Maquetista a tiempo completo

Suárez, ante una réplica de la Cueva de Covadonga, expuesta en el certamen de ganado de San Agustín. /PATRICIA BREGÓN
Suárez, ante una réplica de la Cueva de Covadonga, expuesta en el certamen de ganado de San Agustín. / PATRICIA BREGÓN

Las réplicas de hórreos y monumentos asturianos de Joaquín Suárez captan la atención en el Certamen de Ganado

C. DEL RÍO AVILÉS.

Joaquín Suárez, natural de Campañones y vecino de Posada de Llanera, descubrió su afición a las maquetas cuando se jubiló de la construcción. Buscando cómo ocupar tantas horas libres al día descubrió una habilidad desconocida hasta entonces. El trabajo artesano de medir, cortar, soldar y montar no entrañó más dificultad que el número de horas y la paciencia, condiciones ambas de las dos anda sobrado. Muestra de ello es la exposición que estos días exhibe en el stand de Caja Rural, en el Certamen de Ganados, en el pabellón de exposiciones de La Magdalena.

Son varias decenas de réplicas de hórreos, paneras y monumentos asturianos a escala real, con especial presencia de los de Posada de Llanera. Sentado, a pie de obra, está Joaquín, dispuesto a explicar a los numerosos visitantes los materiales y la dificultad de reproducir cualquiera de ellas. La que más le ha costado, sin lugar a dudas, es la más llamativa de todas: el pozo minero de San Luis. Varias visitas al museo de la minería y ocho meses después (no a tiempo completo), la escultura capta la atención de todo aquel que entra en la sala. Son varios niveles, con dos plantas de galerías subterráneas y los mineros trabajando en ellas, la superficie y el espectacular castillete soldado en hierro que se levanta a un lado.

«No pude aprovechar nada. Ni las vías por las que van las vagonetas, que tuve que soldar pieza a pieza, ni las mismas vagonetas ni el castillete», por eso no es extraño que sea la pieza que más le enorgullece.

Los hórreos y paneras, en la fila central de la sala, fueron sus primeros trabajos y, una vez descubiertos todos los secretos de su construcción, se lanzó a otro tipo de edificios. «Siempre cojo el mismo material del monumento que esté construyendo. Es decir, si son iglesias del prerrománico, busco piedra, para el tejado de los hórreos, teja y así sucesivamente», explica. Además, en el caso de animales, que también se 'cuelan' entre construcción y construcción, pelo, plumas y madera, entre otros.

Estas esculturas son, ante todo, una afición. Suárez no se plantea vender porque sabe que costaría. «Realizo algunas por encargo, pero las que están aquí expuestas las he hecho para mí. No sé calcular cuánto podrían costar», anticipa. Entre los encargos más recientes se encuentra una maqueta de la central eléctrica de La Malva, en Somiedo, por encargo de Hidrocantábrico con motivo del centenario de esta instalación. Próximamente la entregará para que luzca en su interior.

Esta no se guardará junto a las otras en el almacén de la tienda de su hija, que es donde «las tengo por todos los rincones» porque ni son pequeñas ni son pocas. Y la colección va en aumento.

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