaría asiduamente en las páginas del periódico, al ser una de las razones de su creación, e iba a perdurar inquebrantable hasta 1931, cuando Pedregal no dio su apoyo inequívoco a don Manuel en una peregrina polémica con Bernardo García Ruiz-Gómez, compañero de filas en la primera corporación republicana del Ayuntamiento, de la que formaba parte como concejal , a la que renunciaría en octubre de aquel mismo año despechado por tal agravio, que le haría abandonar además el partido.

Tras aquella breve participación en la política, González Wes dejará entrever en el periódico su decepción ante los derroteros por los que partidos políticos y sindicatos conducían a la Segunda República, especialmente tras los hechos revolucionarios de octubre de 1934, lo cual seguramente -mal entendido- influiría en su detención y asesinato por milicianos del Frente Popular incontrolados, durante los primeros días de la guerra civil.

Testigo de su tiempo

El periódico nació provisionalmente en el número 7 de la plaza de Pedro Menéndez, frente a la actual fuente del parque del Muelle, en el bajo que ahora ocupa la confitería El Piano de Santa Mónica, posiblemente debido a la precipitación de su lanzamiento antes de contar con la maquinaria de impresión definitiva; pero antes de tres meses se trasladaría a la calle del Marqués de Pinar del Río (ahora Ferrería), donde iba a permanecer durante sesenta años, hasta la inauguración en 1968 de su gran sede moderna, en la Avenida de Gijón. Durante sus primeros seis años, LA VOZ lucharía contra El Diario de Avilés, enzarzados en continuas y agrias polémicas que reflejaban su enfrentamiento ideológico y de intereses, hasta desaparecer este último el 11 de octubre de 1914.

Enseguida sufrió los problemas del deficiente servicio telegráfico que dificultaba la recepción de noticias y crónicas desde Madrid, donde contó desde el principio con un corresponsal propio, Gerardo Sánchez Ortiz, redactor del diario republicano Heraldo de Madrid y abuelo del conocido escritor Fernando Sánchez Dragó. Pronto padecería también el periódico la escasez de papel para imprimir durante la Primera Guerra Mundial, acompañada por los primeros grandes conflictos sociales del país, durante uno de los cuales, en enero de 1920, se haría con su propiedad Manuel González Wes, ante el cierre patronal. A ellos seguiría el asedio sufrido por parte de la dictadura de Primo de Rivera, a la que era hostil, por antidemocrática, la experiencia de la Segunda República y la trágica muerte del fundador en el fragor de aquella guerra fratricida. Con ella llegaría la incautación de sus instalaciones por el Frente Popular, que siguió publicando el periódico durante la contienda, convertido en órgano de propaganda.

Tras la llegada de las tropas nacionales a la ciudad, fue impuesta por el nuevo régimen su adscripción a Falange y el cambio de título por el de Boletín de Avilés, que mantuvo hasta el restablecimiento en 1942 de la cabecera original por Juan González-Wes, hijo del fundador, a quien le tocó encarar la dureza de la difícil posguerra y el franquismo más crudo.

Tras recuperar el título de LA VOZ, asumiría la edición del periódico cuando fallece su madre en diciembre de 1945. Fueron años anodinos y sin recursos, prácticamente con las mismas instalaciones que en 1908, salvo la máquina de impresión, que había sido reemplazada por una Albert-Frankenthal alemana en 1932. Un equipo de abnegados operarios componían cada día sus textos manualmente, tipo a tipo, tediosamente, para montar las formas sobre las mismas platinas que habían soportado las ramas de la primera etapa. Hasta 1957 no tendría su primera linotipia, con la que componer mecánicamente los textos, de las cinco que llegaría a montar, y hasta 1963 no estrenaría su primer teletipo, que había ido supliendo con llamadas telefónicas a un colega ovetense que le transmitía diariamente las noticias. En definitiva, disponía de un taller con fatiga de muchos años y una exigua redacción sin medios.

