De millonario a eterno caminante

Luigi Cianti, con su bordón de peregrino, ayer en La Ferrería, en su descanso en Avilés. / PATRICIA BREGÓN
Luigi Cianti, con su bordón de peregrino, ayer en La Ferrería, en su descanso en Avilés. / PATRICIA BREGÓN

El italiano Luigi Cianti descansa en Avilés después de finalizar el camino a Santiago, que inició en Polonia e incluyó el tramo del NorteDonó su fortuna tras fallecer su mujer y desde entonces se dedica a peregrinar

M. PICHEL AVILÉS.

Luigi Cianti cumplirá el próximo día 22 de julio 72 años. En 1995, con 50, su existencia dio un vuelco. Su mujer, con la que había convivido desde su juventud, murió de un cáncer. Durante cinco días, intentó mitigar su dolor en una espiral de alcohol y de drogas. «Hasta que me desperté tirado en un barranco, sin nada, con el coche destrozado, y sentí que la vida me daba una nueva oportunidad», rememora. Disfrutaba de una situación desahogada, pero decidió donar su fortuna a obras de caridad, dejarle a su hijo lo suficiente para no pasar estrecheces y sintió la necesidad de ir a pie hacia Jerusalén. Desde entonces, su vida se ha convertido en un eterno peregrinar, con Compostela como referencia, pues allí vive con su compañera Pilar, asturiana. Hace apenas unos días terminó su camino de Santiago número 36, tras iniciarlo en Polonia y pasar por Avilés, pues en España escogió la ruta del Norte. En la ciudad se encuentra estos días de descanso, junto a un buen amigo, Pasqual Esposito, propietario del restaurante don Pasquale, para regresar el día 25, festividad del Apóstol, a Galicia.

Luigi estrecha la mano con fuerza. La tez morena, curtida, estampa enjuta, merced a los miles de kilómetros que lleva a sus espaldas por caminos de toda Europa. En su mirada hay experiencia, muchas vidas vividas, que transmite con calidez en una musical mezcla de castellano e italiano.

Repasa su periplo vital (recogido en su libro 'Caminando con Dios', publicado el año pasado, y escrito a cuatro manos con su actual compañera). No conoció a sus padres, huérfano en la Roma de la posguerra Mundial (nació en 1945), criado en un orfanato a cargo de los franciscanos, que en un principio pensó en el sacerdocio como destino... Y cómo conoció a su mujer, a la que recogió en su camión -él era conductor-, mientras ella hacía autoestop, y resultó que aquella chica joven era la hija del dueño de la empresa de transportes para la que trabajaba. Se enamoraron, y cuando ella murió, todo dejó de tener sentido y abandonó lo material. Emprendió ruta a Jerusalén, hacia una nueva vida.

«De todos los caminos que llegan ,a Santiago, el del Norte me parece el más espiritual»

Ayuda del Papa

«Conocí al Papa Juan Pablo II, y me ofreció ayuda para mi peregrinaje a Jerusalén». Un año a pie, a través de los Balcanes, con las guerras de descomposición de Yugoslavia en marcha, Turquía, Siria... Para llegar a la ciudad santa de las tres religiones monoteístas, aunque hubo un momento en ese itinerario en el que pensó que le llegaba el fin: «Estaba en medio del desierto en Turquía, y me había quedado sin agua, sin comida, creía que me iba a morir. Estaba ya inconsciente cuando sentí que me tiraban de la barba y me echaban agua en la boca. Eran unos hombres en camello, que me llevaron a su pueblo, y con ellos me restablecí. Me enseñaron a sobrevivir en el desierto, y también supe a qué se dedicaban, eran traficantes de heroína». Sus historias hablan de ayuda desinteresada, de solidaridad. «Siempre encuentras gente buena, de todas las religiones», asegura.

Como en su último camino hacia Santiago, que inició en Varsovia. «Me dirigía a Berlín, desde la frontera polaca -revela-. Llegué a una iglesia, y me preparé para dormir allí. Apareció un señor, muy bien vestido, y me insistió en que no me podía quedar dentro. Metió la mano en el bolsillo, sacó un billete de cien euros y me dijo que fuese a dormir a un hotel que había al lado. Yo que en un primer momento pensé que estaba enfadado conmigo por tratar de dormir en la iglesia, y resulta que fue un ángel para mí».

Ruta espiritual

Luigi, que tiene una nieta de 26 años en Italia, se enamoró de España, y aquí se quedó, llevando una vida sencilla. «La gente debe entender que con muy poco se vive», resalta. En el camino, para él «una ruta espiritual», ha encontrado «tranquilidad, educación», y asegura que la vida «hay que buscarla, para encontrarse a uno mismo». Él se ha encontrado en sus rutas a Jerusalén, a Roma, a Santiago, a Fátima. Por eso se entiende a sí mismo, un poco «como un guía espiritual».

En esa búsqueda interior, está convencido de que la ruta del Norte a Santiago, que pasa por Avilés, es la más adecuada. «Todos los caminos son buenos, pero este es el más espiritual», sostiene Luigi, que colaboró como hospitalero un invierno en Santander, y no duda en su elección: «Lo he hecho unas diez o quince veces. La primera, en 1997, y ha cambiado mucho. Hay más albergues, menos carretera y más camino, me gusta su paisaje, la naturaleza, la cercanía del mar. Lo llevo en el corazón, no necesito flechas para guiarme. Y en Avilés tengo a mi amigo, mi hermano, Pasqual».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos