Llenazo en busca de cerveza

La afluencia al festival fue masiva desde que abrieron las puertas, llenándose las mesas y los bancos de la carpa central. / MARIETA
La afluencia al festival fue masiva desde que abrieron las puertas, llenándose las mesas y los bancos de la carpa central. / MARIETA

El festival arranca de forma multitudinaria pese a la amenaza del mal tiempoEl público acudió en masa a La Exposición desde primera hora para disfrutar de los puestos de comida y bebida en la XXIII edición del certamen

M. PICHEL AVILÉS.

En Avilés hay ganas de fiesta. Hay necesidad de salir a la calle, de sacudirse un verano que se ha quedado en casa y que ayer en algunos momentos mostró su peor cara, de lluvia y hasta frío por momentos. Así se presentaba a media tarde el panorama, con un aguacero que invitaba a guarecerse, y el sol jugando al escondite. Pero los avilesinos y los visitantes decidieron romper filas y no perderse uno de los acontecimientos del verano. El Festival de la Cerveza se iniciaba en su edición número 23, y el público se lanzó de forma multitudinaria a un comienzo con fuerza, un abarrote en La Exposición para deleite de los puestos de bebida y de comida. Como decía Ricardo Fernández, de la Cervecería Cantina de la Renfe, «¿qué otro sitio ofrece música en vivo, sitios para comer y para beber, como si fuera una romería?».

La afluencia de público fue constante desde el instante inicial, a partir de las seis de la tarde. Pese a que el tiempo no parecía invitar, la gente se decidió a salir a la calle y acercarse en masa a La Exposición. El trasiego era continuo desde Las Meanas, con la calle Orejas Sierra cortada para facilitar el tránsito de personas con la máxima seguridad. Se podían ver caras conocidas, como los concejales del Gobierno municipal Luis Huerga y Manuel Campa, que departían amigablemente en las mesas del interior de la carpa del público, en las que a eso de las ocho de la tarde el espacio ya empezaba a escasear. Incluso el alcalde de Corvera, Iván Fernández, encontró un hueco para pasear por allí.

Pero sobre todo innumerables avilesinos y también visitantes, solos y en familia, porque en el recinto hay un espacio reservado para los más pequeños, con coches de choque, caballitos, colchonetas y camas elásticas. Para conseguir que nadie que tuviese la voluntad de llegar hasta allí, se quedase fuera, de puesto en puesto, bien en las barras de cada tienda, o en las mesas de la carpa central, en donde se sitúa el escenario en el que ayer dio su primer concierto el grupo Mbolados. Porque la música fue una constante en el primer día, y va a mantener el protagonismo hasta que finalice el festival, el próximo martes 15.

El certamen permite probar variedades de cerveza para todos los gustos

Claro que la principal fuente de atracción de un festival que exalta a la bebida fermentada de los cereales, de la cebada al trigo, pero también centeno e incluso escanda, sigue siendo la cerveza, y sus múltiples variedades. Porque, como escribe Steve Huxley en su 'Biblia' para 'cervesiáfilos' 'La cerveza: poesía líquida', las posibilidades y variantes que ofrece esta bebida son casi infinitas, superando a otras tradicionales, como el vino o la sidra. Claro que la mejor compañía para una buena cerveza, además de una mejor conversación, es alguno de los alimentos que se pueden adquirir en los once puestos destinados a ello. Desde los más habituales bocadillos de clásicos e imprescindibles en el certamen, como El Caudal, pasando por pulpo, empanadas, jamón y viandas para saciar casi cualquier paladar.

Colores y sabores

Pero el protagonismo sigue siendo de la cerveza, de todos los colores, más allá de las habituales rubias, tostadas o negras. Turbias o filtradas, industriales o artesanas, ligeras o fuertes, con o sin alcohol, de grifo o de botella, suaves o con todo su poderío de decenas de IBUS de amargor, 'ales', 'lager'... Casi una infinita paleta en la que elegir y perderse disfrutando con los amigos, con la familia, de puesto en puesto.

Hay locales que son un clásico dentro del festival, como la Cervecería de la Cantina de Renfe. «Nosotros estamos desde la primera edición», confirmaba Nuria Moreno, que hacía un recorrido desde aquellos tiempos iniciáticos hasta lo que se ha convertido en la actualidad: «Ha dado un cambio radical. Empezó en un fin de semana, recuerdo que vino gente hasta de Granada. Y ahora el salto ha sido enorme». Ellos ofrecen cervezas belgas, como la Piraat, pero también checas «naturales, sin aditivos», en palabras de Ricardo 'Richard' Fernández.

Otro clásico especializado es El Cabanón. «Este año ha empezado con mucha fuerza. Al abrir ya había bastante gente, se han lanzado. A ver si el tiempo respeta», decía su propietario Pablo García Serrano. Su oferta va desde cervezas asturianas artesanas como Caleya, a marcas de los países con más tradición, como Bélgica, Gran Bretaña, Alemania o Estados Unidos. Y este año se pueden degustar en el vaso de cristal que distribuye la organización. «Es un avance. Lo reclamábamos hace tiempo, porque así se puede tomar cerveza de calidad en un recipiente adecuado», destacaba. Una opinión que comparte Sonia Granda, de Le Garaje, que lo consideraba «una buena idea», y Rubén Fernández, de La Sala-Moma, que lo ve como «un distintivo de calidad».

Desde Le Garaje, Sonia resaltaba lo bien que había empezado: «Para ser el primer día, ha estado muy bien, creo que va a ser una gran semana». Por su parte, desde La Sala-Moma que este año se estrenan en el festival, destacaba Rubén la importancia de la carpa, «porque salva del mal tiempo». Sus expectativas son buenas, con productos como Inedit, creada por Ferrán Adriá, o Bilbao Oro, una cerveza de grifo sin filtrar.

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