El Mercado Medieval llena Avilés

El público que llenó ayer por la mañana las calles del Mercado Medieval disfruta con la actuación de un grupo de bufones. / PATRICIA BREGÓN

Miles de personas desbordan el centro en su retorno a la Edad Media a pesar de la tormenta pasajera

M. PICHEL AVILÉS.

La apoteosis festiva de San Agustín dio ayer un paso más al llenar la ciudad de gentes de toda procedencia para disfrutar del ambiente. Se inauguró el Mercado Medieval, y ya desde primera hora de la mañana logró convertir las calles del casco histórico en un hervidero. De La Ferrería a Carlos Lobo, de La Fruta a Camposagrado, miles de personas se arracimaron para disfrutar de los puestos de comida, bebida y artesanía, abiertos desde ayer y hasta mañana. Como dijo uno de los juglares de las diferentes compañías que animan el certamen, «¡tres días de fiesta he decretado y quiero que los deis por inaugurados!». Una fuerte tormenta por la tarde, con aparato eléctrico acompañada de lluvia, puso en jaque la normal celebración del mercado, pero descargó y el público conquistó de nuevo las calles.

La mañana comenzó con fuerza, con una gran afluencia. Y por la tarde, justo después de la reapertura, a eso de las cinco, la cambiante meteorología hizo temer lo peor, puesto que la tormenta veraniega que amenazaba se cernió sobre la ciudad y descargó su furia entre granizos, relámpagos y truenos. Pero ni avilesinos, ni visitantes de otras partes, que los hubo y abundantes, se arredraron ante las inclemencias del tiempo, y se decidieron a saborear todas las posibilidades que el mercado les ofrecía en cuanto se vislumbró la más mínima tregua.

Más información

«¡Huele a carne, a vino, a fiesta!». A media mañana, el pregón desgranado de forma colectiva por los distintos grupos de animación que actuarán por las calles hasta pasado mañana, Teatrakalakalle, Camaleón y Pedritonwheel, dio paso al disfrute. Aplaudían al ritmo de la música los miembros de la corporación municipal avilesina que asistieron, encabezados por la alcaldesa, Mariví Monteserín y la concejala de Festejos, Ana Hevia. Junto a ellas, los ediles del PP Constantino Álvarez, Francisco Zarracina y Ana Bretón.

«¡Pasad y disfrutad de este mercado que ha quedado inaugurado!». Juntos, los representantes públicos del concejo acompañaron a la comitiva de juglares, trovadores, bufones y gigantes sobre zancos, al son de la música folk interpretada por el grupo portugués Albaluna: gaitas, laúdes y percusión, a través del casco histórico. Un numeroso grupo organizado de visitantes valencianos, de Tabernes de la Valldigna, localidad cercana a Gandía, que disfrutaba de las explicaciones del arte del Palacio de Camposagrado, miraba de reojo al acto inaugural del mercado medieval. «Nos está encantando la ciudad», reconocía una de las turistas levantinas.

El susto de la lluvia

El sol jugaba al escondite entre las nubes de primera mañana, para ocultarse a la hora de comer, con lo que el posible día de playa mutaba en día de paseo. No obstante, la previsión meteorológica anunciaba tormenta, y no fallaría. Aunque lejos de frenar al público, que se atechó bajo los soportales del centro y despobló de forma momentánea las terrazas para rescatar los paraguas, en cuanto la lluvia se detuvo, a eso de las seis de la tarde, con un tímido rayo de sol que se aguantaría hasta el anochecer, los puestos, en los que proliferaron los plásticos para evitar que se mojaran los productos y en los que los comerciantes achicaron con rapidez el agua acumulada, se llenaron de nuevo de curiosos. Todos, con la firme intención de disfrutar de las actividades sin fin que prometía el mercado.

Saltarían de las calles y plazas adornadas con banderines y jalonadas con los puestos donde comprar casi cualquier producto artesano imaginable: de La Fruta, La Ferrería, Camposagrado, Jovellanos, Los Alas, hacia otros rincones del casco histórico, por donde también al mediodía se sentirían los sones de la música de las bandas de Avilés y de Torroso-Mos, pasacalles y actuación en la plaza de España incluida.

El séquito seguía a los actores, interesándose por las ofertas de los tenderetes, con 'sus mercedes' los mercaderes ataviados a la guisa del medioevo. Y comentaban entre ellos por La Ferrería arriba, para dispersarse ante el Ayuntamiento, mientras los animadores deshacían el camino, bajaban hasta Carlos Lobo y torcían por Jovellanos a una calle de Los Alas llena de puestos.

Joyas, desde colgantes, a anillos, pulseras y pendientes, de cuero, de plata, de acero; navajas de Taramundi, utensilios de cocina; juguetes de los de toda la vida, té a granel, jabones ¡hasta de leche de burra, recordando a Cleopatra!; artículos de cuero, monederos, carteras; lámparas, maravillosas y normales... En un puesto se ofrecían grabar el nombre en un grano de arroz; otro vendía peluches y marionetas; más allá, zapatillas para el invierno, oferta de ocio y compras. Y mezcla de acentos, de todas las partes de España, asturiano, gallego, extremeño, castellano, andaluz... Pero también voces africanas, magrebíes. En los comerciantes de los puestos, igualmente entre los visitantes de la ciudad, atraídos por el colorido del mercado.

Las tiendas medievales convierten las calles en un crisol, y las llenó de curiosos. «¡No os olvidéis de comprar!», recordaban los juglares, porque la vista podía volar de un lado a otro de las calles, de un artículo singular a otro más curioso.

Ocio y compras

El Mercado Medieval propone compras, pero también permite satisfacer la sed y el hambre. Los puestos de comida se concentran sobre todo en las plazas, con menús que van del pulpo a las costillas, regados con agua, vino o sidra. Pero también pizzas, postres a base de pastelillos árabes acompañados de un té moruno. Y el que quisiera llevárselo para casa, tenía la opción de adquirir quesos de distintas procedencias, embutidos, o pan, empanadas, bizcochos, tartas...

Por la tarde la afluencia fue tal, alejada la tormenta, que apenas se podía caminar entre los puestos. Pero no todo era mirar, comer o comprar. Niños y mayores pudieron aprender el trabajo de una hilandera, a modelar en el barro con un taller de alfarería, a destilar esencias, a manipular el cuero... Con especial protagonismo para los más pequeños. En la plaza de Alfonso VI, ante el edificio de Servicios Universitarios, se dispuso de espacio para sus juegos, desde un ajedrez gigante, a atracciones de elaboración artesanal, y la posibilidad de sentarse a escuchar con atención cuentos de princesas y príncipes. Las actuaciones, la animación, sobrepasaron los límites de la villa medieval que recobró por un momento, y mantendrá hasta mañana, su rico pasado, y se adentraron en más calles para atraer hacia el mercado a la gente.

Hoy el programa volverá a estar repleto de actividades, no solo comerciales, sino música, animación, juegos. El mercado medieval abrirá sus puertas a las once de la mañana, con primer cierre a las 14.30 horas. Por la tarde comenzará a las cinco, y se prolongará de forma ininterrumpida hasta la medianoche.

Temas

Avilés

Fotos

Vídeos