Modernización del diario

En los primeros meses de 1963, había enfermado Juan González-Wes, quien fallecerá el 23 de julio de aquel mismo año, a consecuencia de un tumor cerebral del que había sido intervenido en Madrid. Le sucedió en la propiedad su viuda, por todos conocida como doña Jesusa, hija de Jesús López, Foral, propietario de una pareja de barcos de pesca y fabricante de conservas, que se vio forzada a tomar el timón de aquel barco de papel, ella, que llevaba la mar en las venas. Y lo hizo con mano firme y mucho carácter, que suplirían su discreta formación empresarial. Sin quererlo, le tocó la tarea de llevar a cabo la primera modernización del diario, que ella y su marido llevaban un tiempo planeando, y acometer la construcción de un edificio industrial para su sede, así como la compra de una nueva rotoplana, una Duplex de fabricación británica, que ya imprimía en dos colores y por primera vez en papel continuo, con la que ampliar la paginación y mejorar la calidad del producto. Contó para ello con el apoyo directo de su hija María Jesús, principalmente, y del marido de ésta, César Galán, que desempeñó durante un tiempo la gerencia y ayudó financieramente a la empresa cuando hizo falta.

Hasta la constitución de la sociedad anónima creada a tal fin en 1981, ella fue la única mujer que editó en España un diario a título individual, como persona física, figurando en la cabecera primero como 'Viuda de G. Wes' y más tarde con su propio nombre. Su papel en el sostenimiento económico y consolidación del periódico, podría decirse que refundado por ella, gracias a su carácter riguroso y serio para los negocios, seguramente no ha sido suficientemente reconocido. De hecho, adquirió personalmente la parcela para construir la sede del diario, mediante la permuta de otra que había heredado de sus padres en la carretera de San Juan, al lado de donde los Foral habían tenido su fábrica de conservas.

Cuando falleció doña Jesusa, en marzo de 2002, tras un largo proceso de Alzheimer que sufrió durante 20 años, escribí en estas mismas páginas de su periódico, que nos recordaría siempre -por un cierto paralelismo en sus vidas y casi hasta por su aspecto físico- a Katharine Graham, la mítica editora del Washington Post, fallecida precisamente el año anterior -que vuelve a la actualidad estos días por el estreno de la película Los papeles del Pentágono, en la que es encarnada por la actriz Meryl Streep-. Como ella, también tuvo que ponerse al frente de la empresa a la muerte de su esposo y mantenerla a flote contra muchas adversidades -empezando por la simple condición de ser mujer en un mundo empresarial tradicionalmente dominado por hombres-, hasta que su hijo tomó el relevo. Salvando las distancias que hay entre Washington y Avilés -decía entonces- y, claro está, entre ambos periódicos, es probable que su labor no haya sido, sin embargo, menos dura -a su modesto nivel- que la de la mítica dama de hierro de la prensa americana. Una labor tenaz y callada, en un escenario mediático tan limitado y estrecho como el de esta pequeña ciudad de provincias, que aún sufría los efectos de la mayor transformación demográfica de su historia.

Como primera medida y todavía en vida de su marido, ya muy enfermo, doña Jesusa contrataría como director a un joven Ismael López Muñoz, años más tarde integrante del equipo fundador del diario El País y primer defensor del lector de la prensa española, en 1985, que impulsa una fórmula periodística más profesional y actualizada, de cara a la puesta en marcha de los nuevos talleres. Le sucederá en enero de 1969 un periodista serio y riguroso, proveniente de La Voz de Asturias ovetense, Esteban Greciet, quien moderniza y profesionaliza el producto, que enseguida ampliará a dos cuadernillos de 8 páginas cada uno, implantando la primera maqueta gráfica del periódico, inspirada en el sistema modular desarrollado en aquella época en Madrid por títulos como Pueblo, Nuevo Diario o El Alcázar, con el uso de recuadros y otros elementos tipográficos impresos en rojo. Durante su mandato, LA VOZ asumió una línea comprometida de aperturismo político en los inicios del llamado tardofranquismo, un periodo muy difícil en el que llegó a reimplantarse temporalmente la censura previa para la prensa, durante el estado de excepción de enero de 1969.

