«El mejor teatro es el que espera algo del espectador porque le respeta»

Juan Mayorga y Ernesto Caballero a derecha e izquierda del presentador, respectivamente. /MARIETA
Juan Mayorga y Ernesto Caballero a derecha e izquierda del presentador, respectivamente. / MARIETA

El dramaturgo Juan Mayorga y el director del Centro Dramático Nacional, Ernesto Caballero, cierran los 'Diálogos sobre la escena' en el Palacio Valdés

C. DEL RÍO AVILÉS.

Apogeo. Renovación. Excelencia. Respeto. Fueron los conceptos que ayer lanzaron el dramaturgo Juan Mayorga y el director del Centro Dramático Nacional, Ernesto Caballero, en el último de los 'Diálogos sobre la escena' con los que el Teatro Palacio Valdés ha conmemorado los veinticinco años de reapertura. Los dos coincidieron en señalar el buen momento creativo que se vive de la mano de jóvenes autores muy prometedores en una España que siempre ha sido «una gran potencia teatral», según señaló Caballero. ¿Qué ha pasado entonces? ¿Por qué el teatro no tiene el reconocimiento social que debiera? Sobre eso, como ya hicieron los anteriores invitados al ciclo, volvieron a hablar Mayorga y Caballero con un poso de confianza y optimismo ausente en los anteriores diálogos.

Ambos calibraron el cambio sufrido por las artes escénicas en estos últimos veinticinco años, a preguntas del periodista Saúl Fernández. Un cambio que comenzó con el proyecto de rehabilitación de teatros que determinó «no solo muchos cambios en la escritura y dirección escénica sino en la propia estructura de las compañías de teatro». Eso, con el paso de los años, se ha traducido en una «vuelta del calcetín, con especial apogeo de la literatura dramática encabezado por un movimiento esperanzador de renovación», describió Caballero. «Que las compañías hayan confiado y el público respondido no tiene nada que ver con el pasado».

Este gran cambio supone que «ya en la sala de ensayos estamos pensando que nuestro espectáculo puede ir un día a Avilés, a Talavera o a Málaga. Condiciona para bien nuestro trabajo. Cuando estamos construyendo ese hecho social que es el teatro, de algún modo, ya estáis vosotros ahí con nosotros», afirmó Juan Mayorga.

Recordó cuando empezó a escribir mucha gente le preguntaba por qué no escribía una novela o para el cine, en lugar de para un sector «sin horizonte». Ya consolidado, Mayorga puede confirmar que si bien sigue siendo difícil vivir de ello, «ahora hay un clima de orgullo» sustentado en «gente con talento, muy joven, que siente que el teatro es un buen lugar para compartir experiencia y contar historias».

Ernesto Caballero recordó que en sus inicios el teatro era una forma de vida, «una suerte de rebelión», en la que él encontró «esa idea wagneriana de la suma de todas las artes». Rememoró aquellos espectáculos de los albores de la democracia «donde un sonido o martillazo se hacía poesía y adquiría elocuencia», por lo que de manera natural se fue decantando.

A Mayorga le pasó algo parecido porque él estudió Filosofía y Matemáticas y no tenía un plan para vivir del teatro. Pero se dio la circunstancia de que como espectador se había enamorado del teatro. Se felicitó, eso sí, de haber comenzado a serlo en la adolescencia. «Tuve suerte porque el primer teatro que vi un fue un teatro pedagógico y de buenas intenciones, que me respetaba y desafiaba, que era tan exigente como los buenos libros que había en la biblioteca de mi padre», unos requisitos que él intenta mantener en sus obras con «acción, emoción, poesía y pensamiento» como ingredientes básicos. «Ese es el teatro que yo encontré y el que intento dar. El mejor teatro es el que espera algo del espectador porque eso es mostrarle respeto», aseveró.

El papel del público

A ese público que responde ante determinadas propuestas es la que encomienda Mayorga la dignificación de la cultura. «Más que a los profesionales, corresponde a los ciudadanos. Una ciudad con teatro con una programación variada, compleja y ambiciosa, con espacios de exhibición de las artes y buena cineteca, es una sociedad más crítica, con capacidad de resistir. Son los propios ciudadanos los que tienen que reclamar eso», apuntó. Reflexión que le llevó hasta países como Polonia, Rumanía o en Argentina o el propio Reino Unido, en los que «el teatro se convirtió en un espacio de resistencia y siempre en un lugar de excelencia desde el que se ganó el respeto porque (...) cuando el espectador siente que se le da oportunidad de examinar su vida devuelve gratitud».

No cabía una conversación sin aludir al papel de la función pública, en la que ahora se mueve el dramaturgo y director de escena Ernesto Caballero como director del Centro Dramático Nacional. Afirmó que «no es un contenedor», sino que tratan de dar oportunidades conforme a una línea de programación. Trabajo que Mayorga alabó por el «juego dado juego a la nueva dramaturgia y también a autores mayores». Explicó que si el Centro apenas sale de gira por problemas varios que van «desde convenios laborales que hay que revisar a un sistema de recaudación que hace que no revierta en la propia producción», explicó.

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