La mirada de Ipiña, en el Museo de Historia Urbana

Blanca Sarasua posa con la directora del Club de Lectura junto al cuadro donado./ MARIETA
Blanca Sarasua posa con la directora del Club de Lectura junto al cuadro donado. / MARIETA

La viuda del pintor, Blanca Sarasua, visita el cuadro donado y celebra su emplazamiento frente a un Espolita | La poeta celebra el diálogo entre la temática costumbrista del pintor avilesino y la industrial de su marido

C. DEL RÍO AVILÉS.

Blanca Sarasua, viuda del pintor vasco Ignacio Ipiña, visitó ayer el Museo de Historia Urbana de Avilés en el que cuelga el cuadro 'La mirada de Sestao sobre Altos Hornos', una pintura figurativa con rasgos expresionistas que formó parte de la exposición 'El legado de hierro', colgada entre el pasado 23 de mayo y el 2 de julio. Manuel Ángel Hidalgo, director del centro, celebró ayer la generosidad de la familia y agradeció la visita de Sarasua, que el día anterior había sido la protagonista del Club de Lectura municipal 'Una habitación propia'.

La poeta se mostró ayer «muy ilusionada» con la nueva 'casa' del cuadro. Aunque no fue ella quien eligió el lienzo, aventuró que habría sido ese «porque está Sestao justo detrás». Y por ahí van los tiros. Se sabe que detrás de los altos hornos que están en primer plano está Sestao por el título del cuadro, pero bien podría ser cualquier otra ciudad industrial Avilés o Sagunto «porque esta misma imagen es la que se podía ver aquí desde el Puente Azud», aseguró Hidalgo.

El cuadro se emplaza al final de la planta baja del museo, cara a cara con una obra costumbrista de Gonzalo Pérez Espolita, algo que gustó especialmente a Blanca Sarasua. «Creo que estar enfrente de Espolita puede hilar muy bien lo que era Avilés, la conexión de las dos realidades de la ciudad», expuso. De un lado, un centro urbano milenario, empedrado y con la Iglesia de San Antonio de Padua como protagonista y, al otro, la siderurgia que transformó Avilés y sigue marcando la economía de la ciudad.

'La mirada de Sestao sobre Altos Hornos' se caracteriza por su color y la fuerza del trazo. Representa un paisaje definitorio del modo de vida que, a lo largo de décadas ha unido a ciudades vinculadas a la siderurgia, como Sestao y Avilés.

Ignacio Ipiña fue un hombre polifacético. Letrado del Banco de Bilbao, desarrolló una importante actividades política, llegando a ser viceconsejero de Obras Públicas, Transportes y Urbanismo del Gobierno Vasco. Artista autodidacta, su obra se ha expuesto en numerosas salas y museos.

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