La dureza de la transición

En abril de 1972 dejaba el periódico Greciet, para dirigir Diario Regional de Valladolid, después de haber pilotado su mayor transformación hasta entonces. Le sucedería efímeramente José Luis Orosa, un periodista joven pero con fama, porque había trabajado en Televisión Española, quien apenas estaría dos meses en el puesto, al ser cesado por la empresa. Asumiría sus funciones el 23 de julio Íñigo Domínguez Calatayud, que era redactor jefe y mantendría en marcha el diario con profesionalidad hasta la llegada de Juan Manuel Wes López, nieto del fundador, quien tomará posesión del puesto el 8 de noviembre y lo conducirá a lo largo de la transición. No obstante, Íñigo Domínguez seguiría en funciones hasta el 1 de abril siguiente, mientras Juan finalizaba su servicio militar en Melilla.

Esa última etapa del periódico, antes de su integración en el grupo Vocento, también fue dura para LA VOZ, al coincidir con la virulenta reconversión industrial que deprimió económica y socialmente a la comarca, a la que iba a unirse una primera crisis en los medios de comunicación que, pese a estar aún lejos la derivada del crack financiero de 2008, cuyos coletazos todavía padecemos, empezaba a hacer inviable o muy difícil el negocio para pequeñas editoras locales al margen de los grandes grupos. Para colmo, en ese tiempo tuvo que invertir en la remodelación de sus instalaciones y en nueva modernización de la producción, a la que incorporó el sistema offset en la impresión, siendo el tercer diario asturiano en implantarlo, en septiembre de 1983, por delante de EL COMERCIO, que lo haría en 1984, y La Nueva España, en 1990.

Le acompañó en este periodo como gestora su hermana María Jesús, que preside la editora, para culminar con la entrada de EL COMERCIO en su capital, en abril de 1996, que la integraba en el grupo Vocento, publicándose desde el 21 de aquel mes bajo la cabecera conjunta de ambos diarios. Poco más tarde abandonaría su sede de la Avenida de Gijón, donde ya había dejado de operar el taller de impresión, para trasladar su redacción al local que actualmente ocupa en el centro de Avilés.

Juan Wes fue su último director, con casi treinta y seis años en el puesto, la etapa más larga del periódico desde que lo fundase su abuelo Manuel hace ahora 110 años; en marzo de 2008, recién cumplido el centenario, dejaría la batuta en manos de José María Urbano, como jefe de redacción de la edición avilesina, que traspasaría hace apenas unos meses, el 1 de noviembre de 2017, a su actual responsable, Ruth Arias Fernández. Detrás de todos ellos siempre hubo un equipo humano al pie del cañón, trabajando con tesón y muchas veces en condiciones penosas, para hacer llegar al quiosco cada día este periódico, logrando que sirviera para mucho más que envolver el pescado o el bocadillo. En una labor, casi siempre anónima, pero fundamental.

Ahora, la comarca sobre la que informa LA VOZ es muy distinta de aquella de principios del siglo XX que la vio nacer, entonces todavía con rasgos decimonónicos y un endémico atraso, como el resto del país. El Avilés de hoy resurge después de la reconversión industrial como una ciudad nueva, con importantes equipamientos y transformada en destino turístico, basado en el atractivo de un casco antiguo recuperado y otras remodelaciones urbanísticas, entre las que destaca el área de la ría, pendientes aún de la eliminación de las vías del ferrocarril, que parece encarar su solución en estos días, con su nuevo paseo y el singular Centro Niemeyer, única obra del desaparecido arquitecto brasileño en nuestro país, erigido en su orilla como icono y contrapunto a las instalaciones fabriles que lo rodean y aún mantienen gran parte de nuestra economía.

Muchas veces se ha resaltado la labor de la prensa de proximidad en las sociedades locales, generalmente ignoradas por los grandes medios. Su tarea vertebradora de la vida de la ciudad, al cubrir con detalle la información generada en su ámbito geográfico, que pone en común de todos sus habitantes, como el tan-tán de una tribu, nunca será suficientemente valorada. Y seguramente la echemos de menos si finalmente sucumbe engullida por los nuevos hábitos de consumo mediático, que tan dramáticamente afectan al sector y castigan a los periódicos impresos, como este que tiene usted en las manos. Ojalá que eso no ocurra y siga informándole durante muchos años más -bajo cualquier forma física que adopte- sobre todo lo que ocurre en su entorno. Como viene haciendo LA VOZ DE AVILÉS desde hace ya 110 años. Nada menos.

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