«Lanzó un puñetazo y, si no me giro, engancha a mi hija pequeña»

C. R. AVILÉS.

R. F. volvió a sentarse ayer en el banquillo del Juzgado de lo Penal Número 1, en esta ocasión, acompañada por su padre y un amigo de este, por el quebrantamiento de una orden de alejamiento respecto a un exnovio, un avilesino al que acosó, y el consiguiente altercado en una sidrería de Luanco en la que coincidieron las familias el 5 de febrero del año pasado. Ella se enfrenta a una solicitud de pena de un año de prisión y una multa, y los dos varones, acusados de dos presuntos delitos leves de amenazas y maltrato, a sendas multas.

La mujer, que tenía prohibido acercarse a menos de quinientos metros de él, entró en el bar de la avenida del Gayo en el que él estaba comiendo con su mujer y sus dos hijas pequeñas. Según la acusada, entró para saludar a sus padres, sin saber que él estaba allí y sin verlo al entrar. Una vez en el interior, y tras confirmar que estaba, trató de irse en cuanto tuvo ocasión sin tropezarse con él.

Él dijo que era imposible no verlo al entrar porque estaban sentados en una mesa enfrente de la puerta, tal como corroboró un agente de la Guardia Civil. Declaró que, en un primer momento, entró la familia de ella junto a unos amigos y «ya comenzaron miradas, cuchicheos y comentarios», que trató de ignorar pero que no cesaron durante toda la comida. Cuando llegó la Benemérita, tras haber sido solicitada su presencia por él, todo se desmanó. El denunciante acusa al padre de la mujer y a su amigo de sujetarlo, zarandearlo y hasta de soltarle un puñetazo. «Si no me giro, enganchan a mi hija, que la tenía en brazos», declaró.

Tanto la Fiscalía, que pide para ella diez meses de cárcel, como la acusación particular consideraron elocuente el testimonio del denunciante, que resultaría avalado en su mayor parte por el de uno de los agentes que sí oyó como el padre de la denunciaba lo retaba a salir fuera del local «si tienes huevos». No pudo, sin embargo, certificar las amenazas de muerte. Tampoco resulto creíble para ellos la versión del padre de la mujer, «que solo niega, no sabe y no concreta» y al que un guardia civil «tuvo que calmar y sujetar», tal como afirmó el otro agente, conocido de la familia, durante la vista. A su amigo, pese a negar los hechos, se le vería lanzando un puñetazo en un fotograma de las imágenes grabadas por la cámara de vigilancia.

La defensa pide la absolución de los tres porque fue «un delito provocado» ya que el restaurante en el que sucedió el rifirrafe «está a escasos metros de la casa de ella y la mesa estaba reservada con antelación». Además, «ella se fue en cuanto pudo». El juicio ha quedado visto para sentencia.

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