«Mi mujer en ningún momento me dijo que fuera a cambiar la cerradura»

El allanamiento de morada se produjo en una zona cercana al colegio de El Vallín. / PATRICIA BREGÓN
El allanamiento de morada se produjo en una zona cercana al colegio de El Vallín. / PATRICIA BREGÓN

El acusado de allanar la morada de su pareja declara que llamó a un cerrajero porque creyó que había perdido una vez más las llaves

C. DEL RÍO OVIEDO.

El acusado de entrar en el domicilio de su mujer en Piedras Blancas sin su consentimiento aseguró que llamó a un cerrajero y solicitó el cambio de cerradura al creer que había perdido las llaves una vez más. Reconoció, eso sí, que su entonces esposa, con la que estaba en trámites de divorcio, le había prohibido entrar en la vivienda hacía un par de meses. El hombre explicó así el episodio por el que la Fiscalía lo acusa de un delito de allanamiento de morada por el que le se enfrenta a una pena de un año y seis meses de prisión. Su defensa solicita la libre absolución argumentando que la exesposa no se siente perjudicada y, de hecho, no ejerce la acusación particular.

El juicio, con tribunal de jurado, comenzó ayer en la Audiencia Provincial con el interrogatorio del acusado. Mañana jueves declararán su exmujer y el cerrajero.

El hombre explicó que, de mutuo acuerdo y debido a desavenencias conyugales, él se había marchado del domicilio familiar, al que siguió acudiendo a diario para dar el desayuno a su hija, ayudarla con los deberes y otros quehaceres. En la vivienda habían quedado, además, casi todos sus enseres personales. Solo se había llevado con él la ropa y algunos libros.

«Quería evitar a toda costa un divorcio traumático, aunque al final acabó siéndolo»

La situación cambió cuando su mujer inició los trámites del divorcio en septiembre de 2015 y él mostró su intención de conseguir la custodia compartida de la hija de ambos. «Tuvimos alguna discusión fuerte y ella dijo que para no complicar más las cosas, lo mejor era que yo no volviera a entrar en el domicilio», pero «en ningún momento me dijo que fuera a cambiar la cerradura». «No lo recuerdo, pero si se hubiera dado el caso, le habría dicho que me diera una copia», respondió a preguntas de la Fiscal.

El hecho que se juzga ocurrió el 2 de enero de 2016. El hombre, según relató, tenía que coger algunos papeles y los esquís que todavía mantenía en la que había sido la vivienda familiar, y decidió ir a por ellos sin avisarla «porque nunca lo hacíamos». Al llegar al domicilio se dio cuenta de que no tenía las llaves «y como tengo una larguísima tradición de perderlas», llamó a un cerrajero con el que ya había contactado en dos ocasiones anteriores por situaciones similares. Le pidió que cambiara la cerradura «por seguridad», matizó.

Aseguró que firmó el documento que le extendió el cerrajero «porque no tenía nada que ocultar». «Creo que le dije que era mi domicilio, pero que ya no vivía allí», amplió. Esto ocurrió por la mañana y él, por la tarde, envió un WhatsApp a su mujer indicándole que le dejaba un juego de las nuevas llaves «en la cerradura».

Insistió en que siempre había habido «consentimiento tácito» para que él entrara en el domicilio y, de hecho, lo había hecho muchas veces. Salvo desde que ella se lo había prohibido. Desde entonces, había acudido al garaje en unas doce ocasiones y solo alguna al domicilio, siempre con la madre de su mujer presente.

«Quería evitar a toda costa un divorcio traumático, aunque al final acabó siéndolo», se lamentó ayer.

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