Línea directa con San Pedro

Loli Mosquera coloca la túnica a la imagen de San Pedro en la capilla de Rivero. /  PATRICIA BREGÓN
Loli Mosquera coloca la túnica a la imagen de San Pedro en la capilla de Rivero. / PATRICIA BREGÓN

Veinticinco de los cuarenta años que Loli Mosquera lleva en la cofradía de Rivero los ha pasado vistiendo la imagen de San Pedro

NOMBRE AVILÉS.

«Hoy tienes los ojos tristes, ¿qué te pasa?», pregunta Loli mientras acaricia repetidamente y con dulzura la cabeza de San Pedro. Consciente de la presencia de algunos transeúntes que observan desde la calle el trajín en el interior de la pequeña capilla de Rivero, Loli comenta jocosa: «Pensarán que estoy loca, pero me da igual, hablo con él todos los días. Vivo aquí al lado, y siempre que paso le saludo y le pregunto como está. Es como de la familia», sonríe sincera.

De hecho, comenta cómo muchas veces, la gente que la conoce de siempre le dice cuando pasa: «Ríñelo para que no llueva». Y así lo hace.

Continúa acariciando los ojos del santo mientras recuerda el tiempo que lleva a su lado. De sus cerca de cuarenta años vinculada a la cofradía del Santísimo Cristo de Rivero y San Pedro Apóstol, más de la mitad los ha dedicado a vestir al santo. «Empecé ayudando a Victoria, que era la encargada de vestirlo. Me fijaba en cómo lo hacía, hasta que un buen día me dijo, vete aprendiendo porque cuando ya no pueda, luego lo harás tú. Y aquí sigo, vistiéndolo veinticinco años después». Recuerda cuando metían los pasos en un local cercano a la capilla de Rivero. Allí les colocaban las flores «hasta las tres o las cuatro de la mañana».

Su principal labor consiste en cuidar la ropa de la imagen y mantenerla en perfecto estado. «La lavo y plancho y la arreglo un poco si hace falta», comenta. El martes por la mañana, es el momento de vestir al santo, así que «por la mañana a primera hora lo visto, luego me voy a trabajar y vuelvo, después por si hace falta algún detalle más», explica.

Cuando se le pregunta por su fe en el santo se le iluminan los ojos, «le tengo mucha, mucha fe», repite. Y se emociona cuando habla de cómo le reza a diario aunque aclara que «no le pido mucho ahora para mí, de hecho cada vez le pido menos. Pienso a veces lo cansado que estará con todo lo que le rogamos a diario, ¿verdad San Pedrín?».

Cuando se le pregunta por lo que significa para ella formar parte de la cofradía de San Pedro, Loli se emociona. Tras treinta y nueve años que lleva en la hermandad, la Semana Santa es para ella la época más especial del año, una tradición que vive con fervor y comparte con su familia.

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