«La muerte de Élida fue inesperada, estaba llena de ilusión y de ganas de vivir»

Cientos de personas quisieron acompañar a la familia de Élida en su funeral. / MARIETA
Cientos de personas quisieron acompañar a la familia de Élida en su funeral. / MARIETA

Decenas de personas arropan al viudo y los dos hijos de la corredora fallecida el sábado en San Juan en un emotivo funeral en San Nicolás

SHEYLA GONZÁLEZ AVILÉS.

Entre aplausos y buenos recuerdos. Así fue despedida ayer Élida Fernández, fallecida el pasado sábado al ser arrastrada por una ola cuando corría por el espigón de San Juan. El funeral se ofició en la iglesia de San Nicolás y hasta allí se acercaron amigos y decenas de corredores de todo Asturias para dar el último adiós a la corredora avilesina y arropar así a su viudo, José Manuel Fernández, y sus dos hijos José Ángel y Saúl.

El féretro entraba a la iglesia entre aplausos y al grito de «¡Viva Élida!». Instantes antes los familiares directos eran recibidos a pie de escalinata por corredores amigos de Élida, visiblemente afectados. Entre ellos se encontraba Alba García, que lidera el grupo Yes We Run. Entre los asistentes al funeral también estaba la alcaldesa, Mariví Monteserín, la concejala de Deportes, Ana Hevia, y el concejal de Promoción Económica, Manuel Campa.

Durante la misa, emotiva y con muchas referencias a la familia, que se mostró en todo momento rota de dolor, en especial su marido y hermanas. «Ha sido una muerte inesperada, más cuando quien se va estaba llena de ilusión, con ganas de vivir y numerosos proyectos de futuro», decía Francisco Rey, párroco de La Luz, encargado del funeral ante la ausencia de Alfonso López, quien comenzaba el acto religioso recalcando que «nos une a todos en una angustia porque es difícil aunar la juventud con la muerte».

El párroco hizo numerosas referencias a Élida, de la que recalcó su fe y como su forma de ser consiguió «congregar a toda esta multitud». Además, Rey admitió que «su ausencia se notará no solo en la familia sino en muchos otros ámbitos». También quiso mandar toda su solidaridad y ánimo a la familia en estos momentos: «No os sintáis solos. Debéis apoyaros en la esperanza cristiana».

En alusión a su amor por el deporte y las carreras de atletismo, Francisco Rey expresaba su seguridad de que «Élida ha comenzado una segunda vida donde ha llegado a su meta, la verdadera felicidad».

Al terminar la misa el mismo cura expresó el sentimiento de «agobio» de la familia, que ha pedido no recibir más visitas. Por otro lado, agradecían a todos los presentes el acompañamiento constante «tanto en el tanatorio como en la iglesia». El féretro volvía a salir de San Nicolás de Bari entre los aplausos de sus conocidos y los llantos desconsolados de sus familiares para dirigirse al tanatorio, donde su cuerpo fue incinerado y se le dio el último adiós.

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