El macrojuicio por la 'Operación Tridente' comienza el lunes en la Audiencia con 21 acusados

El fiscal pide penas que suman 156 años de cárcel para el mayor grupo dedicado al tráfico de drogas que operaba en la región en 2012

R. A. / O. S. AVILÉS/GIJÓN.

El próximo lunes comienza en la audiencia el macrojucio contra un grupo organizado de tráfico de drogas, el mayor que operaba en la región en 2012, momento en el que fueron desarticulados en el marco de la 'Operación Tridente'. En el banquillo se sentarán 21 acusados, pertenecientes a dos ramas, una asentada en Gijón y la otra en Avilés.

Aquí el cabecilla era un hombre conocido como 'Toño', que no cuenta con antecedentes penales. Es el principal acusado y la Fiscalía pide para él catorce años de prisión, ocho por un delito contra la salud pública, dos por pertenencia a grupo criminal, y otros cuatro por cohecho, además de multas económicas.

El numeroso grupo introducía en Asturias drogas de todo tipo, desde cannabis a cocaína, MDMA, ketamina e incluso hongos alucinógenos. De su adquisición y transporte se encargaban dos individuos, a quienes sus colegas llamaban 'Ñocla' y 'Papasfritas'. Durante la investigación realizaron al menos dos viajes a Málaga, ambos en el mes de septiembre, para traer estupefacientes al Principado.

Se desplazaban en furgoneta, una Citroën Berlingo, que conducía 'Papasfritas' mientras que 'Ñocla' hacía funciones de lanzadera a bordo de un Renault Clio. Uno de los días sufrieron un accidente, y dejaron la furgoneta en León. Viajaron hasta Gijón el Clio antes de ser detenidos con un importante alijo de cannabis destinado a 'Toño' y al cabecilla de la rama gijonesa, 'Pakito'.

Toño, por su parte, también realizaba desplazamientos a Galicia para aprovisionarse de drogas, en los que le solían acompañar otros miembros del grupo. Mientras era investigado fue varias veces a Villagarcía de Arosa a bordo de un Audi A4 Avant para mantener contactos con varios proveedores gallegos.

Los más cercanos a Toño eran 'Pelos', que realizaba funciones de recaudador de dinero, lo mismo que 'Rubio'. Otros como, 'Boci', adquiría y distribuía las drogas, mientras que 'Marinkes' se dedicaba fundamentalmente a la distribución a terceros a través de conexiones telefónicas y visitas a su domicilio.

Se movían mucho entre Avilés y Gijón y también a otros lugares como Luanco. En el registro de el domicilio de 'Marinkes', en Raíces, se encontraron múltiples sustancias que, puestas en el mercado, hubieran alcanzado unos 140.000 euros. Poco comparado con lo que se halló en la casa de 'Boci', en Piedras Blancas, donde había 400.000 euros de ketamina, 19.000 de ketamina y 8.000 de cocaína.

El 11-M y Pípol

El golpe al narcotráfico se saldó con el decomiso de 48 kilos de hachís, once litros de ketamina y 220 gramos de cocaína, y descubrió que los acusados habían estado relacionados con otros de los grandes casos destapados en Asturias. Toño, por ejemplo, declaró como testigo en la trama asturiana del 11-M por su relación con Antonio Toro. En el momento de su detención, en noviembre de 2012, regentaba una administración de lotería en la gijonesa avenida de la Constitución, donde casualmente había repartido varios premios gordos en pocos meses.

Otro de los procesados que se sentarán en el banquillo de los acusados es D. G. D. Afronta seis años de cárcel, a los que se suman los nueve años y medio de prisión a los que ya fue condenado por tráfico de drogas en el marco de la 'operación Pípol', en la que estuvo procesada la trama asturiana del 11-M.

La investigación policial arrancó a principios de 2011 y se desarrolló en varias fases hasta alcanzar los 21 detenidos. Uno de los implicados era guardia civil en el momento de los hechos. Se enfrenta a cuatro años de prisión por un delito de cohecho y otro de estafa. En varias ocasiones acudió a sus compañeros del cuerpo para obtener información que suministrar al grupo investigado. En el momento del arresto, en la taquilla del cuartel donde trabajaba se hallaron seis sobre que contenían 18.000 euros.

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