Una metáfora del destino ibérico

Emilio de Diego, José María Pérez Arias y Juan Velarde durante la pausa del café en La Granda. / MARIETA

La catedrática Marion Reder reflexiona sobre el Infante Pedro Carlos de Borbón | «Iniciativas como estos cursos contribuyen a acercar a España y Portugal», asegura la profesora de la Universidad de Málaga

FERNANDO DEL BUSTO AVILÉS.

Más allá de los expertos en historia, la figura del Infante don Pedro Carlos de Borbón (1786-1812) apenas es conocida. Sin embargo, el hijo de Gabriel de Borbón y la Infanta Mariana Victoria de Portugal presenta un papel altamente simbólico en las relaciones hispano-lusas, según destacó ayer la profesora Marion Reder, catedrática de Historia Moderna en la Universidad de Málaga y que ayer glosó la figura del Infante en el transcurso del primero de los cursos de La Granda, que este año analiza a grandes personajes de la historia de España en Portugal y viceversa.

«Murió por causas naturales a los 26 años de edad. No sabemos el papel que hubiese jugado en la monarquía española, pero hubiese sido muy interesante», explicó Reder. Su afirmación se basa en las relaciones dinásticas de la época. El Infante don Pedro era el hijo menor del también Infante (título de nobleza portugués) Gabriel de Borbón, hijo de Carlos III de España. Aunque su tío heredó la corona española como Carlos IV, Marion Reder recordó ayer que el Infante Gabriel «era el preferido de Carlos III. Era una persona culta, sabía tocar el clavicordio y traducía a Salustio».

Según lo habitual de la época, Carlos III planificaba los matrimonios de sus hijos atendiendo a las posibles sucesiones dinásticas. «Carlos III organizó el matrimonio de don Gabriel con una Infanta portuguesa con la intención de acercar las líneas de sucesión de ambas dinastías con el objetivo de unir las dos coronas, como sucedió con Felipe II», explicó Reder.

«España y Portugal comparten idiosincracia y muchos de sus problemas»«Ambos países tienden a darse la espalda a pesar de tener muchos puntos en común»

La repentina muerte tanto del Infante don Pedro como su hermano frustró esa posibilidad. Pero ello no impide que la profesora Reder reflexionase sobre un posible papel en las convulsiones que afectaron a España entre finales de siglo XVIII e inicios del XIX. ¿Un posible sustituto de Fernando VII? «Su perfil era de una personal ilustrada, por lo que su gobierno hubiese sido diferente», apuntó con prudencia la historiadora.

Pero más allá de su historia, la biografía del Infante don Pedro se puede interpretar como una metáfora de la historia ibérica, donde España y Portugal son vecinos que procuran mantener la distancia.

«Las alianzas de España y Portugal han sido tradicionalmente diferentes. Portugal, ya desde el siglo XV, desarrolló su vertiente atlántica, consolidando su relación con el Reino Unido. Sin embargo, la historia de España, sobre todo desde la presencia de la Casa de Borbón, ha apostado más por las alianzas con Francia», comenta.

«Muchos puntos en común»

Y es que Marion Reder reflexionó como «ambos países tenemos muchos puntos en común, sin embargo, tendemos a darnos la espalda». De ahí la necesidad de un acercamiento y que ya se vive en el campo de la cultura y las artes, donde los creadores portugueses son conocidos y alabados de manera generalizada en España.

«Es necesario aproximar a ambos países. Iniciativas como estos cursos contribuyen a que la historia se conozca y que ambos países se acerquen», elogia. Desde el último cuarto del pasado siglo, España y Portugal, Portugal y España han reforzado sus lazos económicos, sociales y culturales. La entrada de ambos estados en la entonces Comunidad Económica Europea contribuya a despejar temores y hacer viable un cooperación entre ambas naciones. «En campos como el económico no existen grandes rechazos a las inversiones de otros países porque todo lo que genera bienestar siempre es bienvenido», asegura.

En su opinión, las reticencias siempre se han centrado más en el ámbito político que en las dinámicas sociales y económicas. Las tensiones en la expansión americana o africana son un ejemplo. «España y Portugal comparten una idiosincracia y muchos de sus problemas son comunes. Ambos estados deben cooperar para defender sus interés en la Unión Europea», reflexiona Reder. Y es que el eje Lisboa-Madrid puede plantearse como un contrapeso frente a las dinámicas dictadas por la Europa del norte que, en muchas ocasiones, se encuentran muy alejadas de las necesidades de las naciones del sur del continente.

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