Material escolar avilesino llega al desierto marroquí

Anne Sautteraru y la asturiana Gabriela Sachet Fernández, con el material donado detrás. / LVA
Anne Sautteraru y la asturiana Gabriela Sachet Fernández, con el material donado detrás. / LVA

Lo llevó la franco-asturiana Gabriela Sachet tras conducir seis mil kilómetros a bordo de un Renault 4L | Su coche ha sido uno de los cuarenta embajadores del 4L Trophy, un raid solidario dirigido a estudiantes con 1.260 equipos inscritos

C. DEL RÍO AVILÉS.

Sabían lo justo de coches, pero el raid '4L Trophy' les resultó tan atractivo que Gabriela Sachet Fernández y Anne Sautterau, estudiantes de cuarto año de Ingeniería en Biotecnología en París, no se lo pensaron dos veces y se pusieron manos a la obra. Se compraron un Renault 4L de 1989 en Puerto de Vega y comenzaron a prepararlo todo. Desde la búsqueda de patrocinadores al material escolar que han transportado hasta Marruecos. Porque ese es el objetivo del viaje: una aventura en la que poner a prueba su resistencia con un fin solidario: llevar ayuda a los niños del desierto de Marruecos.

Entre los 1.260 coches que cubrieron los seis mil kilómetros entre París y Sachet predominan los franceses, entre los que se cuela alguno español, italiano, marroquí, argentino, canadiense y americano. Y solo uno, el de ellas, es franco-español. Gabriela Sachet Fernández, nacida en Oviedo en 1996, vive en Francia con su familia y regresa todas los veranos a la ciudad de su madre y sus abuelos, los dueños de La Cantina. Fue aquí donde gestionó la adquisición del material escolar que entregaron el pasado martes. Fueron cuarenta kilos de libretas, bolígrafos, rotuladores y otros enseres escolares donados por las familias del Colegio Público Enrique Alonso.

«Vimos el Raid en la televisión el año pasado y pensamos que el año que viene (por este) lo haríamos nosotras», explicó por teléfono Gabriela tras haber superado el desierto de Merzouga sin ningún contratiempo y haber entregado la ayuda humanitaria. «No sabíamos nada de mecánica, yo hasta aprendí a conducir con marchas en verano, pero aquí estamos», explicó. Los más difícil ha sido usar la brújula para orientarse porque la tecnología está prohibida. Y lo más satisfactorio comprobar la ayuda entre los distintos participantes cuando uno de los coches está en una situación comprometida.

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